martes, 7 de abril de 2020

La locura colectiva en tiempos de Coronavirus


Por Elvira Sánchez-Blake


            ¿Cuántos ciegos serán precisos para hacer una ceguera?
                                                                                                (José Saramago)


Nunca antes nos habíamos visto enfrentados a una situación como esta: confinados al aislamiento social bajo la amenaza intangible de un organismo invisible con más poder que un arma nuclear.  La amenaza no tiene un color político, no es de izquierda ni de derecha. Aunque muchos quisieran atribuirla a sus enemigos ideológicos. No respeta razas ni procedencias étnicas, ni a ricos ni a pobres.  Todo el planeta se encuentra amenazado.  La única defensa: distancia social y encierro total.  El mayor riesgo de esta medida es caer en la locura colectiva y paranoia generalizada. Lo cual ya está ocurriendo.

Resulta que el ser humano es social por naturaleza y la separación de sus semejantes puede resultar en una perturbación mental más peligrosa que la enfermedad que se intenta prevenir. El encierro obligado aun en compañía de “seres queridos” impone una convivencia constante que degenera en desavenencias agudizadas por el miedo de contraer el virus letal.

Este clima de irritabilidad se exacerba si vivimos pendientes de las noticias que provienen del exterior a través de la televisión y las redes sociales.  El bombardeo de noticias continuo sobre los datos crecientes de la pandemia y las tasas de mortalidad genera un estado de ansiedad.  Si a esto se suman las cifras de la caída abismal de la bolsa de valores y el colapso inevitable de la economía, la ansiedad se convierte en terror.  Mientras en una pantalla las curvas suben exponencialmente, en la otra, bajan a un ritmo acelerado. Una mala combinación para el cerebro que procesa datos diametralmente opuestos a lo que está en capacidad de procesar.

Algunos hablan del apocalipsis y del fin de los tiempos. No, eso no es tampoco. Otros de una catástrofe natural y de la venganza del planeta. Hay quienes acuden a fuerzas sobrenaturales.  Hay que ver solo el número de mensajes por las redes sociales de videntes, oráculos y prestidigitadores que anunciaron esta pandemia.
  
Creo  que más alarmante que el contagio del virus, es caer en inestabilidad mental.
Los elementos están dados: paranoia informática, obsesión, desajuste del mundo natural; inestabilidad de los actos cotidianos, encierro y enervamiento. Una distopía total.

Nuestro mundo ha cambiado, pero es nuestra responsabilidad  mantenernos cuerdos y racionales ante la adversidad que nos envuelve. Es el deber de cada individuo proteger a sus seres queridos, manteniendo serenidad bajo un régimen de salud física y mental dentro del marco que proporcione estabilidad. Si el Papa les da consuelo, miren al Papa; si escuchar música apacigua el espíritu, dedíquese a escuchar, cantar o interpretar música.  Si el arte le proporciona serenidad, despliegue su creatividad.  Si lo suyo es  hacer ejercicio, se puede hacer en variadas formas aun en medio del encierro.  Lo más recomendable es leer, leer, leer y escribir.  Hay muchas formas de mantenerse sanos dentro del caos.  Esa es la principal responsabilidad que tenemos como individuos racionales  en momentos de desequilibrio mundial.