sábado, 29 de agosto de 2026

Tears and Farewells at CreArte Latino

 Elvira Sánchez-Blake

Last Thursday was a night of tears and farewells.

Our friends are leaving our community center and the country. Not because they wanted or chosen to do so, but because of a cruel repressive system that rewards criminals and punishes the innocent.

In the same week, HE lost his father and was deported to his native country.  He lost not only his freedom and his rights, but also a loved one to whom he was denied to say goodbye. He lost his construction business, his livelihood, his assets in this country, and his community work through an organization of which he was a key and irreplaceable member.

HE was detained on July 1st, when he and his wife went to a USCIS appointment to complete the requirements and paperwork for his residency. They were accompanied by their immigration attorney, who guided them through the process. No one imagined that, at the end of the interview, ICE agents would be waiting to arrest him and take him to an immigration detention center.

His wife and life partner, has carried the full weight of this injustice. Just two weeks earlier, they had celebrated the news of a long-awaited desired pregnancy. Now she was left to face the legal process alone, take charge of their construction company, to care for his father during his final days, and, ultimately, bid farewell to the organization to which she had devoted her life and her effort creating a model cultural center in the state of Florida.

Their case is not an isolated one. Thousands of Latinos are being targeted and detained despite having committed no crime, suffering mistreatment in detention centers, and ultimately being deported without consideration or compassion.

No mercy.

That was the conclusion reached by the attorneys handling the case. Better to accept deportation than remain trapped in a limbo, thus forgoing fruitless appeals while the bodies and spirits are slowly worn away in what amounts to a living hell.

“But this is unbelievable!” some naïve observers say. “How is this possible?” they ask, believing the political campaign that seeks to justify the horror.  "But if they are only deporting Criminals!" 

None of this comes as a surprise.

From the moment he launched his campaign, the current president announced and promised a fierce crackdown on immigrants, whom he has relentlessly portrayed as “criminals” meriting treatment as if they were lesser human beings.

In April, a 70 billion dollar appropriation made ICE the best funded agency in the country. The ICE crusade—a racist and xenophobic campaign marked by deeply dehumanizing practices reminiscent of the Gestapo—is being carried out relentlessly and without restraint.

July of this year marked the highest number of immigration arrests and deportations in U.S. history. The termination of Temporary Protected Status (TPS), restrictions on asylum proceedings and DACA, and the expansion of ICE’s authority to pursue and detain people who fit the Latino profile, dark-skinned folks with a Spanish accent, are increasing detentions and fear. 

Like an echo of the play we presented last November, Voices of Immigration, our leader moved us with her personal, genuine, heartfelt testimony on the very stage where we have presented the stories of immigrants told through other voices. This time, however, the testimony was not a story being performed. It was real.

She stood before us in her own voice, speaking from her own experience, carrying her own pain.

And we, the audience, were moved to the depths of our souls. Her story touched the very core of what binds us together: love, family, and human dignity.

Our tears of pain brought us together. They became a collective catharsis.

We cried for them and for their family, not only them, but so many others enduring similar circumstances. We cried out of helplessness and rage, but also out of solidarity.

Because their pain is our pain.

It is the pain of family, of friends, and of community. It is the grief we carry—with anger and disillusionment—in the face of our own powerlessness.

And in those tears, there was also a form of resistance—a renewed pledge to stand together for justice.


sábado, 8 de agosto de 2026

El retorno del oscurantismo


El viernes 7 de agosto se posesionó el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. 

De la Espriella asume el poder en medio de la turbulencia de un país polarizado. La ceremonia de posesión estuvo marcada por una serie de desaciertos y banalidades caricaturescas. El acto, realizado en la Universidad Santiago de Cali y fuera de Bogotá por primera vez en la historia reciente, rompió con los protocolos tradicionales y pareció sentar un precedente sobre lo que podría ser su mandato: «Yo hago lo que me da la gana. Atrévase quien pueda».

La puesta en escena buscó, además, resaltar la personalidad histriónica de un gobernante que parece encontrar inspiración en los personajes políticos que admira: Trump, Netanyahu, Bukele y Milei.

La ceremonia de posesión tuvo el aire de un circo que reflejaba el talante del nuevo gobierno. Varios mandatarios y figuras de la derecha internacional se hicieron presentes para acompañar al nuevo presidente y desfilar ante las cámaras: el presidente de Chile, José Antonio Kast; el de Ecuador, Daniel Noboa; el rey Felipe VI de España y una delegación deslucida de Estados Unidos. Las continas menciones a <<la patria milagro>> y al eslogan <<¡Firmes por la patria!>> acentuaron el caracter fantoche de una ceremonia convertida en espectáculo. 

Las palabras del nuevo jefe de Esatdo estuvieron teñidas de alusiones religiosas, populismo barato y de amenazas soterradas. Un rabino pronunció una oración y proclamó: «¡Viva Colombia y viva Israel!», ante una imagen de la Virgen de Fátima situada en una esquina del recinto. El gesto resulta, cuando menos, anacrónico en un país de tradición católica, pero con una población judía minoritaria, y parece cobrar sentido a la luz de la admiración del mandatario entrante por Netanyahu.

Luego hablaron un pastor evangélico, un sacerdote católico y un monseñor. Todos oraron y pidieron por el bienestar de la patria. Dichas alabanzas contradicen el carácter laico de Colombia prescrito en la Constitución de 1991. En cambio, no se escuchó ninguna alusión a las poblaciones que constituyen la diversidad profunda de Colombia: los pueblos indígenas, las comunidades afrocolombianas y la población mestiza. 

Después de la investidura como jefe de estado, el nuevo presidente salió corriendo al Batallón Pichincha de Cali. Allí, rodeado de militares y tropas del Ejército, expuso los derroteros que regirán los próximos cuatro años: militarización, persecución indiscriminada a sus opositores, fortalecimiento de la seguridad y una ofensiva feroz contra los grupos armados.

Entre sus propuestas se encuentra el regreso de la aspersión con glifosato y el desmonte de programas de sustitución de cultivos, medidas que podrían afectar de manera directa a los campesinos y a las comunidades vulnerables. Sin embargo, no menciona a los narcotraficantes de cuello blanco y a los grandes jefes que mantienen el negocio, entre quienes se cuentan varios de sus amigos, clientes y aliados políticos.

Uno de sus primeros propósitos será devolverle "la grandeza a Colombia", dijo el gobernante, una clara alusión al slogan del movimiento MAGA de Trump. Al mismo tiempo,  anunció que Colombia se suscribe al Escudo de las Américas.  De esta forma cumple su compromiso de someterse a la autoridad de Donald Trump y de obedecer sus condiciones bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.  

En la noche se conoció el anuncio de una ayuda de mil millones de dólares del gobierno de Estados Unidos para fortalecer la campaña de seguridad de Colombia en su lucha contra las drogas. La historia se repite con la estrategia del Plan Colombia de comienzos de siglo, cuando la ayuda del país del norte se dirigió a incrementar la militiarización y a una cruzada de persecución contra campesinos y comunidades vulnerables para justificar una campaña de opresión y de horror.

De la Espriella se refirió asimismo a su promesa de recuperar el sector energético. El anuncio plantea  una amenaza  sobre las políticas de protección ambiental, especialmente frente al anuncio de ampliar la explotación de recursos en páramos, selvas y bosques naturales. El fracking, explotación de gas, petróleo y una minería sin controles ambientales ocuparán un lugar central en la agenda nacional, en detrimento de los recursos naturales del país.

El nuevo mandatario anunció además el fortalecimiento de los valores familiares: "Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios, la responsabilidad individual... Colombia volverá a reconocerse en sus mejores tradiciones”. Estas palabras rezuman un retroceso hacia la segregación de sexualidades diversas, a los derechos de las mujeres y a las decisiones individuales. Esto unido a una religiosidad excluyente, nos conduce a la era de prejuicios y camándulas impuestas. 

Es decir que Colombia ha dado un giro hacia la subordinación a la potencia del norte, hacia una campaña armamentista que justifica las persecuciones indiscriminadas contra opositores y poblaciones vulnerables; a la concepción reduccionista  de la religión y hacia la coerción de libertades y derechos individuales. Un retorno a procesos que creíamos superados. El retorno del oscurantismo. 

 

 

 

 

sábado, 18 de julio de 2026

Comicios en el bosque

 Por Elvira Sánchez-Blake

¡Firmes por el bosque! Gritaban los felinos.

¡Juntos por la vida!,  respondían los lobos!

 

En el bosque del sur se celebraban los comicios para elegir al jefe. No era una tarea fácil. Los ánimos se enardecían cada vez que alguno de los equipos de campaña lanzaba sus consignas. 

 Esta vez había mucho en juego. El clan de los lobos había detentado el poder en los últimos tiempos, pero no les había ido bien. La inseguridad se había acrecentado en las fronteras, la comida era escasa, y para colmo, el jefe de los bosques del norte, un orangután anaranjado que dirigía una tropa de simios, amenazaba con tomar el control del territorio del sur. Su poder era inigualable y su ambición desbordada. Su objetivo, hacerse con una planta de pepas rojas que causaba alucinaciones y generaba cuantiosas ganancias entre los habitantes de todo el territorio boscoso.

El jefe de los lobos se oponía a que el orangután se apoderara de sus territorios y, mucho menos, de la planta sagrada.  Por eso, había dispuesto leyes y medidas para impedir la invasión del ejército de monos salvajes. Sin embargo, el jefe de los felinos un tigre sin rayas se había lanzado como el aspirante a gobernar las fértiles tierras del sur.

Convencido de que saldría elegido con la ayuda del orangután y sus aliados del norte, el tigre lanzó una campaña provista de dádivas y promesas que calaron en el corazón de los animales.

           ¡Firmes por el Bosque!  Era el lema que enarbolaban sus seguidores.

¡Defensores del territorio! Repetían en coro las hienas y chacales.

    En una primera  votación se presentaron varios candidatos: una paloma sin plumas por el clan de los chacales; un leopardo  de temperamento tibio, de parte de los moderados; una gacela de armas tomar, representaba a los sensatos; y el lobo de colmillos férreos, defensor de la soberanía y de la protección de los recursos naturales. El lobo y el tigre se enfrentaron en la elección definitiva.

    La furia se desató entre los bandos. Injurias, dardos y desmanes fueron los acicates de unos comicios enardecidos. Los felinos acudieron a la ferocidad de su especie: acecharon con sigilo, atacaron con sevicia y socavaron la confianza del enemigo. Los lobos  respondieron con fiereza y valentía. Sin embargo, al final el tigre sin rayas resultó ganador.

    El más complacido con este triunfo es el orangután mayor, el líder de los bosques del norte. Sabe que el tigre le rendirá honores, enarbolará su bandera y entregará la soberanía del bosque y sus recursos. En especial, la planta de las pepas rojas, tan apetecida por sus súbditos, el mayor tesoro que acrecentará su riquezas y poderío.

Moraleja: desconfiar de los tigres sin rayas.

martes, 2 de junio de 2026

La amenaza del tigre

Elvira Sánchez-Blake

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presentan una encrucijada muy compleja para Colombia. Mucha gente no parece darse cuenta de que al votar por Abelardo de la Espriella, en lugar de combatir la izquierda y el comunismo que tanto temen, están eligiendo a un personaje que representa una ultraderecha radical, y le están entregando el país a una corriente política alineada con el movimiento MAGA de Trump.

Es decir, que en lugar de “salvar la democracia”, como pregona el candidato, están renunciando a ella, al  ceder la soberanía a un proyecto expansionista y supremacista que busca imponer su influencia sobre los países del hemisferio. En vez de fortalecer la seguridad y castigar a quienes generan violencia y zozobra, le están dando el voto a un personaje cuestionado por sus vínculos con narcotraficantes,  paramilitares, y testaferros. Peor aún, quienes creen estar evitando que Colombia se convierta en “otra Venezuela” terminan apoyando al abogado que defendió al testaferro de Maduro, el polémico Alex Saab, y que colaboró con él en operaciones relacionadas con corrupción y lavado de dinero.

Colombia atraviesa hoy una polarización marcada por el odio y las rencillas ideológicas. La tensión se vive incluso aquí, en el exterior. No recuerdo haber vivido una jornada electoral con un fervor tan cercano a la violencia. Personas exaltando el nombre del “Tigre” y repitiendo su eslogan: “¡Firmes por la Patria!”, muchas vestidas con camisetas amarillas, denunciando fraude porque la fila era demasiado larga o el calor insoportable. Otros filmaban con sus iPhones buscando cualquier indicio de trampa o de supuestos "comunistas infiltrados". Y esto ocurrió en Sarasota, lejos de Colombia, y de las  urbes cosmopolitas de Estados Unidos. Cuando por fin pude votar --tras dos horas de espera-- lo hice con una sensación de ansiedad, con el temor de que algo terrible pudiera suceder.

No niego que Petro ha sido incapaz de unificar al país y que su gobierno deja mucho que desear. Eso ha afectado profundamente la candidatura de Iván Cepeda.  Es lamentable que muchos de los errores cometidos durante su administración terminen perjudicando a Cepeda, cuya candidatura es vista como una continuidad del actual gobierno. Esto hace que los electores no vean a la persona ni a sus propuestas, sino únicamente al "candidato de Petro".

Yo veo a Iván Cepeda como alguien centrado, moderado e inteligente, con un programa más coherente con las necesidades del país. Creo que podría corregir errores del Pacto Histórico y darle un nuevo enfoque a programas que no han podido ejecutarse plenamente, en gran parte debido al bloqueo sistemático de la ultraderecha. Cepeda ha demostrado ser una figura transparente y decente, sin la prepotencia ni las desmesuras que caracterizan a Petro. Pienso que un eventual gobierno suyo podría enfocarse en corregir el rumbo, reformar los programas de salud, avanzar en la reforma laboral y consolidar iniciativas de justicia social, además de preservar los programas del Pacto Histórico que sí han tenido efectos positivos.

Por supuesto, el tema de la seguridad preocupa, y no es un asunto menor. Muchos atribuyen el caos actual a las negociaciones de paz con los grupos armados. Y no es para menos: las organizaciones criminales han resurgido con métodos violentos que recuerdan los perpetrados durante décadas por otros grupos armados. La situación parece habérsele salido de las manos al actual mandatario y sus contrincantes lo atribuyen a su fallida política de paz. De ahí que Abelardo gane tantos adeptos cuando promete "mano dura", acabar con los criminales y construir megacárceles al estilo de El Salvador para imponer un régimen represivo similar al de Bukele, como si esa fuera la solución.

Recordemos que la llamada "mano dura" no dio resultados positivos ni durante el Estatuto de Seguridad de Turbay, ni durante la época de la Seguridad Democrática de Uribe. Todo lo contrario, profundizó la violencia y dejó heridas que aún no terminamos de conciliar. Ninguno de los dos modelos derrotó a los grupos armados, y en cambio, contribuyó a la fragmentación y transformación en estructuras criminales más sangrientas.  

¿Por qué insistimos en repetir la historia una y otra vez? ¿Por qué permitir el regreso de figuras que resurgen cada veinte años, cada vez más agresivas, autoritarias y desprovistas de escrúpulos? De la Espriella no oculta su falta de ética; por el contrario, parece enorgullecerse de esto como un atributo. Todo indica que está dispuesto a seguir el modelo de Trump: cruel, misógino, violento, racista y supremacista, movido únicamente por el dinero, el poder y la fama, sin importar los medios para conseguirlos.

Muchos allegados opinan que quienes vivimos en el exterior no entendemos lo que está ocurriendo. "Es que usted no sabe", me dicen. En Estados Unidos estamos viviendo el regimen Trump: políticas de persecución contra quienes no se someten, arbitrariedad institucional, censura a los medios de expresión  y una creciente normalización del autoritarismo.  Somos conscientes de la influencia que el movimiento MAGA intenta ejercer en América Latina, respaldando a líderes afines ideológicamente  con agendas políticas cada vez más radicales.

Abelardo de la Espriella representa para muchos  que Colombia se convierta en otro de los aliados de  la red expansionista de MAGA, junto con Bukele en El Salvador, Milei en Argentina y Noboa en Ecuador. Abelardo es un defensor de narcotraficantes y de paramilitares; colaboró con el entramado de espionaje del DAS, ha traficado con armas y colaborado con criminales de la ralea más baja tanto en Colombia como en Estados Unidos. Así lo demuestran varios expedientes e investigaciones de medios independientes.  Su agenda política comprende la creación de mega cárceles de alta seguridad y de "extirpar a la izquierda", con todo lo que eso supone. 

También es importante que Cepeda emprenda una campaña que responda a las expectativas de los ciudadanos que votaron por el centro y que ahora se encuentran indecisos por el temor de ser señalados  "de izquierda" o "comunistas".  Cepeda necesita tomar distancia de Petro, y construir un discurso que convoque desde la serenidad, la ética y la esperanza. En este sentido,  debe formar alianzas con el centro y promulgar políticas claras que refuercen la moderación y el respeto a la constitución y a la democracia. 

Francisco de Roux ha publicado una carta que le envió al candidato en donde expresa precisamente estos sentimientos. Comparto un fragmento:

 El momento tuyo es ahora, para convertir la verdad del resultado en una llamada a retomar con entusiasmo lo que tú encarnas. La pasión audaz y  la esperanza, con el desafío y la generosidad, y la perseverancia en medio de la dificultades como lo has hecho; y en este momento crucial, esa misma pasión ética se desinfla si usas su valor para atacar al contrincante por su bajeza moral de mafioso y corrupto que bien conocemos. No dejes que tu pasión se vaya hacia allá porque no vas a cambiar al corrupto, ni vas a mover la conciencia oscura de quienes lo siguen, al contrario los vas a empecinar en el mal.

Tu integridad moral, tu entusiasmo por la causa, tu llamada  a la Esperanza tu discurso transparente ético positivo valiente, es lo necesario ahora. Tú lo tienes. No rebajes tu grandeza moral haciendo campaña CONTRA el abismo moral, dedica estas tres semanas a entregar a todas y todos lo más grande de ti mismo. 

Esta es, precisamente, la encrucijada en la que se encuentra Colombia. De nosotros, los electores, depende si continuamos profundizando el odio y la polarización o si apostamos por darle una oportunidad a la esperanza el próximo 21 de junio.  

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Quién nos salva del tirano?

Por Elvira Sánchez-Blake
 

Trump ha emprendido una cruzada para quitar del medio a los “tiranos” que le caen mal. Comenzó con Maduro, en Venezuela; siguió con Jameneí en Irán, y ya por el de Cuba. Su argumento es que estos dictadores representan una amenaza global y hay que sacarlos del medio. No niego que Maduro y Jameneí hayan sido unos dictadores perversos, pero no se comparan con la amenaza real que representa el propio Trump. Estamos bajo el mandato de alguien capaz de desencadenar conflictos globales basándose más en caprichos políticos que en principios de seguridad y justicia.

Desde antes de asumir su segundo mandato se sabía que la agenda de Trump apuntaba a la destrucción. La campaña contra los inmigrantes desatada con furia y sevicia; centros de detención masiva, deportaciones y violaciones de todos los derechos humanos. Incluso, muertes de civiles y de ciudadanos norteamericanos sin ninguna consideración.

Al mismo tiempo la administración Trump ha desestabilizado los mercados a nivel internacional y los acuerdos económicos con la imposición de tarifas y presiones económicas a los países que no se someten a sus caprichos. Se ha dedicado a atacar la prensa y está ejerciendo censura contra los medios que se oponen a sus directrices. Además, ha desatado una campaña masiva en contra de las instituciones educativas con chantajes económicos para eliminar los programas de Diversidad, Igualdad e Inclusión. Recientemente, ha amenazado con invocar poderes excepcionales como la Ley de insurrección, ante el mínimo desafío político interno. Además, se vanagloria en recordar el poderoso aparato militar que posee Estados Unidos y que lo hace imbatible contra cualquier enemigo.

Su reciente decisión de ordenar una operación militar conjunta con Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, representa un punto de inflexión peligroso. Si examinamos las motivaciones para empezar esta confrontación veremos que no tiene nada que ver con liberar a Irán de un régimen de represión.

1. Demostrar poder absoluto: Queda claro Trump quiere afirmarse como es el supremo líder del mundo, por encima de leyes o instituciones que lo limiten.

2. Egocentrismo: Su retórica autoritaria y estilo de gobernar apuntan más al culto de la personalidad que a la defensa de ningún valor moral ni democrático.

3. Alianza con líderes autoritarios: Su necesidad de demostrar autoridad y poderío lo llevó a aliarse con Benjamín Netanyahu, sin darse cuenta que al hacerlo se convertía en su marioneta.

4. Intereses geopolíticos y económicos: Al invadir Irán intenta asegurar el mercado energético de esta nación y de los países que lo rodean en la región del Oriente Medio..

5. Distraer las investigaciones de las lista Epstein: Dado que las pruebas de su vinculación con la red de pedófilos de Epstein no han podido ser suprimidas por su aliada, la procuradora general, Pam Bondi, no tuvo más remedio que embarcar a Estados Unidos en una guerra de dimensiones impredecibles, con el fin de distraer la atención pública.

Nos encontramos en medio de una confrontación que puede escalar a grandes proporciones sin ninguna estrategia para controlar la escalada bélica en el Medio Oriente. La acción temeraria, arbitraria y absurda de Trump en concierto con Netanyahu, no augura nada bueno. El régimen iraní sigue en píe, instaurando terror en la región. La comunidad internacional se encuentra dividida y temerosa de un conflicto mundial más amplio, especialmente si actores como Rusia, Turquía y las naciones europeas deciden intervenir más directamente. Francia ya mandó sus buques de guerra para defender sus intereses en la región.

La historia nos enseña que las guerras nunca han generado ningún beneficio. Tras la Segunda Guerra Mundial, se crearon mecanismos para actuar con sensatez, diálogo y negociación con el fin de evitar otra catástrofe mundial. En el siglo XXI estamos abocados a arsenales teledirigidos que se lanzan con oprimir un botón y sin que el agresor se involucre. Y la persona con el poder de dar la orden para oprimir ese botón es precisamente la mayor amenaza mundial.

¿Quién se atreve a salvarnos del tirano mayor?

jueves, 12 de febrero de 2026

Bad Bunny hizo a America grande de verdad

   

El show de Bad Bunny en el medio tiempo del Super bowl fue un acontecimiento histórico porque le recordó al mundo lo que todos sabemos: América no es solo un país, es un continente que comprende una amalgama de razas, lenguas, tradiciones y culturas. Con su puesta en escena, el artista puertoriqueño reafirmó la identidad hispana en un espectáculo que hizo a América Great Again en un sentido más amplio y verdadero.

El show de Bad Bunny ha causado conmoción en el mundo. Muchos lo alabaron y otros se incomodaron.  El mensaje es muy claro: el amor debe primar sobre el odio. Una de las mayores críticas fue, "no se entendió". ¿Qué fue lo que no se entendió? Los simbolismos hablaban por sí mismos: el pueblo con sus vendedores callejeros en medio de casitas de palma; el matrimonio realizado en pleno espectáculo con un niño durmiendo en una silla; las plantaciones de caña y los postes de la luz en corto circuito. Las escenas mostraban la vida natural de la isla y de cualquier lugar en Latinoamérica. Los artistas invitados representaban la diversidad americana: Lady Gaga de Estados Unidos, Carol G de Colombia, Ricky Martín de Puerto Rico, junto a bailarines de diversas procedencias. El rótulo del balón, en un close up de cámara, no pudo ser más explícito: Together We Are America.

El acto culminante fue el desfile de todas las banderas del continente iniciado con el grito God Bless America, y seguido por la mención de cada país. Fue un momento apoteósico que subrayó la grandeza del evento y su alcance simbólico. El artista recordó lo que muchos han olvidado: América es una sola, Nuestra América, como proclamó José Martí hace más de un siglo.

El hecho de que el espectáculo se ejecutara en español incomodó a muchos. Resulta que 40 millones de personas hablan esta lengua solo en Estados Unidos, y 500 millones en todo el mundo. Aún así, en ciertos sectores, el uso del español es considerado como una afrenta. No es casual que uno de los primeros mandatos del actual presidente haya sido declarar el inglés como único idioma oficial. Los hispanos nos sentimos incómodos de hablar español en público ante la posibilidad de miradas hostiles o del ofensivo, Go Back to your country, como sucede a menudo. Por eso resulta admirable que Bad Bunny haya tenido el valor de expresar en este idioma el sentir de todo un continente en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Uno de los momentos más elocuentes del show fue ver a Ricky Martín entonando el estribillo: Que no nos pase lo que le pasó a Hawaí. Para algunos la frase pasó desapercibida. Para otros fue una advtertencia perentoria. A mí me tocó personalmente. En mi paso reciente por Hawaí, observé de primera mano la cultura de los hawaianos reducida a un entretenimiento turístico. Lo que no recuerdan muchos es que los norteamericanos tomaron posesión de la isla en el siglo XIX, derrocaron a la reina legítima, y  convirtieron a Hawaí en un estado en 1959.

La cultura hawaiana  sobrevive como atracción turística en las danzas hula, las canciones acompañadas del ukelele y vestimentas coloridas de palmas. El idioma originario se ha perdido, así como sus tradiciones y creencias. Esta fue la advertencia de Ricky Martín: Puerto Rico lleva más de un siglo como territorio de Estados Unidos, pero aún conserva su cultura, su idioma y su identidad. El mensaje fue contundente: que no nos pase lo que le pasó a Hawaí.