Elvira Sánchez-Blake
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presentan una encrucijada muy compleja para Colombia. Mucha gente no parece darse cuenta de que al votar por Abelardo de la Espriella, en lugar de combatir la izquierda y el comunismo que tanto temen, están eligiendo a un personaje que representa una ultraderecha radical y le están entregando el país a una corriente política alineada con el movimiento MAGA de Trump.
Es decir, que en lugar de “salvar la democracia”, como pregona el candidato, están renunciando a ella, al ceder la soberanía a un proyecto expansionista y supremacista que busca imponer su influencia sobre los países del hemisferio. En vez de fortalecer la seguridad y castigar a quienes generan violencia y zozobra, le están dando el voto a un personaje cuestionado por sus vínculos con narcotraficantes, paramilitares, y testaferros. Peor aún, quienes creen estar evitando que Colombia se convierta en “otra Venezuela” terminan apoyando al abogado que defendió al testaferro de Maduro, el polémico Alex Saab, y que colaboró con él en operaciones relacionadas con corrupción y lavado de dinero.
Colombia atraviesa hoy una polarización marcada por el odio y las rencillas ideológicas. La tensión se vive incluso aquí, en el exterior. No recuerdo haber vivido una jornada electoral con un fervor tan cercano a la violencia. Personas exaltando el nombre del “Tigre” y repitiendo su eslogan: “¡Firmes por la Patria!”, muchas vestidas con camisetas amarillas, denunciando fraude porque la fila era demasiado larga o el calor insoportable. Otros filmaban con sus iPhones buscando cualquier indicio de trampa o de supuestos "comunistas infiltrados". Y esto ocurrió en Sarasota, lejos de Colombia, y de las urbes cosmopolitas de Estados Unidos. Cuando por fin pude votar --tras dos horas de espera-- lo hice con una sensación de ansiedad, con el temor de que algo terrible pudiera suceder.
No niego que Petro ha sido incapaz de unificar al país y que su gobierno deja mucho que desear. Eso ha afectado profundamente la candidatura de Iván Cepeda. Es lamentable que muchos de los errores cometidos durante su administración terminen perjudicando a Cepeda, cuya candidatura es es vista como una continuidad del actual gobierno. Esto hace que los electores no vean a la persona ni a sus propuestas, sino únicamente al "candidato de Petro".
Yo veo a Iván Cepeda como alguien centrado, moderado e inteligente, con un programa más coherente con las necesidades del país. Creo que podría corregir errores del Pacto Histórico y darle un nuevo enfoque a programas que no han podido ejecutarse plenamente, en gran parte debido al bloqueo sistemático de la ultraderecha. Cepeda ha demostrado ser una figura transparente y decente, sin la prepotencia ni las desmesuras que caracterizan a Petro. Pienso que un eventual gobierno suyo podría enfocarse en corregir el rumbo, reformar los programas de salud, avanzar en la reforma laboral y consolidar iniciativas de justicia social, además de preservar los programas del Pacto Histórico que sí han tenido efectos positivos.
Por supuesto, el tema de la seguridad preocupa, y no es un asunto menor. Muchos atribuyen el caos actual a las negociaciones de paz con los grupos armados. Y no es para menos: las organizaciones criminales han resurgido con métodos violentos que recuerdan los perpetrados durante décadas por otros grupos armados. La situación parece habérsele salido de las manos al actual mandatario y sus contrincantes lo atribuyen a su fallida política de paz. De ahí que Abelardo gane tantos adeptos cuando promete "mano dura", acabar con los criminales y construir megacárceles al estilo de El Salvador para imponer un régimen represivo similar al de Bukele, como si esa fuera la solución.
Recordemos que la llamada "mano dura" no dio resultados positivos ni durante el Estatuto de Seguridad de Turbay, ni durante la época de la Seguridad Democrática de Uribe. Todo lo contrario, profundizó la violencia y dejó heridas que aún no terminamos de conciliar. Ninguno de los dos modelos derrotó a los grupos armados, y en cambio, contribuyó a la fragmentación y transformación en estructuras criminales más sangrientas.
¿Por qué insistimos en repetir la historia una y otra vez? ¿Por qué permitir el regreso de figuras que resurgen cada veinte años, cada vez más agresivas, autoritarias y desprovistas de escrúpulos? De la Espriella no oculta su falta de ética; por el contrario, parece enorgullecerse de esto como un atributo. Todo indica que está dispuesto a seguir el modelo de Trump: cruel, misógino, violento, racista y supremacista, movido únicamente por el dinero, el poder y la fama, sin importar los medios para conseguirlos.
Muchos allegados opinan que quienes vivimos en el exterior no entendemos lo que está ocurriendo. "Es que usted no sabe", me dicen. En Estados Unidos estamos viviendo el regimen Trump: políticas de persecución contra quienes no se someten, arbitrariedad institucional, censura a los medios de expresión y una creciente normalización del autoritarismo. Somos conscientes de la influencia que el movimiento MAGA intenta ejercer en América Latina, respaldando a líderes afines ideológicamente con agendas políticas cada vez más radicales.
Abelardo de la Espriella representa para muchos que Colombia se convierta en otro de los aliados de la red expansionista de MAGA, junto con Bukele en El Salvador, Milei en Argentina y Noboa en Ecuador. Abelardo es un defensor de narcotraficantes y de paramilitares; colaboró con el entramado de espionaje del DAS, ha traficado con armas y colaborado con criminales de la ralea más baja tanto en Colombia como en Estados Unidos. Así lo demuestran varios expedientes e investigaciones de medios independientes. Su agenda política comprende la creación de mega cárceles de alta seguridad y de "extirpar a la izquierda", con todo lo que eso supone.
También es importante que Cepeda emprenda una campaña que responda a las expectativas de los ciudadanos que votaron por el centro y que ahora se encuentran indecisos por el temor de ser señalados "de izquierda" o "comunistas". Cepeda necesita tomar distancia de Petro, y construir un discurso que convoque desde la serenidad, la ética y la esperanza. En este sentido, debe formar alianzas con el centro y promulgar políticas claras que refuercen la moderación y el respeto a la constitución y a la democracia.
Francisco de Roux ha publicado una carta que le envió al candidato en donde expresa precisamente estos sentimientos. Comparto un fragmento:
El momento tuyo es ahora, para convertir la verdad del resultado en una llamada a retomar con entusiasmo lo que tú encarnas. La pasión audaz y la esperanza, con el desafío y la generosidad, y la perseverancia en medio de la dificultades como lo has hecho; y en este momento crucial, esa misma pasión ética se desinfla si usas su valor para atacar al contrincante por su bajeza moral de mafioso y corrupto que bien conocemos. No dejes que tu pasión se vaya hacia allá porque no vas a cambiar al corrupto, ni vas a mover la conciencia oscura de quienes lo siguen, al contrario los vas a empecinar en el mal.
Tu integridad moral, tu entusiasmo por la causa, tu llamada a la Esperanza tu discurso transparente ético positivo valiente, es lo necesario ahora. Tú lo tienes. No rebajes tu grandeza moral haciendo campaña CONTRA el abismo moral, dedica estas tres semanas a entregar a todas y todos lo más grande de ti mismo.
Esta es, precisamente, la encrucijada en la que se encuentra Colombia. De nosotros, los electores, depende si continuamos profundizando el odio y la polarización o si apostamos por darle una oportunidad a la esperanza el próximo 21 de junio.
