martes, 2 de junio de 2026

La amenaza del tigre

Elvira Sánchez-Blake

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presentan una encrucijada muy compleja para Colombia. Mucha gente no parece darse cuenta de que al votar por Abelardo de la Espriella, en lugar de combatir la izquierda y el comunismo que tanto temen, están eligiendo a un personaje que representa una ultraderecha radical y le están entregando el país a una corriente política alineada con el movimiento MAGA de Trump.

Es decir, que en lugar de “salvar la democracia”, como pregona el candidato, están renunciando a ella, al  ceder la soberanía a un proyecto expansionista y supremacista que busca imponer su influencia sobre los países del hemisferio. En vez de fortalecer la seguridad y castigar a quienes generan violencia y zozobra, le están dando el voto a un personaje cuestionado por sus vínculos con narcotraficantes,  paramilitares, y testaferros. Peor aún, quienes creen estar evitando que Colombia se convierta en “otra Venezuela” terminan apoyando al abogado que defendió al testaferro de Maduro, el polémico Alex Saab, y que colaboró con él en operaciones relacionadas con corrupción y lavado de dinero.

Colombia atraviesa hoy una polarización marcada por el odio y las rencillas ideológicas. La tensión se vive incluso aquí, en el exterior. No recuerdo haber vivido una jornada electoral con un fervor tan cercano a la violencia. Personas exaltando el nombre del “Tigre” y repitiendo su eslogan: “¡Firmes por la Patria!”, muchas vestidas con camisetas amarillas, denunciando fraude porque la fila era demasiado larga o el calor insoportable. Otros filmaban con sus iPhones buscando cualquier indicio de trampa o de supuestos "comunistas infiltrados". Y esto ocurrió en Sarasota, lejos de Colombia, y de las  urbes cosmopolitas de Estados Unidos. Cuando por fin pude votar --tras dos horas de espera-- lo hice con una sensación de ansiedad, con el temor de que algo terrible pudiera suceder.

No niego que Petro ha sido incapaz de unificar al país y que su gobierno deja mucho que desear. Eso ha afectado profundamente la candidatura de Iván Cepeda.  Es lamentable que muchos de los errores cometidos durante su administración terminen perjudicando a Cepeda, cuya candidatura es es vista como una continuidad del actual gobierno. Esto hace que los electores no vean a la persona ni a sus propuestas, sino únicamente al "candidato de Petro".

Yo veo a Iván Cepeda como alguien centrado, moderado e inteligente, con un programa más coherente con las necesidades del país. Creo que podría corregir errores del Pacto Histórico y darle un nuevo enfoque a programas que no han podido ejecutarse plenamente, en gran parte debido al bloqueo sistemático de la ultraderecha. Cepeda ha demostrado ser una figura transparente y decente, sin la prepotencia ni las desmesuras que caracterizan a Petro. Pienso que un eventual gobierno suyo podría enfocarse en corregir el rumbo, reformar los programas de salud, avanzar en la reforma laboral y consolidar iniciativas de justicia social, además de preservar los programas del Pacto Histórico que sí han tenido efectos positivos.

Por supuesto, el tema de la seguridad preocupa, y no es un asunto menor. Muchos atribuyen el caos actual a las negociaciones de paz con los grupos armados. Y no es para menos: las organizaciones criminales han resurgido con métodos violentos que recuerdan los perpetrados durante décadas por otros grupos armados. La situación parece habérsele salido de las manos al actual mandatario y sus contrincantes lo atribuyen a su fallida política de paz. De ahí que Abelardo gane tantos adeptos cuando promete "mano dura", acabar con los criminales y construir megacárceles al estilo de El Salvador para imponer un régimen represivo similar al de Bukele, como si esa fuera la solución.

Recordemos que la llamada "mano dura" no dio resultados positivos ni durante el Estatuto de Seguridad de Turbay, ni durante la época de la Seguridad Democrática de Uribe. Todo lo contrario, profundizó la violencia y dejó heridas que aún no terminamos de conciliar. Ninguno de los dos modelos derrotó a los grupos armados, y en cambio, contribuyó a la fragmentación y transformación en estructuras criminales más sangrientas.  

¿Por qué insistimos en repetir la historia una y otra vez? ¿Por qué permitir el regreso de figuras que resurgen cada veinte años, cada vez más agresivas, autoritarias y desprovistas de escrúpulos? De la Espriella no oculta su falta de ética; por el contrario, parece enorgullecerse de esto como un atributo. Todo indica que está dispuesto a seguir el modelo de Trump: cruel, misógino, violento, racista y supremacista, movido únicamente por el dinero, el poder y la fama, sin importar los medios para conseguirlos.

Muchos allegados opinan que quienes vivimos en el exterior no entendemos lo que está ocurriendo. "Es que usted no sabe", me dicen. En Estados Unidos estamos viviendo el regimen Trump: políticas de persecución contra quienes no se someten, arbitrariedad institucional, censura a los medios de expresión  y una creciente normalización del autoritarismo.  Somos conscientes de la influencia que el movimiento MAGA intenta ejercer en América Latina, respaldando a líderes afines ideológicamente  con agendas políticas cada vez más radicales.

Abelardo de la Espriella representa para muchos  que Colombia se convierta en otro de los aliados de  la red expansionista de MAGA, junto con Bukele en El Salvador, Milei en Argentina y Noboa en Ecuador. Abelardo es un defensor de narcotraficantes y de paramilitares; colaboró con el entramado de espionaje del DAS, ha traficado con armas y colaborado con criminales de la ralea más baja tanto en Colombia como en Estados Unidos. Así lo demuestran varios expedientes e investigaciones de medios independientes.  Su agenda política comprende la creación de mega cárceles de alta seguridad y de "extirpar a la izquierda", con todo lo que eso supone. 

También es importante que Cepeda emprenda una campaña que responda a las expectativas de los ciudadanos que votaron por el centro y que ahora se encuentran indecisos por el temor de ser señalados  "de izquierda" o "comunistas".  Cepeda necesita tomar distancia de Petro, y construir un discurso que convoque desde la serenidad, la ética y la esperanza. En este sentido,  debe formar alianzas con el centro y promulgar políticas claras que refuercen la moderación y el respeto a la constitución y a la democracia. 

Francisco de Roux ha publicado una carta que le envió al candidato en donde expresa precisamente estos sentimientos. Comparto un fragmento:

 El momento tuyo es ahora, para convertir la verdad del resultado en una llamada a retomar con entusiasmo lo que tú encarnas. La pasión audaz y  la esperanza, con el desafío y la generosidad, y la perseverancia en medio de la dificultades como lo has hecho; y en este momento crucial, esa misma pasión ética se desinfla si usas su valor para atacar al contrincante por su bajeza moral de mafioso y corrupto que bien conocemos. No dejes que tu pasión se vaya hacia allá porque no vas a cambiar al corrupto, ni vas a mover la conciencia oscura de quienes lo siguen, al contrario los vas a empecinar en el mal.

Tu integridad moral, tu entusiasmo por la causa, tu llamada  a la Esperanza tu discurso transparente ético positivo valiente, es lo necesario ahora. Tú lo tienes. No rebajes tu grandeza moral haciendo campaña CONTRA el abismo moral, dedica estas tres semanas a entregar a todas y todos lo más grande de ti mismo. 

Esta es, precisamente, la encrucijada en la que se encuentra Colombia. De nosotros, los electores, depende si continuamos profundizando el odio y la polarización o si apostamos por darle una oportunidad a la esperanza el próximo 21 de junio.  

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Quién nos salva del tirano?

Por Elvira Sánchez-Blake
 

Trump ha emprendido una cruzada para quitar del medio a los “tiranos” que le caen mal. Comenzó con Maduro, en Venezuela; siguió con Jameneí en Irán, y ya por el de Cuba. Su argumento es que estos dictadores representan una amenaza global y hay que sacarlos del medio. No niego que Maduro y Jameneí hayan sido unos dictadores perversos, pero no se comparan con la amenaza real que representa el propio Trump. Estamos bajo el mandato de alguien capaz de desencadenar conflictos globales basándose más en caprichos políticos que en principios de seguridad y justicia.

Desde antes de asumir su segundo mandato se sabía que la agenda de Trump apuntaba a la destrucción. La campaña contra los inmigrantes desatada con furia y sevicia; centros de detención masiva, deportaciones y violaciones de todos los derechos humanos. Incluso, muertes de civiles y de ciudadanos norteamericanos sin ninguna consideración.

Al mismo tiempo la administración Trump ha desestabilizado los mercados a nivel internacional y los acuerdos económicos con la imposición de tarifas y presiones económicas a los países que no se someten a sus caprichos. Se ha dedicado a atacar la prensa y está ejerciendo censura contra los medios que se oponen a sus directrices. Además, ha desatado una campaña masiva en contra de las instituciones educativas con chantajes económicos para eliminar los programas de Diversidad, Igualdad e Inclusión. Recientemente, ha amenazado con invocar poderes excepcionales como la Ley de insurrección, ante el mínimo desafío político interno. Además, se vanagloria en recordar el poderoso aparato militar que posee Estados Unidos y que lo hace imbatible contra cualquier enemigo.

Su reciente decisión de ordenar una operación militar conjunta con Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, representa un punto de inflexión peligroso. Si examinamos las motivaciones para empezar esta confrontación veremos que no tiene nada que ver con liberar a Irán de un régimen de represión.

1. Demostrar poder absoluto: Queda claro Trump quiere afirmarse como es el supremo líder del mundo, por encima de leyes o instituciones que lo limiten.

2. Egocentrismo: Su retórica autoritaria y estilo de gobernar apuntan más al culto de la personalidad que a la defensa de ningún valor moral ni democrático.

3. Alianza con líderes autoritarios: Su necesidad de demostrar autoridad y poderío lo llevó a aliarse con Benjamín Netanyahu, sin darse cuenta que al hacerlo se convertía en su marioneta.

4. Intereses geopolíticos y económicos: Al invadir Irán intenta asegurar el mercado energético de esta nación y de los países que lo rodean en la región del Oriente Medio..

5. Distraer las investigaciones de las lista Epstein: Dado que las pruebas de su vinculación con la red de pedófilos de Epstein no han podido ser suprimidas por su aliada, la procuradora general, Pam Bondi, no tuvo más remedio que embarcar a Estados Unidos en una guerra de dimensiones impredecibles, con el fin de distraer la atención pública.

Nos encontramos en medio de una confrontación que puede escalar a grandes proporciones sin ninguna estrategia para controlar la escalada bélica en el Medio Oriente. La acción temeraria, arbitraria y absurda de Trump en concierto con Netanyahu, no augura nada bueno. El régimen iraní sigue en píe, instaurando terror en la región. La comunidad internacional se encuentra dividida y temerosa de un conflicto mundial más amplio, especialmente si actores como Rusia, Turquía y las naciones europeas deciden intervenir más directamente. Francia ya mandó sus buques de guerra para defender sus intereses en la región.

La historia nos enseña que las guerras nunca han generado ningún beneficio. Tras la Segunda Guerra Mundial, se crearon mecanismos para actuar con sensatez, diálogo y negociación con el fin de evitar otra catástrofe mundial. En el siglo XXI estamos abocados a arsenales teledirigidos que se lanzan con oprimir un botón y sin que el agresor se involucre. Y la persona con el poder de dar la orden para oprimir ese botón es precisamente la mayor amenaza mundial.

¿Quién se atreve a salvarnos del tirano mayor?

jueves, 12 de febrero de 2026

Bad Bunny hizo a America grande de verdad

   

El show de Bad Bunny en el medio tiempo del Super bowl fue un acontecimiento histórico porque le recordó al mundo lo que todos sabemos: América no es solo un país, es un continente que comprende una amalgama de razas, lenguas, tradiciones y culturas. Con su puesta en escena, el artista puertoriqueño reafirmó la identidad hispana en un espectáculo que hizo a América Great Again en un sentido más amplio y verdadero.

El show de Bad Bunny ha causado conmoción en el mundo. Muchos lo alabaron y otros se incomodaron.  El mensaje es muy claro: el amor debe primar sobre el odio. Una de las mayores críticas fue, "no se entendió". ¿Qué fue lo que no se entendió? Los simbolismos hablaban por sí mismos: el pueblo con sus vendedores callejeros en medio de casitas de palma; el matrimonio realizado en pleno espectáculo con un niño durmiendo en una silla; las plantaciones de caña y los postes de la luz en corto circuito. Las escenas mostraban la vida natural de la isla y de cualquier lugar en Latinoamérica. Los artistas invitados representaban la diversidad americana: Lady Gaga de Estados Unidos, Carol G de Colombia, Ricky Martín de Puerto Rico, junto a bailarines de diversas procedencias. El rótulo del balón, en un close up de cámara, no pudo ser más explícito: Together We Are America.

El acto culminante fue el desfile de todas las banderas del continente iniciado con el grito God Bless America, y seguido por la mención de cada país. Fue un momento apoteósico que subrayó la grandeza del evento y su alcance simbólico. El artista recordó lo que muchos han olvidado: América es una sola, Nuestra América, como proclamó José Martí hace más de un siglo.

El hecho de que el espectáculo se ejecutara en español incomodó a muchos. Resulta que 40 millones de personas hablan esta lengua solo en Estados Unidos, y 500 millones en todo el mundo. Aún así, en ciertos sectores, el uso del español es considerado como una afrenta. No es casual que uno de los primeros mandatos del actual presidente haya sido declarar el inglés como único idioma oficial. Los hispanos nos sentimos incómodos de hablar español en público ante la posibilidad de miradas hostiles o del ofensivo, Go Back to your country, como sucede a menudo. Por eso resulta admirable que Bad Bunny haya tenido el valor de expresar en este idioma el sentir de todo un continente en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Uno de los momentos más elocuentes del show fue ver a Ricky Martín entonando el estribillo: Que no nos pase lo que le pasó a Hawaí. Para algunos la frase pasó desapercibida. Para otros fue una advtertencia perentoria. A mí me tocó personalmente. En mi paso reciente por Hawaí, observé de primera mano la cultura de los hawaianos reducida a un entretenimiento turístico. Lo que no recuerdan muchos es que los norteamericanos tomaron posesión de la isla en el siglo XIX, derrocaron a la reina legítima, y  convirtieron a Hawaí en un estado en 1959.

La cultura hawaiana  sobrevive como atracción turística en las danzas hula, las canciones acompañadas del ukelele y vestimentas coloridas de palmas. El idioma originario se ha perdido, así como sus tradiciones y creencias. Esta fue la advertencia de Ricky Martín: Puerto Rico lleva más de un siglo como territorio de Estados Unidos, pero aún conserva su cultura, su idioma y su identidad. El mensaje fue contundente: que no nos pase lo que le pasó a Hawaí.





viernes, 9 de enero de 2026

La intervención de Venezuela: ¿una nueva colonización?

Son muchas las visiones e intepretaciones en torno a la captura de Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos. No se puede negar que se trató de un golpe bien planeado, con una estrategia deliberada y un resultado eficaz. La captura de un dictador abominable que ha causado tanto dolor bajo un régimen sangriento, ilegal y desmesurado puede ser considerado un acto de liberación. Así lo han sentido muchos venezolanos que se ven por fin liberados del verdugo; otros lo intepretan como un éxito de la política de Trump para enarbolarse como supremo regidor del mundo. Desde mi perspectiva, esta acción constituye una invasión ilegal que desconoce todas las normas del derecho internacional, vulnera la soberanía de Venezuela y pasa por alto los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas sobre la prohibición del uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad. En última instancia, esta acción nos regresa a los tiempos de la colonia.

Los intereses detrás de esta intervención no pretenden defender a los venezolanos ni facilitar una transición hacia la democracia real. El propio Trump dejó claro  que uno de los objetivos era asegurar el control de los recursos petroleros venezolanos y posicionar a empresas estadonidenses en la reconstrucción del sector energético del país. El hecho de no permitir que el presidente elegido democráticamente en 2024, asuma formalmente el poder, ni autorizar la liberación de los presos políticos, revela las intenciones del magnate: la colonización de Venezuela bajo un nuevo orden. 

El analista político Rodrigo Uprimy lo expresó con claridad en La silla vacía:

“Las declaraciones de Trump en su discurso celebratorio de la intervención militar en el que, lejos de hablar del retorno a la democracia en Venezuela, se refirió sobre todo a intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos (como el petróleo venezolano) y dijo que ellos van a administrar Venezuela por un buen tiempo son reveladoras. Obviamente  será Trump quien defina cuando se reúnen esos requisitos. Esto no es apoyo a la democracia en Venezuela: es puro colonialismo.

La falta de claridad sobre el futuro de Venezuela, junto con el temor de que esta intervención no se limite a este país, sino que continúe con las naciones que no se alinean con Washington, mantiene a toda América Latina en un estado de incertidumbre. ¿Quién será el próximo? Existen señales suficientes para pensar que las intenciones de Trump son apoderarse del hemisferio y ejercer el control total sobre las Américas. Lo ha dicho sin ambages en la reedición de la doctrina Monroe titulada “Estrategia de Seguridad Nacional” publicada el pasado noviembre. Según Uprimy, este documento "literalmente dice que Estados Unidos va a restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental."

La captura de Maduro y de su esposa marca el comienzo de una estrategia más compleja y siniestra. Las condiciones están dadas para que Trump en toda su omnipotencia (suministrada por la Corte Suprema de Justicia y el Congreso), se apodere de América Latina colocando presidentes aliados, invadiendo los países que no se conforman con sus directrices e imponiendo controles y embargos comerciales a los que no se sometan. En este escenario, los organismos multilaterales, las leyes y las normas internacionales han sido completamente ignorados, y todo indica que así continuará, porque en última instancia, Trump hará lo que le dé la gana sin frenos ni salvaguardas que lo limiten.

 

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

And the Dinosaur Was Still There

 by E. Sánchez-Blake

“When he awoke, the dinosaur was still there.” Augusto Monterroso’s celebrated micro-story encapsulates the unease that lingers as 2025 comes to an end. The feeling is unmistakable: a presence that cannot be ignored, even when it goes unnamed. Silence, or the refusal to articulate it directly, seems to function as a fragile defense—an attempt to diminish the weight of what looms before us.

Yet the presence asserts itself daily. It appears when screens are turned on, when headlines scroll past, when social media opens. The dinosaur occupies the entire field of vision. Its magnitude feels immeasurable.

The year unfolded as many anticipated: a gradual concentration of power, increasingly unchecked, extending its reach beyond borders. Entire communities of immigrants became objects of persecution.  Accounts of arbitrary detentions, degrading conditions, and systematic mistreatment emerged, only to fade quickly from collective attention. What now commands attention is the advance of US MIlitary forces through the Caribbean and the Pacific off the South American coasts, attacking vessels and killing their occupants with drones, in flagrant disregard of international law. Faced with the threat of an invasion of Venezuela, no one dares to oppose him. The timid warnings issued by the United Nations and a few human rights organizations have no effect. Thanks to the submission of the Supreme Court, Congress, multilateral organizations, and the world at large, the omnipotent monster has risen as sovereign over the universe, without counterweights or safeguards.

The media have been forced into submission by the pressure of the large corporations that finance them and that, in turn, obey the dictates of the government. Freedom of expression has gradually disappeared. Even The New York Times, which had maintained a firm stance despite coercion, has lowered its guard. Its reporting has become increasingly laconic and cautious. Universities and educational institutions have yielded to the degrading economic sanctions imposed upon them. It is unsettling to observe how the great Ivy League institutions have capitulated to demands to censor curricula, eliminating programs in gender, race, and history, as well as all initiatives related to Diversity, Inclusion, and Equality. Likewise, international projects in humanitarian aid, education, environmental protection, and scientific advancement have been obliterated. Domestically, social security and healthcare systems such as Medicare and Obamacare are at risk of being dismantled. In other words, that which once made the United States great—and the system of checks and balances that guaranteed basic rights such as education, healthcare, freedom of expression, and scientific progress—has collapsed.

And yet, endurance persists. Augusto Riska, a survivor of twentieth-century's Second World War and Soviet Communism,  remarked: “We survived Hitler, then Stalin—but we don’t know if we will survive T…” Unable to complete the name, he captured something essential: fear often begins where language falters.

That unfinished sentence resonates as 2025 closes.

One can only hope that 2026 brings awakening rather than resignation—that the world regains its capacity to respond thoughtfully and collectively, guided not by fear or excess, but by responsibility. It is difficult to accept that no global response exists to confront madness and excess of power. We hope that by the end of 2026 the dinosaur will no longer be a menace.


 

Y el dinosaurio sigue allí

Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.  El célebre microcuento de Augusto Monterrroso resume la sensación de aprehensión que nos circunda al finalizar el 2025. Ya no se habla de él. Es como si dejar de nombrarlo o ignorarlo redujera el riesgo y la amenaza que supone. Cada día, a cada instante, al encender el televisor o abrir las redes sociales, su presencia se impone. El dinosaurio ocupa todo el espacio y su poder es inconmesurable. 

Tal como se preveía, el año 2025 cumplió a cabalidad con el Proyecto 2025. El magnate se ha consolidado como una figura con poder absoluto, no solo en Estados Unidos, sino en el planeta. La persecución contra los inmigrantes es la mayor muestra de su maldad. Las redadas con detenciones arbitrarias, las condiciones infames de los centros de detención y el maltrato sistemático resultan inimaginables. Sin embargo, ya poco se habla de esto. Ha pasado a segundo plano. Lo que  ocupa la atención es el avance militar por el Caribe y el Pacífico frente a las costas suramericanas atacando embarcaciones y matando sus ocupantes con drones en fragante desconocimiento del derecho internacional. Ante la amenaza de una invasión a Venezuela, nadie se atreve a oponerse. Las tímidas advertencias de la ONU y de algunos organismos de derechos humanos no ejercen ningún efecto. Gracias a la sumisión de la Corte Suprema de Justicia, del Congreso, de los organismos multilaterales y del mundo en general, el omnipotente monstruo se ha erigido soberano sobre el universo sin contrapesos ni salvaguardas. 

Los medios de comunicación se han visto forzados a someterse por las presiones de las grandes coporaciones que los financian, y que, a su vez, obedecen a los dictados del gobierno. La libertad de expresión ha ido desapareciendo. Hasta el New York Times, que mantenía su postura firme pese a las coerciones, ha bajado la guardia.  Sus notas son cada vez más lacónicas y cautelosas.  Las universidades y centros educativos han sucumbido a las sanciones económicas degradantes. Resulta inquietante observar cómo las grandes instituciones de la Ivy League han cedido a las demandas de censurar planes de estudios eliminando programas de género, raza e historia, así como todas las iniciativas de Diversidad, Inclusión e Igualdad. De igual forma, los proyectos internacionales de ayuda humanitaria, educación, protección ambiental y el avance de la ciencia han sido obliterados. A nivel doméstico, los sistemas de seguridad social y de salud, como Medicare y Obamacare, se encuentran en riesgo de ser desmantelados.  En otras palabras, aquello que hacía grande a Estados Unidos y el sistema que equilibrios que garantizaba los derechos básicos como la educación, la salud, la libertad de expresión y el progreso científico, se han venido abajo. 

No obstante, la capacidad de seguir adelante frente a las intimidaciones de los temibles dinosaurios sigue vigente.  En palabras de Augusto Riska, sobreviviente de la segunda guerra mundial y del régimen comunista soviético: "sobrevivimos a Hittler, luego a Stalín, pero no sabemos si sobreviviremos a T..." Incapaz de nombrarlo, su silencio evidencia que el miedo se superpone al lenguaje.

 Ese es el sentimiento que nos embarga al culminar el año 2025. 

Ojalá que en el 2026 el mundo despierte y se sacuda frente al dinosaurio. Esperamos  que la capacidad de resistir sea mayor que la intimidación y que la sensatez se imponga con responsabilidad. Cuesta creer que no exista una respuesta global ante semejante insania y desmesura de poder.