jueves, 6 de octubre de 2022

Sobrevivimos

Por Elvira Sánchez-Blake


Los troncos de árboles se atravesaban por la carretera; avisos caídos, semáforos tambaleantes torcidos y mirando para otro lado; postes de luz desvanecidos a punto de caer. Ese era el panorama que divisamos a medida que subíamos por la interestatal 75 por el oeste de Florida.  Las noticias daban cuenta del horror del huracán que azotó la región el pasado 28 de septiembre dejando un rastro de devastación y de muerte.

 

El huracán Ian categoría cuatro fue el fenómeno natural más catastrófico que ha pasado por la región del Golfo.  Con vientos de 155 millas por hora y con el reflujo del mar de más de seis pies de altura que inundó las zonas circundantes a los litorales, cualquier precaución era inútil. Los que alcanzaron a evacuar, se despidieron de sus haberes, pero muchos se quedaron sin prever la dimensión de su devastación. Varias ciudades como Fort Myers, North Port  y Cape Coral quedaron destrozadas y las islas paradisíacas de Sanibel y Cautiva casi borradas del mapa.  Mientras me percataba del reducto de escombros dejado por el ciclón recordaba que una de las razones por las que nos vinimos a vivir a esta área de Florida fue porque nos aseguraron que los huracanes no pasaban por este lado.

 

Al llegar a Venice, se hizo difícil no sentir un nudo en la garganta al recorrer sus calles y apreciar el daño de las viviendas, los lanai, las casas y condos, y la cantidad de palmeras y árboles caídos. Este sitio se reconoce por su belleza natural y la vida bucólica despreocupada que vivimos sus habitantes. Ayer era otra cosa. La gente recogía ramas y escombros, los trabajadores de la FPL (Florida Power and Light) se encaramaban a los remolques con andamios remendando cables de electricidad y conexiones por toda la ciudad.  La energía era lo que todo el mundo ansiaba recobrar. Y ayer por fin se restableció en gran parte de la ciudad. Dimos gracias por la luz y por el poder que viene con ella.

 

El ambiente de la ciudad se cargaba de  tristeza. Por dondequiera que pasamos los floridianos apenas respondían al saludo. <<How are you?>>  <<Surviving>>, era la respuesta lacónica. En el supermercado se sentía un halo de desolación. Al ver los estantes vacíos, me preguntaba si esto era el síndrome post traumático que se percibe después de una catástrofe. Durante el almuerzo en nuestro restaurante familiar, el Art Caffe, escuchamos las historias de gente que perdió viviendas y que sufrieron los embates de árboles y postes desplomados sobre coches y residencias, o los que aún no pueden regresar a sus hogares inundados. Y ni hablar de los que están en las zonas más afectadas. Los datos de pérdidas humanas ascienden a más de 120 en el último reporte, pero sabemos que todavía no se han calculado los que perecieron aplastados o la cantidad de ahogados en la marejada ciclónica. ¿Qué se requiere para tener la mala fortuna de hallarse bajo el ojo de un huracán que aplasta despiadadamente tu vida entera?

 

Cuando por fin llegamos a nuestra casa, Roberto y yo pudimos apreciar las averías en el lanai del patio. La malla quedó desgarrada, una puerta derrumbada,  y en varias partes se rompió la estructura. Cayeron tejas y el techo se ve desajustado en varias partes. No obstante, dimos gracias, porque al fin y al cabo eso no era nada comparado con los estropicios que sufrieron otros.   Nos comunicamos con amigos y vecinos. Al comprobar que todos están bien, pudimos afirmar: sobrevivimos.

 

 

 

martes, 19 de julio de 2022

El profeta de la Verdad


Lo vi llegar al salón acompañado de los otros comisionados.  De estatura pequeña, más delgado y pálido de lo que lo recordaba en las fotos y medios de comunicación, irradiaba un halo magnético que llenaba el espacio a su alrededor. Todos nos pusimos de pie y se hizo un silencio reverencial.

Era Pachito, como cariñosamente lo llaman sus amigos, el presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, el que ha liderado la tarea monumental de recolectar la Verdad de la guerra en Colombia a cargo de un equipo de recolectores de testimonios. Esta Comisión se creó como un compromiso de la firma del Acuerdo de Paz, dentro del Plan Integral Para la Paz. El informe  que se dio a conocer el 28 de junio pasado tras cuatro años de infatigable trabajo contiene diez volúmenes de más de siete mil páginas de datos y documentación sobre todas las áreas del conflicto armado que ha afectado el país durante seis décadas.

Este ser un tanto etéreo ha logrado confesiones y arrepentimientos de los más contumaces criminales que arrojan luz sobre los mantos de silencio y de conspiraciones que han permeado todos los sectores de la sociedad.  Desde los más temibles líderes guerrilleros, comandantes paramilitares, altos rangos de las fuerzas militares, grandes capos de la mafia y de las bandas criminales que operan en Colombia, hasta expresidentes y gobernantes, se han sentado ante Francisco de Roux y sus comisionados para contar sus verdades y en algunos casos, pedir perdón a las víctimas. El reporte no se limita a revelar datos y testimonios de los actores del conflicto, sino que abarca a todos los sectores implicados, incluyendo un capítulo dedicado a las violencias de género,  de la población LGTBIQ, de los afros y de las comunidades étnicas. Otro capítulo especial  se dedica a los impactos que ha tenido el conflicto en los ciclos de la naturaleza.

Yo había acudido como escritora invitada por el Comité al acto de entrega del informe ante los organismos internacionales y víctimas del conflicto que se encuentran asiladas en este país.  Este acto constituía un gran evento para mí.  En el evento del US Institute of Peace, se hicieron las presentaciones protocolarias por parte del director del Instituto. Luego, la directora del Comité de Derechos Humanos de los colombianos en el exterior introdujo a los comisionados y cada uno tuvo la oportunidad de exponer las premisas fundamentales del Informe.  

 En su presentación, Francisco de Roux recordó el número de víctimas que perdieron la vida durante décadas de confrontación violenta. “Esta no fue una guerra civil –dijo–  fue una guerra contra los civiles”.  Más del 90 por ciento de las víctimas fueron civiles inocentes. Se refirió a los métodos deleznables que utilizaron los actores armados para ejercer la violencia: los innumerables desplazados, desaparecidos, torturados, secuestrados y los que se vieron obligados a huir del país para refugiarse en el exilio.  Nombró los múltiples actores incluyendo a la guerrilla, los paramilitares, las fuerzas armadas, la Policía, el Estado y los narcotraficantes.  Mencionó los factores de persistencia que impiden frenar las confrontaciones y entran en una era de paz. Por último, reafirmó la petición que hizo a la comunidad internacional ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: "Pedimos a la comunidad internacional que no nos den nada para la guerra. Queremos una política de paz y no de militarización.  La Comisión pide comprender lo equivocado de la pretensión de que el prohibicionismo puede detener el narcotráfico cuando lo que hace es aumentar las ganancias del negocio".

La gente escuchaba a Pachito con reverencia. La cadencia de su voz y la firmeza de sus palabras contrastaba con la mirada amable hacia sus interlocutores. Su tono, un tanto melódico, mantenía la atención extasiada de la audiencia. Todas las miradas se enfocaban en esta figura sencilla, casi evanescente, y sin embargo, tan contundente.

Entonces, recordé las palabras de Mario Calderón en su manifiesto, El derecho a la herejía: “Los profetas son aquellos que hablan delante de los importantes, de los serios, los aceptados, los legitimados, los decentes. Hablan para develar y desenmascarar”.  Y comprendí que estaba ante un profeta (pro-fari), un hombre que no teme porque tiene la certeza de que lo que hace dejará una huella imborrable e imperecedera. Ojalá que no corra la suerte de la mayoría de los profetas, como lo precisó Calderón, “los profetas como los herejes no tienen otra alternativa que resistir, desobedecer, ser tenaces e irreductibles… El peligro es que los ortodoxos gozan del uso legitimado de la violencia para perseguirlos”, como le ocurrió a Jesús, a Ghandi, a Camilo, a Galileo y al propio Mario Calderón.  En ese momento temí por él. Los grandes hombres nunca terminan bien.

Al término del acto, pidieron a los periodistas acercarse a la tarima para una rueda de prensa informal. Yo me uní al grupo y experimenté esa efervescencia de mi alma reportera que me remontó a mis años de juventud. Mi intención era diferente al resto de los comunicadores. Yo quería acercarme a ese hombre y sentir su presencia para impregnarme de su halo espiritual. Le hice una pregunta sobre cómo lograr que el gobierno de Estados Unidos acoja sus propuestas y cambie sus políticas con respecto al narcotráfico. Respondió con sabiduría y con tacto diplomático: “Hay esperanza de que el nuevo gobierno de Colombia establezca relaciones positivas y de colaboración con EEUU”. Se refirió al apoyo recibido por el gobierno americano al proceso de paz y a la Comisión de la Verdad.  Esta era la respuesta esperada. No podía ser de otra manera.

Al final, cuando los reporteros y las cámaras se alejaron yo me quedé y esperé a que terminara una conversación con el nuevo embajador de Colombia en Estados Unidos. Me subí a la tarima, me acerqué y le mostré mi libro Suma Paz con ansiedad contenida. Comencé a emitir el discurso que llevaba preparado:

Padre, es un gusto conocerlo le dije apresuradamente. Yo quería entregarle este libro que…

Antes de terminar la frase, me interrumpió:

 —¡Qué  es esa belleza!  ¿Usted es la autora de Suma Paz? 

Tomó el libro en sus manos, me dirigió una mirada de agradecimiento que encerraba un halo de tristeza, y me dijo:

Gracias por escribir este libro.

Entonces me atreví a continuar mi discurso:

Quería agradecerle por escribir el prólogo del libro.

Me respondió con un abrazo efusivo.  Un abrazo que me transmitió una comunión espiritual. Lo sentí menudo -una suma de huesos- una mezcla de fragilidad y de grandeza.

Él pasó las páginas del libro y al mirar las fotos, murmuró para sí mismo, “Mario y Elsa…”

Entonces, le pregunté, ¿Qué estaría haciendo Mario si estuviera vivo? ¿Cree que lo estaría acompañándolo en esta cruzada?

Me miró con un gesto conmovedor, pero no respondió. Interpreté su silencio como una posible evocación de ese amigo entrañable con quien compartió tanto en sus años de juventud, de búsqueda espiritual, de activismo social. No sé qué pasaría por su mente en esos segundos. Lo cierto fue que prometió leer el libro “hoy mismo, al regreso”. 

Al alejarme, no pude menos que pensar en la paradoja de estos dos seres: Pacho, que ha transformado el mundo con su liderazgo, y Mario, que no pudo concluir la labor para la que estaba destinado. Dos grandes profetas. Solo uno de ellos sobrevivió para asumir la gran tarea de rescatar la dignidad a través de la verdad.

 

 

miércoles, 29 de junio de 2022

El miedo a la verdad

 Por Elvira Sánchez-Blake

 

Muy significativo el acto de entrega del informe final de la Comisión de la verdad el pasado 28 de junio, en la que su presidente, Francisco de Roux hizo un llamado a todos los colombianos para trabajar sobre la paz GRANDE a través de las recomendaciones que se hacen en el documento.  El mensaje de de Roux fue explícito sobre la importancia de conocer la verdad como mensaje de esperanza para un futuro que resume el título del informe: “Hay futuro si hay verdad”.

 

Sin embargo fue muy notoria la ausencia de representantes del gobierno, de las fuerzas armadas y de los sectores económicos del país. El acto ni siquiera se transmitió por las cadenas nacionales del país. Solo por YouTube e Instagram. Confirma una vez más la escisión de los colombianos frente a los temas de paz y el miedo a reconocerla. El sacerdote hizo énfasis sobre este asunto, al afirmar que existe un gran sector de la población que no se ha enterado de los efectos de la guerra en Colombia por indiferencia o por indolencia.  Es esta misma clase de personas los que estuvieron ausentes y ajenas al acto y las mismas que por un temor generalizado extienden un manto de silencio ante el reto de conocer la Verdad.

 

No es de extrañar que las preguntas que pronunció Francisco de Roux durante la ceremonia continúen flotando en el imaginario colectivo:

 

¿Por qué el país no se detuvo para exigir a las guerrillas y al Estado parar la guerra política desde temprano y negociar una paz integral? ¿Cuál fue el papel del Estado y las instituciones que impidieron y más bien promovieron el conflicto armado? ¿Dónde estaba el Congreso, dónde los partidos políticos? ¿Hasta dónde los que tomaron las armas contra el Estado calcularon las consecuencias brutales y macabras de su decisión?

 

Estas preguntas fueron guía de la investigación que acometieron los once comisionados para producir un documento de 896 páginas de hallazgos y recomendaciones. No obstante muchas de las preguntas no tienen respuesta y siguen sin resolver.

 

Y es que el esclarecimiento de la verdad ha sido un trabajo arduo y difícil. Los comisionados han trabajado por cuatro años con un método riguroso y un equipo especializado en la recolección de testimonios a víctimas, actores armados, estamentos públicos, privados y empresariales, fuerzas militares, gobernantes y exgobernantes, y a todos se les han dado las mismas oportunidades de expresar y reconocer sus verdades. Uno de los aportes más valiosos ha sido la inclusión de un capítulo sobre la violencia sexual y de género y de los representantes de los LGBTIQ, algo que no había ocurrido antes en ningún informe de este tipo. Cabe mencionar que los informes sobre la verdad en países como Argentina, Guatemala, El Salvador, Chile y Suráfrica realizados después de guerras civiles incruentas, han sido decisivos en llevar a la estabilidad a estas naciones.

 

De Roux señaló con vehemencia a todos los actores violentos, comenzando por los actos macabros cometidos por la guerrilla, así como las masacres de los paramilitares, al tiempo que reprochó la impavidez de la gente que veía en los noticieros estos hechos como parte de lo que llamó “una novela barata”. Igualmente se refirió a los llamados Falsos Positivos como actos execrables cometidos por las fuerzas armadas para responder a las demandas de altos funcionarios que pedían bajas de subversivos. Dijo: “Diez muertos es malo, Cien es macabro, pero 6.400 es execrable”. El informe destaca que el Estado “usó la lógica del enemigo para justificar los homicidios de personas en condiciones de indefensión”.

 

El reto que tiene por delante la Comisión es hacer que la gente lea, vea, escuche y se entere sobre las revelaciones del informe. Este es un trabajo casi tan maratónico como el realizado hasta ahora por los comisionados y los recolectores de datos. Y es que en Colombia se niega a conocer y a aceptar la historia del conflicto, y se pasa por encima de los muertos y asesinatos con la misma indolencia con que se apoya o se concede a los poderosos la prerrogativa de controlar y decidir sobre la vida humana. 

 

¿Qué sigue ahora? El trabajo de sanar y restablecer una convivencia armónica continúa.

La tarea pendiente es concientizar a la ciudadanía para que comprenda que todos somos parte de esta verdad amarga que destapa el informe: hemos sido víctimas y victimarios por acción y por omisión al presenciar tantos actos horrendos que sucedían a nuestro alrededor sin mosquearnos y sin condonarlos. Las preguntas que pronunció de Roux deben al menos hacernos pensar y reflexionar:

 

¿Qué hicieron los líderes religiosos, los educadores, los jueces y fiscales que dejaron acumular la impunidad? ¿Qué papel jugaron los formadores de opinión y los medios de comunicación? ¿Cómo nos atrevemos a dejar que pasara y a dejar que continúe?  Y yo me pregunto, ¿Hasta cuándo seguiremos dando la espalda a la verdad con el silencio, la indolencia y la apatía?

 

            Las palabras que resuenan y hacen eco en múltiples medios, debería al menos hacernos reaccionar:

Si hiciéramos un minuto de silencio por cada una de las víctimas del

conflicto armado, el país tendría que estar en silencio 17 años.

Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad.

 

El informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad fue dado a conocer en una plataforma multimedia fácil de acceder y de ver, leer o escuchar, con el objeto de facilitar la difusión de sus hallazgos. Los archivos impresos y digitales quedarán alojados en el Museo de la Memoria con el fin “de ser parte del relato histórico del país y hacerse memorable para su población”.

 

 https://www.comisiondelaverdad.co/

https://www.youtube.com/watch?v=2Ap2gWBIeT0

 

 

 

lunes, 21 de marzo de 2022

Elecciones en Colombia: ¿incertidumbre o esperanza?

Elvira Sánchez-Blake 

No sorprenden los resultados de las elecciones legislativas de Colombia el pasado 13 de marzo. La ventaja comparativa del Pacto Histórico en las curules del congreso, y de Petro en la consulta de los candidatos presidenciales, son la respuesta lógica frente a un gobierno incompetente que cumplió exactamente lo que se había propuesto: hacer trizas los acuerdos de paz y lanzar al país de nuevo a la ola de violencia que los acuerdos trataron de frenar.

 

Y la gente se pregunta, ¿por qué Petro logró tantos adeptos y tomó tanta ventaja con los resultados electorales? No es por ser un gran líder, ni por haber ejecutado una campaña de largos alcances. El mismo presidente Duque se encargó de abrirle el camino indirectamente con un desgobierno que solo benefició a la clase dirigente, que ignoró los pedidos de la gente y que recrudeció la violencia a pasos gigantescos en las regiones donde campean de nuevo bandas criminales, disidencias y mafias del narcotráfico.

 

Uno de los aspectos más dolorosos de los últimos cuatro años ha sido el incremento de los asesinatos a líderes sociales y ambientales. Pese al continuo escrutinio de organizaciones internacionales y al constante clamor de todas los estamentos para frenar esta persecución atroz, la respuesta del Estado ha sido improcedente y de total negligencia para atender este flagelo.

 

Desde 2016 han sido asesinados más de 700 líderes sociales y del medio ambiente (Indepaz).

 

2020 fue el año que registró mayor número de asesinatos: 293 líderes sociales, 65 líderes ambientales, 83 masacres. Los grupos indígenas y afros son los más afectados (Indepaz)

 

Colombia es el número uno en el mundo en asesinatos de ambientalistas.

 

A marzo de 2022 los asesinatos de líderes suman 36, además de 20 masacres con 61 víctimas. (Global Witnesses)

 

En octubre pasado conocí a defensores del Páramo de Santurbán en Santander, el cual se encuentra amenazado por compañías que quieren extraer oro y minerales con un costo ambiental devastador para la región. Los Cerros del Oriente de Bucaramanga están en peligro por la misma razón. Igual ocurre con las selvas del Amazonas, arrasadas por los desarrolladores que solo ven beneficio económico en los inmensos recursos de hidrocarburos.

 

Las persecuciones continuarán mientras el Estado siga apoyando las acciones de las corporaciones que están detrás del extractivismo de las zonas protegidas. Son muchos los ecosistemas que están en peligro en Colombia y numerosos los grupos de defensores amenazados por oponerse a los proyectos que solo generan riquezas para unos pocos y destrucción del ambiente y de los ecosistemas para una gran mayoría. Ese es uno de los grandes retos de la próxima administración.

 

¿Cómo se explica de otro lado, la impotencia del gobierno para frenar las bandas poderosas del narcotráfico?  Quizás, la respuesta se encuentra en la connivencia del Estado y la fuerza pública con los jefes de las bandas criminales y del narcotráfico. La captura del jefe del Clan del Golfo, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, lo ha demostrado. Pese a que los comandantes militaron se ufanaron de haber dado el mayor golpe al narcotráfico, los hechos demuestran otra cosa. Los impedimentos para que el máximo jefe rindiera declaraciones, el robo de documentos y grabaciones  a un delegado de la Comisión de la Verdad, y los tropiezos que han obstaculizado el proceso, solo se explican por el contubernio de la fuerza pública con las bandas criminales.   

 

Una de las grandes paradojas de las elecciones fue el triunfo de herederos del paramilitarismo en las Curules de Paz, creadas para las víctimas del conflicto armado. ¡Suprema ironía! Parece un chiste creer que Jorge Rodrigo Tovar salió electo representante a la Cámara por las víctimas del Cesar, Magdalena y La Guajira. La misma región donde su padre, el temido paramilitar Jorge 40, sembró el terror.

El gran jefe del Bloque Norte fue el autor de más de 600 crímenes, entre ellos 333 masacres, homicidios selectivos o desplazamientos forzados a finales de los noventa y principios del dos mil.

 

Tovar se aprovechó de uno de los puntos del Acuerdo de Paz dirigido a reparar a las víctimas de los horrores del conflicto armado. No sólo llevó a cabo una campaña fastuosa, sino que contó con el apoyo de la Unidad de Víctimas del Cesar y recibió el aval de los grupos paramilitares que hacen presencia en los territorios del norte del país.  En pocas palabras, como afirma Alfredo Molano Jimeno, “A nombre de la paz y la defensa de las víctimas, y con el apoyo del gobierno Duque, se allanó el regreso al Capitolio del hijo de uno de los jefes paramilitares más temidos de Colombia” (Revista Cambio). 

 

No ayuda para nada que ahora salga el cacique mayor a decir que los resultados de las elecciones “son inaceptables.” ¿Está promoviendo un golpe similar al que llevó a cabo Trump en Estados Unidos? No aceptar los resultados electorales y generar dudas sobre los votos es generar ilegitimidad en las instituciones y en la propia democracia. Una vez más, queda demostrado que el Pacto Histórico se ha fortalecido gracias a la incompetencia del actual gobierno y del partido que lo apoya.

 

No sabemos si el Pacto Histórico en cabeza de Petro,  y ojalá de Francia Márquez, sea la respuesta a los retos gigantescos que enfrenta Colombia.  Lo cierto es que pese a todos los miedos e incertidumbre que genera, es la opción que parece llevar mayor acogida frente a la decadencia de 20 años del régimen uribista y la muestra contundente de que los colombianos no aguantan más.

 

Fuentes:

Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz- INDEPAZ. https://indepaz.org.co/lideres-ambientales-asesinados/.

 

[1] Molano Jimeno, Alfredo. https://cambiocolombia.com/articulo/poder/jorgito-41-un-representante-de-victimas-con-sangre-de-victimario. Revista Cambio Colombia. Marzo, 20, 2022.

 

 

jueves, 24 de febrero de 2022

Falsos moralismos

 

 

    En  una decisión sin precedentes, la Corte Constitucional de Colombia aprobó la despenalización del aborto, una decisión que reconoce la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 24  como “un derecho íntimamente ligado al derecho a la vida, a la salud, a la integridad, a la autodeterminación, intimidad y dignidad de las mujeres”.

    La reacción de todos los sectores no se hizo esperar. Por un lado están los que aclaman la medida, como un avance histórico de los derechos de la mujer.  Por otro, los que se rasgan sus vestiduras y acuden a los argumentos del derecho a la vida, la moral cristiana y la consabida noción de que Dios es el único que decide sobre la vida.

    Pero es que el debate no se refiere a la aprobación del aborto como una medida que se toma como una ley de ejecución en todos los casos de embarazos. Se trata de des-pe-na-li-zar un procedimiento que de todas formas se ejecuta con o sin un marco legal y que en la mayoría de los casos obedece a circunstancias de desesperación que no se pueden juzgar ni evaluar dentro de los marcos religiosos ni de ideologías políticas.

    Y es que nadie escoge realizar un aborto. ¿Quién quisiera por voluntad propia someterse a un procedimiento para interrumpir un embarazo porque es inconveniente o molesto? Los abortos ocurren porque no hay otra opción. Debe ser la decisión más difícil encontrarse en estado de preñez bajo condiciones adversas para hacerse cargo de un hijo muchas veces como resultado de abusos sexuales, relaciones no deseadas, pobreza, y por incapacidad de traer un ser humano a este mundo. Las interrupciones de embarazos ocurren todos los días en todas partes. ¿Los que se rasgan las vestiduras no lo saben o no lo quieren saber? Lo único que cambia es que estas mujeres que se ven abocadas a esa decisión no tendrán que hacerlo en clandestinidad y sin tener que correr la doble victimización de arriesgarse a un procedimiento inseguro y encima de eso cargar con el peso de la ley que las convierte en delincuentes.

    Apenas se conoció la decisión de la Corte Suprema, mis redes sociales se llenaron de anuncios de “hoy es un día de luto en Colombia” y “la corte aprueba el genocidio” y “el demonio se apoderó del país”. Fuera de eso me invitan por todos los medios a que me una en jornadas de oración para combatir la amenaza que recae sobre los no nacidos. Como si fuera poco, inundan las redes con fotos de embriones y fetos en estado de gestación con consignas alusivas al derecho a la vida. Me pregunto si las personas que se cimbran sobre la cumbre de falsos moralismos se han enfrentado a la terrible decisión de suspender un embarazo. Nada más hermoso que la idea de esperar un hijo con anhelo y de contar con las condiciones para hacerlo, tanto las de un núcleo familiar que acogerá al nuevo miembro, como de las comodidades económicas para brindarle el bienestar y un desarrollo digno y sano. Y yo me cuento entre las afortunadas mujeres que tuvieron hijos bajo esas circunstancias y doy gracias por ese privilegio.

    Pero es que no todas las mujeres cuentan con las ventajas de traer hijos al mundo en condiciones ideales. Como bien se pregunta Catalina Ruiz Navarro en El Espectador:

¿Quiénes son estas malvadas mujeres que abortan en el segundo trimestre? Son las niñas que son víctimas sistemáticas de violación desde antes de haber tenido su primera regla y que no se dan cuenta de que están embarazadas porque ni siquiera saben lo que es eso. Sí, caben entre las causales, pero aun así sus abortos seguros no están garantizados y con la despenalización hasta las 24 semanas no habrá excusa para negarles sus derechos. Son las mujeres rurales que tienen que atravesar cielo, mar y tierra para llegar a un puesto de salud en donde les niegan el servicio, y a quienes les toma semanas y hasta meses poder llegar a una ciudad para practicarse una interrupción legal del embarazo. Son las mujeres que en el segundo trimestre y descubrieron una malformación incompatible con la vida y que han tenido que luchar para que la EPS les garantice su derecho, a pesar de estar dentro de una de las causales. Si una mujer llega a abortar en el segundo -o hasta en el tercer- trimestre es porque algo muy grave le está pasando, porque el sistema le ha fallado y la ha dejado desprotegida. ¿Vamos a condenar a la maternidad forzada a una niña que ha sido víctima de violencia sexual porque no se dio cuenta de su embarazo en el primer trimestre? Más de 15 años de tratar de implementar las causales no ha sido suficiente. Necesitamos la despenalización total para que la maternidad forzada no sea el destino de las mujeres y niñas más vulnerables en Colombia[1].

    Más que condenar, juzgar o moralizar sobre la decisión de la Corte, debemos aplaudir, apoyar y valorar el trabajo de los magistrados que hicieron posible llegar a esta decisión. El camino es largo. La medida todavía debe ser aprobada en varias instancias legales y en el proceso puede sucumbir. Me gustaría que la gente que solo ve mensajes de WhatsApp reconsiderara los argumentos e implicaciones de esta medida. Por un lado, se trata de despenalizar, no de promover el aborto ni de atacar la maternidad como tal. Esta decisión de la Corte reconoce los derechos de las mujeres más vulnerables, las que no tienen otra opción. Permite otorgar las condiciones de dignidad y seguridad de un procedimiento que se realiza actualmente en clandestinidad.  No debería por tanto tener un color político ni acusaciones de tipo moralistas religiosas. Mucho menos se debe acusar y demonizar a los grupos que han promovido y apoyado la medida. Tanto hombres como mujeres estamos en esta cruzada de dignificar y reconocer los derechos básicos que se han implementado en la mayoría de los países desarrollados de forma legal, organizada y reglamentada. No por eso se han reducido los nacimientos, no se han promovido las interrupciones de embarazos, simplemente se le ha dado mejores condiciones a las mujeres y familias para traer al mundo hijos sanos, y con las condiciones para tener una vida plena y productiva.

 

 

 

 

 

 


[1] Ruiz Navarro, Catalina. 24 Semanas. El Espectador, 24 de febrero, 2022. https://main-elespectador-caracoltv.content.pugpig.com/2022/02/23/24-semanas/pugpig_index.html