viernes, 9 de enero de 2026

La intervención de Venezuela: ¿una nueva colonización?

Son muchas las visiones e intepretaciones en torno a la captura de Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos. No se puede negar que se trató de un golpe bien planeado, con una estrategia deliberada y un resultado eficaz. La captura de un dictador abominable que ha causado tanto dolor bajo un régimen sangriento, ilegal y desmesurado puede ser considerado un acto de liberación. Así lo han sentido muchos venezolanos que se ven por fin liberados del verdugo; otros lo intepretan como un éxito de la política de Trump para enarbolarse como supremo regidor del mundo. Desde mi perspectiva, esta acción constituye una invasión ilegal que desconoce todas las normas del derecho internacional, vulnera la soberanía de Venezuela y pasa por alto los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas sobre la prohibición del uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad. En última instancia, esta acción nos regresa a los tiempos de la colonia.

Los intereses detrás de esta intervención no pretenden defender a los venezolanos ni facilitar una transición hacia la democracia real. El propio Trump dejó claro  que uno de los objetivos era asegurar el control de los recursos petroleros venezolanos y posicionar a empresas estadonidenses en la reconstrucción del sector energético del país. El hecho de no permitir que el presidente elegido democráticamente en 2024, asuma formalmente el poder, ni autorizar la liberación de los presos políticos, revela las intenciones del magnate: la colonización de Venezuela bajo un nuevo orden. 

El analista político Rodrigo Uprimy lo expresó con claridad en La silla vacía:

“Las declaraciones de Trump en su discurso celebratorio de la intervención militar en el que, lejos de hablar del retorno a la democracia en Venezuela, se refirió sobre todo a intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos (como el petróleo venezolano) y dijo que ellos van a administrar Venezuela por un buen tiempo son reveladoras. Obviamente  será Trump quien defina cuando se reúnen esos requisitos. Esto no es apoyo a la democracia en Venezuela: es puro colonialismo.

La falta de claridad sobre el futuro de Venezuela, junto con el temor de que esta intervención no se limite a este país, sino que continúe con las naciones que no se alinean con Washington, mantiene a toda América Latina en un estado de incertidumbre. ¿Quién será el próximo? Existen señales suficientes para pensar que las intenciones de Trump son apoderarse del hemisferio y ejercer el control total sobre las Américas. Lo ha dicho sin ambages en la reedición de la doctrina Monroe titulada “Estrategia de Seguridad Nacional” publicada el pasado noviembre. Según Uprimy, este documento "literalmente dice que Estados Unidos va a restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental."

La captura de Maduro y de su esposa marca el comienzo de una estrategia más compleja y siniestra. Las condiciones están dadas para que Trump en toda su omnipotencia (suministrada por la Corte Suprema de Justicia y el Congreso), se apodere de América Latina colocando presidentes aliados, invadiendo los países que no se conforman con sus directrices e imponiendo controles y embargos comerciales a los que no se sometan. En este escenario, los organismos multilaterales, las leyes y las normas internacionales han sido completamente ignorados, y todo indica que así continuará, porque en última instancia, Trump hará lo que le dé la gana sin frenos ni salvaguardas que lo limiten.

 

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

And the Dinosaur Was Still There

 by E. Sánchez-Blake

“When he awoke, the dinosaur was still there.” Augusto Monterroso’s celebrated micro-story encapsulates the unease that lingers as 2025 comes to an end. The feeling is unmistakable: a presence that cannot be ignored, even when it goes unnamed. Silence, or the refusal to articulate it directly, seems to function as a fragile defense—an attempt to diminish the weight of what looms before us.

Yet the presence asserts itself daily. It appears when screens are turned on, when headlines scroll past, when social media opens. The dinosaur occupies the entire field of vision. Its magnitude feels immeasurable.

The year unfolded as many anticipated: a gradual concentration of power, increasingly unchecked, extending its reach beyond borders. Entire communities of immigrants became objects of persecution.  Accounts of arbitrary detentions, degrading conditions, and systematic mistreatment emerged, only to fade quickly from collective attention. What now commands attention is the advance of US MIlitary forces through the Caribbean and the Pacific off the South American coasts, attacking vessels and killing their occupants with drones, in flagrant disregard of international law. Faced with the threat of an invasion of Venezuela, no one dares to oppose him. The timid warnings issued by the United Nations and a few human rights organizations have no effect. Thanks to the submission of the Supreme Court, Congress, multilateral organizations, and the world at large, the omnipotent monster has risen as sovereign over the universe, without counterweights or safeguards.

The media have been forced into submission by the pressure of the large corporations that finance them and that, in turn, obey the dictates of the government. Freedom of expression has gradually disappeared. Even The New York Times, which had maintained a firm stance despite coercion, has lowered its guard. Its reporting has become increasingly laconic and cautious. Universities and educational institutions have yielded to the degrading economic sanctions imposed upon them. It is unsettling to observe how the great Ivy League institutions have capitulated to demands to censor curricula, eliminating programs in gender, race, and history, as well as all initiatives related to Diversity, Inclusion, and Equality. Likewise, international projects in humanitarian aid, education, environmental protection, and scientific advancement have been obliterated. Domestically, social security and healthcare systems such as Medicare and Obamacare are at risk of being dismantled. In other words, that which once made the United States great—and the system of checks and balances that guaranteed basic rights such as education, healthcare, freedom of expression, and scientific progress—has collapsed.

And yet, endurance persists. Augusto Riska, a survivor of twentieth-century's Second World War and Soviet Communism,  remarked: “We survived Hitler, then Stalin—but we don’t know if we will survive T…” Unable to complete the name, he captured something essential: fear often begins where language falters.

That unfinished sentence resonates as 2025 closes.

One can only hope that 2026 brings awakening rather than resignation—that the world regains its capacity to respond thoughtfully and collectively, guided not by fear or excess, but by responsibility. It is difficult to accept that no global response exists to confront madness and excess of power. We hope that by the end of 2026 the dinosaur will no longer be a menace.


 

Y el dinosaurio sigue allí

Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.  El célebre microcuento de Augusto Monterrroso resume la sensación de aprehensión que nos circunda al finalizar el 2025. Ya no se habla de él. Es como si dejar de nombrarlo o ignorarlo redujera el riesgo y la amenaza que supone. Cada día, a cada instante, al encender el televisor o abrir las redes sociales, su presencia se impone. El dinosaurio ocupa todo el espacio y su poder es inconmesurable. 

Tal como se preveía, el año 2025 cumplió a cabalidad con el Proyecto 2025. El magnate se ha consolidado como una figura con poder absoluto, no solo en Estados Unidos, sino en el planeta. La persecución contra los inmigrantes es la mayor muestra de su maldad. Las redadas con detenciones arbitrarias, las condiciones infames de los centros de detención y el maltrato sistemático resultan inimaginables. Sin embargo, ya poco se habla de esto. Ha pasado a segundo plano. Lo que  ocupa la atención es el avance militar por el Caribe y el Pacífico frente a las costas suramericanas atacando embarcaciones y matando sus ocupantes con drones en fragante desconocimiento del derecho internacional. Ante la amenaza de una invasión a Venezuela, nadie se atreve a oponerse. Las tímidas advertencias de la ONU y de algunos organismos de derechos humanos no ejercen ningún efecto. Gracias a la sumisión de la Corte Suprema de Justicia, del Congreso, de los organismos multilaterales y del mundo en general, el omnipotente monstruo se ha erigido soberano sobre el universo sin contrapesos ni salvaguardas. 

Los medios de comunicación se han visto forzados a someterse por las presiones de las grandes coporaciones que los financian, y que, a su vez, obedecen a los dictados del gobierno. La libertad de expresión ha ido desapareciendo. Hasta el New York Times, que mantenía su postura firme pese a las coerciones, ha bajado la guardia.  Sus notas son cada vez más lacónicas y cautelosas.  Las universidades y centros educativos han sucumbido a las sanciones económicas degradantes. Resulta inquietante observar cómo las grandes instituciones de la Ivy League han cedido a las demandas de censurar planes de estudios eliminando programas de género, raza e historia, así como todas las iniciativas de Diversidad, Inclusión e Igualdad. De igual forma, los proyectos internacionales de ayuda humanitaria, educación, protección ambiental y el avance de la ciencia han sido obliterados. A nivel doméstico, los sistemas de seguridad social y de salud, como Medicare y Obamacare, se encuentran en riesgo de ser desmantelados.  En otras palabras, aquello que hacía grande a Estados Unidos y el sistema que equilibrios que garantizaba los derechos básicos como la educación, la salud, la libertad de expresión y el progreso científico, se han venido abajo. 

No obstante, la capacidad de seguir adelante frente a las intimidaciones de los temibles dinosaurios sigue vigente.  En palabras de Augusto Riska, sobreviviente de la segunda guerra mundial y del régimen comunista soviético: "sobrevivimos a Hittler, luego a Stalín, pero no sabemos si sobreviviremos a T..." Incapaz de nombrarlo, su silencio evidencia que el miedo se superpone al lenguaje.

 Ese es el sentimiento que nos embarga al culminar el año 2025. 

Ojalá que en el 2026 el mundo despierte y se sacuda frente al dinosaurio. Esperamos  que la capacidad de resistir sea mayor que la intimidación y que la sensatez se imponga con responsabilidad. Cuesta creer que no exista una respuesta global ante semejante insania y desmesura de poder. 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Carta a Belisario 40 años después


Por Elvira Sánchez-Blake 

Con motivo de la triste remembranza de los 40 años de la toma del Palacio de Justicia en Colombia, se han realizado varios eventos, informes, documentales y hasta películas que conmemoran el suceso.  Hasta mi casa de Venice, llegaron a entrevistarme acerca de mi parte en ese hecho histórico.  Me permito reproducir una carta que le escribí a Belisario y que nunca le mandé, pero aparece publicada en La patria que nos duele. En esta carta le reclamo su falta de valor para asumir que fue víctima de una toma de poder durante este episodio. 

 

Estimado Belisario, 

Usted solía iniciar sus discursos con una parábola. Cuando un pájaro se posa en una rama ya no es el mismo pájaro ni es la misma rama. Si además trina, entonces, ni el pájaro ni la rama ni el trino son los mismos, porque la confluencia de factores incide en la continua transformación: el devenir histórico. Esta parábola servía para ilustrar el aforismo del filósofo Heráclito sobre el fluido constante, “Nadie se baña dos veces en un mismo río”, al que usted agregaba, “ni es el mismo hombre el que se baña en él”.

Pienso en esta analogía para recordarlo cuando yo ejercí como redactora de la Oficina de Prensa de la Presidencia durante su administración. Son muchas las imágenes que afloran al rememorar los cuatro años de su gobierno. Cubrir su mandato día a día en mis labores como periodista se convirtió en un aprendizaje de vivencias intensas que me ha tomado el resto de mi vida comprender y decantar.

Sin embargo, lo que más recuerdo es el día de la toma del Palacio de Justicia. Fue esta la encrucijada que la historia del país se rompió en dos. El evento que marcaría el recrudecimiento de la violencia que ha azotado al país durante las siguientes cuatro décadas.

Aún conservo la imagen del encuentro que mantuvimos usted y yo aquel jueves 7 de noviembre. Habían pasado más de 24 horas desde la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19. En una operación que denominaron “Antonio Nariño por los Derechos del Hombre”, ingresaron al Palacio de Justicia y tomaron como rehenes a magistrados de la Corte, funcionarios judiciales y al personal que se encontraba en la edificación. Los guerrilleros reclamaban al presidente el incumplimiento de los acuerdos pactados el año anterior. De inmediato, el ejército respondió con una fuerza inusitada a sangre y fuego. 

Yo había logrado ubicarme junto con otros periodistas en la terraza del edificio del supermercado El Ley, una posición privilegiada desde donde pude observar el ataque por tierra y aire. Vi cuando las tropas de los Comandos Goes descargados por helicópteros saltaban sobre la terraza y se ubicaban en diferentes puntos estratégicos del Palacio de Justicia y en los edificios contiguos. Las ráfagas de metralletas alcanzaban a rebotar en la terraza donde nos encontrábamos. Nos obligaba a guarecernos bajo las cornisas, pero no nos impedía seguir paso a paso los acontecimientos.

Lo más aterrador fue cuando los tanques blindados de guerra comenzaron a atacar desde la Plaza de Bolívar horadando boquetes como si el edificio fuera un armazón de juguete. Cada disparo de cañón estremecía la tierra. Yo sentía que me encontraba en medio de una película de guerra: asaltos por todos los costados, ráfagas de metralletas, fogonazos en cada esquina. Mis compañeros camarógrafos captaban en sus lentes lo que ocurría en imágenes que después recorrerían el mundo. 

 
  
 

Esa tarde me atreví a cruzar en medio de la escaramuza por la Plaza de Bolívar, luego atravesé el Capitolio y llegué hasta al Palacio de Nariño. Cuando por fin me sentí segura en mi escritorio de la Oficina de Prensa, me enteré de la otra parte de la historia. Desde el inicio de la emboscada, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia le imploraba al Presidente de la República que detuviera el asalto militar. Los llamados se hacían cada vez más apremiantes desde la radio que transmitía en directo con la oficina del Magistrado: “¡Por favor, Presidente, detengan el asalto!” Sin embargo, la respuesta del Gobierno fue suspender las transmisiones y a cambio emitir un partido de fútbol. Los teléfonos repicaban sin cesar en la Oficina de Prensa. Nosotros, encargados de ser voceros del Presidente, no sabíamos cómo responder ante la insistente pregunta, ¿por qué el Jefe de Estado no responde al llamado del Presidente de la Corte Suprema de Justicia?

Esa noche el edificio sucumbió a las llamas. Desde la Plaza de Armas divisamos cómo la estela de humo se elevaba hacia un cielo incandescente. Entretanto las comunicaciones se habían silenciado. ¿Cómo era posible —se preguntaba el país entero— que Belisario no respondiera ante las demandas del Presidente de la Corte, ni siquiera cuando el Arzobispo, los expresidentes, y delegados internacionales se ofrecieron como mediadores del diálogo? ¿Era este el mismo mandatario que había prometido “ni una gota más de sangre”; el que había ofrecido pacificación y diálogo; el mismo que se enfrentó a los militares para lanzar su ambiciosa Amnistía; el que sonaba a candidato al premio Nobel de la Paz? 

Al día siguiente el silencio del gobierno era enervante. Yo me atreví a desafiar el confinamiento en la Oficina de Prensa y me asomé a las escaleras de caracol que conducían al tercer piso, donde se encontraba el despacho presidencial. Al intentar subir, me impidió el paso el edecán de la Fuerza Aérea.

    No puede pasar.

    ¿Y por qué?

    Son órdenes.

Intenté convencer al oficial con una actitud amistosa:

    Mayor, comprenda que necesitamos saber qué pasa. ¿Por qué el Presidente no responde?

Mientras le hablaba, desvié la mirada hacia el tercer piso y observé a un nutrido grupo de militares de alto rango debatiendo en la puerta del despacho presidencial.

La respuesta del oficial me dejó petrificada.

    El presidente ya no es presidente. El que está a cargo de la situación es mi general. Y sus órdenes son exterminar a los terroristas.

Las piernas me temblaban cuando regresé a la oficina. Mis compañeros se quedaron pasmados cuando les compartí lo que acababa de escuchar. Algunos se atrevieron a bromear. Tendríamos que aprender el lenguaje castrense.

Hacia el mediodía escuchamos que la operación había concluido. La ofensiva había sido aniquilada. Los guerrilleros fueron exterminados, así como los magistrados, el personal de la Corte y la rama judicial en toda su extensión. A esa hora vimos las imágenes televisivas de los pocos que salían con vida y eran conducidos al Museo Casa del Florero ubicado en la esquina de la Plaza de Bolívar. Entre ellos se encontraban empleados de la cafetería, estudiantes de derecho y personal de menor rango. Varias de estas personas fueron conducidas a instalaciones militares para ser interrogados y posteriormente fueron desaparecidas.

Los reporteros transmitían la identidad de los fallecidos en el operativo, más de 120 personas, entre ellos, el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Los teléfonos de la oficina de presa repicaban sin cesar. Nosotros ya no respondíamos. 

Yo no pude resistir y me encaminé de nuevo hacia las escaleras. Esta vez nadie me detuvo mientras ascendí cautelosa al tercer piso. Curiosamente, el despacho presidencial se encontraba vacío. Continúe hacia las oficinas contiguas. No vi a ningún funcionario. Me dirigí por el corredor a la sala del Consejo de Ministros. Un impulso me llevó a abrir la puerta. De repente me encontré frente a frente con usted, Belisario. Recuerdo su rostro demacrado y la angustia reflejada en sus ojos. Me llamó la atención que su cabello se hubiera encanecido de repente. Estoy segura de que se acuerda cuando me preguntó:

    ¿Qué ha pasado? 

Sorprendida de que usted no supiera lo que las estaciones radiales transmitían, contesté:

    Todo ha terminado.

    ¿El presidente de la Corte? –Preguntó alarmado.

    Está muerto —le respondí con temor—. Todos los magistrados murieron.

    ¿Está segura?

Hubiera querido no estar segura, se lo juro. Su angustia me inspiró una compasión profunda. Sin embargo, le respondí:

    Lo dicen todas las emisoras.

En ese momento llegaron otras personas. No recuerdo bien. Comprendí que lo que acababa de afirmar constituía su ruina, la de su carrera política, y la de todas sus ambiciones como gobernante y como persona.

Esa noche observé por televisión cuando se dirigió al país en la alocución presidencial y pronunció las siguientes palabras: “Yo me responsabilizo de todo lo ocurrido. El diálogo no es posible bajo presiones violentas”.

Durante las siguientes tres décadas me he preguntado, ¿por qué asumió una responsabilidad que no le correspondía? ¿Por qué nunca aceptó que fue víctima de un Golpe de Estado por parte de los militares? Al principio pensé que se imponía una cuestión de honor y de dignidad. Quizás constituía una carga muy grande admitir la debilidad de las instituciones en un país que se precia de ser la democracia más antigua de América Latina.

Sin embargo, ahora estoy convencida de que su silencio constituyó un error mayúsculo. Creo que sobre usted recayó el peor castigo: ser testigo viviente de la degeneración del proceso que usted inició en uno de desangre y horror. Su empeño en asumir una responsabilidad que no le correspondía fue mayor que el compromiso con la verdad.

La parábola del devenir histórico cumple así su precepto en forma paradójica. Su culpa no fue por haber tomado las decisiones equivocadas en la toma del Palacio de Justicia, como muchos creen. Fue por no haber enfrentado la verdad. Estoy convencida de que si el país hubiera sabido la desmesura de la acción militar que se tomó el poder, se habrían conocido mucho antes las arbitrariedades que se cometieron durante la toma y después de ella. Esto le daría al pueblo la posibilidad de juzgar a los responsables, tanto a la guerrilla como a los militares, y así se hubiera ahorrado mucho dolor. Con ese conocimiento los culpables de uno y otro lado habrían pagado con el peso de la Ley.

Desde la distancia temporal y espacial de ese evento, le pregunto: ¿No cree usted que el conflicto que degeneró en un Estado deslegitimado y en un proceso trunco se habría evitado, si usted hubiera tenido el valor de defender la legitimidad de las instituciones al aceptar que fue depuesto como el líder elegido democráticamente? En ese sentido, Belisario, recae sobre usted la responsabilidad por haber alterado el devenir histórico. Su famoso “pájaro, rama, más trino” no cabe en este enunciado. El pájaro que no trinó devino en un silencio cómplice y funesto. 

Publicado en La patria que nos duele:

Obra poética y narrativa de escritores colombianos en el exterior. 

 




 


 

 


viernes, 31 de octubre de 2025

¿Qué hay detrás de los ataques a lanchas pesqueras?

 

 Por Elvira Sánchez-Blake


Desde el 2 de septiembre comenzó la ofensiva en el Caribe del norte de Sur América: misiles lanzados contra lanchas pesqueras por parte de la armada de Estados Unidos. Al principio fueron episodios aislados, que pasaron desapercibidos y apenas llamaron la atención de la prensa internacional. El Departamento de Estado publicó videos "unclassified" en los que se ven pequeñas embarcaciones explotando tras ser alcanzadas por misiles, acompañados de comunicados escuetos que afirmaban: "Barcos narcotraficantes detenidos por la armada de EE.UU. en aguas del Caribe". 

Estos ataques se fueron intensificando con episodios en donde no es una lancha, sino, dos o tres o cuatro, con misiles más potentes y con ataques que se han extendido al Pacífico. En efecto, el gobierno ha ordenado al ejército estadounidense ampliar su ofensiva en el Pacífico oriental. Esta semana, cuatro embarcaciones fueron bombardeadas con un saldo de catorce muertos y un sobreviviente que fue rescatado frente a las costas de Guatemala y México. Hasta el momento se registran 63 muertos víctimas de esta ofensiva indiscriminada. 

¿Qué hay detrás de estos ataques? ¿Cómo se justifica que lanchas pequeñas pesqueras sean destruidas con misiles de largo alcance en aguas internacionales sin que medie ningún tipo de guerra declarada, misión armamentista o siquiera un aviso que justifique dichas medidas justicieras? Lo más inquietante es que, aunque los medios registran tímidamente estos hechos, no hay una respuesta contundente y todos parecen esperar que ocurra un evento de grandes dimensiones, como la caída de Maduro en Venezuela o de Petro en Colombia, los dos países amenazados.

Expertos internacionales hablan de un plan estratégico para derrocar a Maduro; otros perciben estas acciones como parte de un proyecto más ambicioso de Trump para intervenir y apoderarse del continente suramericano. Su reciente apoyo económico al gobierno de Argentina, con miles de millones de dólares, para fortalecer al partido que encabeza Milei, parece consolidar un proyecto ambicioso de control regional del continente.

Este viernes 31 de octubre, la Oficina Derechos Humanos de las Naciones Unidas finalmente se pronunció, señalando que los ataques militares contra botes en el Caribe y el Pacífico son inaceptables y deben cesar de inmediato. Hasta esta semana, solo el presidente Petro había expresado abiertamente su rechazo a los ataques llamándolos por lo que son: ejecuciones extrajudiciales y actos de guerra. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, también se atrevió a pronunciarse luego del ataque a cuatro embarcaciones, y exigió que se respeten los tratados internacionales. Sin embargo, La falta de condenas firmes por parte de organismos internacionales, revela una preocupante sumisión ante la intimidación que proyecta el mandatario estadounidense y el acatamiento pasivo de la comunidad internacional. 

En los comunicados que el Departamento de Defensa (o de Guerra) emite después de cada explosión se precisa que "los botes transitaban por rutas conocidas del narcotráfico y transportaban narcóticos”. A las víctimas los catalogan como "narcoterroristas”, sin mostrar evidencia alguna que sustente tales acusaciones en ninguno de los casos.

Todo parece indicar que se avecina una intervención militar en Venezuela con el propósito de derrocar a Maduro. Lo grave es que esta injerencia no se detendrá allí. Las incursiones de la Armada estadounidense en el Caribe y el Pacífico revelan una estrategia más ambiciosa destinada a imponer un proyecto de expansión continental, guiado por intereses económicos y geopolíticos que avanzan sin control ni freno en la esfera internacional.





lunes, 13 de octubre de 2025

Cruzada antinmigrante: más deshumanizante que nunca

 

 
 
La ofensiva anti inmigrante continua con una escalada agresiva de redadas y detenciones a lo largo y ancho del país. A las redadas del ICE  se han unido las tropas militares en ciudades demócratas como Chicago, Washington, Boston y Portland.  Las escenas de violencia contra la población civil se han vuelto tan frecuentes que la opinión pública las ha normalizado, diluidas en la baraunda de noticias de supuestas pacificaciones en el Medio Oriente, el cierre del gobierno y las tarifas impuestas a artículos de primera necesidad.

Mientras tanto se suman las detenciones y deportaciones arbitrarias. A la fecha se registran más de 400 mil deportados, según cifras del Departamento de Seguridad nacional (DHS).  Estos números no incluyen a los que supuestamente se "auto-deportaron" o que fueron removidos a través de otras instancias informales. 

 Por otro lado, se estiman que a la fecha permanecen alrededor de 60.000 personas en los centros de detención. Muchas de ellas tienen Estatus de Protección Temporal (TPS), especialmente los migrantes de Venezuela. Asimismo, se han registrado numerosos casos de beneficiarios de DACA (Deferred Action for Children Arrivals), quienes poseen los documentos legales para permanecer en el país, pero no se les respeta su estatus legal.

 Con el cierre del funcionamiento del gobierno desde finales de septiembre, la atención en los centros de detención se han visto afectadas y las condiciones ya inhumanas se han deteriorado aun más. Se estima que al menos 22 personas han muerto bajo la custodia de ICE en varias partes del país, la cifra más alta en más de 20 años. 

El caso de Danny, un joven de 26 años que llegó a los tres años de edad a Florida con sus padres mexicanos, ilustra la ignominia perpretada por la actual administración en su escalada antiinmigrante. Danny creció, estudió y ahora trabaja como profesional en Arizona. Él está amparado por los documentos de DACA. 

Danny salió de una fiesta en la ciudad de Tampa el pasado 24 de mayo y fue detenido por la policía. Él presentó su identificación y respondió a las preguntas del oficial. Sin siquiera realizarle la prueba de licor, recibió un DUI. Fue llevado a la cárcel y allá fue interrogado sobre su estatus migratorio. Cuando presentó sus papeles de DACA no fue tenido en cuenta, y aun después de pagar la multa, fue arrestado por ICE sin motivo.

 Danny fue trasladado a varios Centros de detención en Miami, Texas y Colorado. Su madre relata que permaneció tres semanas sin saber dónde se encontraba. Cuando logró hablar con las oficinas de ICE supo que estaba en Colorado y por fin se pudo comunicar con su hijo. Ella cuenta que todo el proceso de lidiar con abogados ha sido horrendo. Los abogados le cobran citas para luego no aceptar el caso. En cada centro de detención se ve obligada a cambiar los abogados, y cada uno cobra con exceso un caso que debería resolverse fácilmente, demostrando que Danny tiene derecho legal de permanecer en el país. 

Danny ha pasado por varias  audiencias en agosto, septiembre y octubre, y aunque se ha demostrado su situación legal, los jueces no le han otorgado la libertad. Su madre, al borde de la desesperación lo resume así: "Lo que quieren es sacar a todos los hispanos, no importa su condición legal".

El caso de Danny ilustra claramente que las políticas antimigrantes obedecen a una cruzada racista, cuyo objetivo es eliminar y sacar del medio a la población hispana y otros grupos considerados  no deseables, con el fin de imponer un mandato cada vez más autoritario y fascista.

 

 

 

 

viernes, 19 de septiembre de 2025

La ofensiva contra la libre expresión

 Por Elvira Sánchez-Blake

Ahora sí, el magnate se lanzó con todo. Sin escrúpulos ni ambages, pasando por encima de todas las leyes y ordenanzas, en especial, la primera enmienda de la Constitución, desplegó su ofensiva feroz contra la libertad de expresión. Ya no importan las salvaguardas que históricamente han caracterizado a Estados Unidos: al gobierno y a sus lacayos solo les interesa consolidar su mandato represivo y silenciar todas las voces disidentes.

La censura alcanzó un punto álgido esta semana con la cancelación del programa del comediante Jimmy Kimmel de la cadena ABC, tras un comentario sobre el asesinato de Charlie Kirk, un personaje sobre el que se ha prohibido hablar en los medios sociales y en las cuentas de los servidores públicos, incluidos los maestros de escuelas públicas. La osadía de Kimmel le costó la salida inmediata del aire. 

La ofensiva contra la libertad de expresión comenzó casi desde el principio de la administración con señalamientos y demandas contra medios como 60 Minutes, de la cadena CBS. Trump los acusó de manipular una entrevista con la candidata Kamala Harris para influir las elecciones del 2024. Es decir, algo que sucedió aun antes de asumir la presidencia. Luego, vinieron demandas arbitrarias contra grandes medios impresos como el Wall Street Journal y el New York Times. El caso del Washington Post fue más sutil, pero igual de devastador. Con el beneplácito de su dueño Jeff Bezos, desaparecieron de un día a otro los columnistas de mayor influencia, sustituidos por otros que no se atreven a criticar al mandatario y se dedican a temas banales y superfluos. El Washington Post se ha convertido en una vergüenza.

Otras ofensivas incluyen la suspensión del acceso de la agencia Associated Press a la Casa Blanca, la investigación de la Comisión Federal de Comunicaciones contra NPR y PBS, el recorte de fondos para estos medios y el cese de operaciones de la Voz de América y Radio Libre La medida que decretó el cierre de NPR y PBS, pilares de la radio y la televisión públicas en Estados Unidos,  es un ataque despiadado contra miles de emisoras de radio y canales de televisión que operan en las zonas más apartadas del país.

En mayo, el mandatario logró la suspensión del Show de Steve Colbert, con una estrategia de extorsión a la programadora Paramount, la propietaria de CBS, donde se transmitía el super popular programa nocturno. Al menos Colbert sigue su contrato hasta mayo del 2026 y su arremetida contra el mandatario es también virulenta.

Entretanto, el Wall Street Journal fue demandado por la publicación de una carta de cumpleaños enviada por Trump a su amigo Jeffrey Epstein en el que se veía una figura de mujer con la firma del mandatario. El New York Times recibió otra demanda la semana pasada por $15 billones de dólares, por difamación y por perjudicar la imagen del magnate en sus publicaciones.

La estrategia es muy acertada. Se trata de asfixiar a las corporaciones que sustentan los medios y canales por medio de demandas billonarias que no les permite subsistir. Las cadenas televisivas se han visto obligadas a acatar las órdenes de despido de sus estrellas, columnistas, periodistas renombrados y comediantes para mantenerse. Es un truco de negociante sin escrúpulos: degollar a la gallina de los huevos de oro para quedarse con los restos.

Es la misma táctica dirigida a las instituciones educativas. Universidades como Harvard, Cornell, Columbia y otras de gran prestigio, enfrentan presiones legales para acatar sus censuras que restringen la libertad de cátedra. En colleges más pequeños, las condiciones se han convertido en humillantes para los profesores, quienes deben pasar sus prontuarios y planes de estudios a la aprobación de las Juntas académicas  antes de comenzar cada semestre. Además, se les ha dado carta blanca a los estudiantes de grabar sus clases en caso de cualquier “desliz ideológico”. Como es sabido, los temas de género, de clase o de esclavitud han sido prohibidos en las aulas.

Es evidente que la  Primera Enmienda está en jaque como nunca antes había estado. Como señala Boris Muñoz en el diario El País, la amenaza más grande en el mundo no son las guerras, sino “la infoguerra”, la batalla global contra la información. Se trata de una guerra contra la verdad, la imposición de un relato hegemónico que controla la ideología política y la religión, en la que sus mayores víctimas son la democracia y la libertad2.

Nos encontramos en una encrucijada en que lo que está en juego es el libre albedrío. Sin libertad para pensar, actuar o expresar, el mundo se convierte en un ente monolítico, aterrorizado y las nuevas generaciones crecerán en un ambiente confuso y amordazado. Se cumplen así los designios de los grupos ultraconservadores que, como señala Muñoz, buscan “desmantelar los mecanismos de la democracia para establecer la hegemonía de un grupo de poder compuesto por multimillonarios xenófobos, antiinmigrantes y supremacistas blancos, alineados en torno a una racionalidad retrógrada”.