lunes, 6 de noviembre de 2017

Una herida que no cierra: El Holocausto del Palacio de Justicia

por Elvira Sánchez-Blake

 Foto Mauricio Velez (Semana.com)

Hoy se cumple un aniversario más del fatídico Holocausto del Palacio de Justicia ocurrido el 6 y 7 de noviembre de 1985 en Bogotá. Un hecho trágico que dividió la historia de Colombia en dos, antes y después de este magnicidio.  Una vez más, los medios de comunicación registran en sus páginas las versiones de uno y otro lado reviviendo nuevamente los lacónicos testimonios de los familiares de víctimas y desaparecidos. Surgen los mismos interrogantes que  por tres décadas han intentando descorrer los resquicios de la esquiva verdad. Mientras que esta verdad no se sepa será imposible cerrar la herida que permanece abierta en la historia del país.

Han pasado 32 años y las preguntas continúan: ¿quién ordenó la matanza de los magistrados y rehenes? ¿Por qué el Presidente Betancur no respondió al llamado del Presidente de la Corte pidiendo detener la ofensiva militar? ¿Quién detuvo a los empleados de la Cafetería y a dónde fueron conducidos? ¿Por qué no ha sido posible obtener sus restos? ¿Cuáles fueron los verdaderos motivos del M-19 para realizar esta incruento asalto contra el sistema judicial? La suma de respuestas a estos interrogantes han sido compilados en investigaciones y archivos judiciales; se han rodado películas y documentales; se han escrito novelas, crónicas, entrevistas y reportajes por doquier. Sin embargo la verdad real sobre los hechos continúa oculta y a medida que pasan los años, se vela cada vez más. Es como si se esperara que los protagonistas y actores del incruento episodio desaparezcan y con ellos, las huellas de la tragedia.

La espera que más desespera es la promesa de que el propio Presidente de la época, Belisario Betancur revele su propia verdad, la que aclararía muchos de los hechos y permitiría cerrar algunas de las heridas más profundas de este evento. Betancur anunció que su testimonio solo será conocido después de su muerte. Me pregunto, a qué le teme tanto, cuál es el oprobio tan nefasto que ha querido evitar todo este tiempo.

Como periodista de la Oficina de Prensa de la Presidencia del momento, recuerdo con exactitud el momento en que abrí las puertas de Consejo de Ministros del segundo piso del Palacio de Nariño y me encontré con el rostro desencajado de Betancur, quien me preguntó qué había pasado.  Yo le conté lo que todas las emisoras acaban de anunciar, el desenlace de la toma del palacio de Justicia. Entonces, él me interrogó perentorio:
           
            ¿El Presidente de la Corte?
             Está muerto, le respondí.
             ¿Está segura?
             Lo dicen todas las emisoras.

Este diálogo que he repetido infinidad de veces no me lo inventé y no fue fortuito. Yo no sé qué ocurrió antes ni por qué se encontraba en ese momento en el Consejo de Ministros acompañado de algunos colaboradores, ni por qué el presidente desconocía lo que estaba pasando.  ¿Hubo un Golpe de Estado? El gran interrogante que sigue sin ser despejado.

Colaboradores cercanos al Presidente corroboran la toma de poder por parte de los militares.  Bernardo Ramírez, quien había sido Ministro de Comunicaciones, y era muy cercano a Betancur,  lo expresa así en entrevista con Castro Caycedo:

En la desgracia del palacio de Justicia hubo un golpe de Estado de los militares. Fue un golpe de Estado técnico, porque el presidente les dio la orden. Mire: lo de fondo es que los militares desobedecieron la orden del presidente: vayan al Palacio de Justicia, hay que recuperar la autoridad, pero por favor, cuiden primero que todo la vida de los rehenes, y de los guerrilleros también porque son seres humanos… Pero los militares estaban sedientos de venganza, y esos mandos de esa época eran siniestros, les chorreaba sangre, fueron a lo que querían. A ellos no les importaba que fueran magistrados, o que fueran mujeres, lo que querían era vengarse de todas la humillaciones que habían sufrido, de pronto por su propia incompetencia[1].

Esta desobediencia de parte de los militares la confirma el entonces Ministro y luego, procurador General de la nación,  Alfonso Gómez Méndez,  quien dirigió una de las investigaciones  más serias sobre los hechos del palacio de Justicia y presidió un debate en la Cámara de Representantes. Gómez,  asegura que el cese de fuego fue ordenado por el Presidente, pero no fue atendido por los militares[2].  Entonces, ¿quien dirigió el ataque? Según Gómez, fue el propio Ministro de Defensa, General Miguel Vega Uribe.

Todos sabemos que el Presidente Betancur asumió la responsabilidad de los acontecimientos la noche del 7 de noviembre de 1985 al dirigirse al país por televisión:  “Asumo la responsabilidad de lo ocurrido… El gobierno no podía negociar bajo presiones violentas”.  Recuerdo esas palabras con intensidad porque yo no me explicaba que el mismo hombre a quien le había abierto la puerta esa tarde y que desconocía el desenlace, afirmara con tanto vehemencia esta versión de los hechos. Mi padre, me lo explicó con una argumento que aun resuena en mi mente: “para el país era peor conocer la vulnerabilidad de las instituciones y confirmar la falacia de democracia que nos ufanamos de poseer”.  

Este argumento sigue siendo válido en 2017 cuando el país trata de recuperarse de una guerra cruenta generada por injusticias sociales de todo tipo, así como tratados y acuerdos de paz  que en su momento han sido desconocidos y saboteados por oscuras fuerzas que intentan a todo costo impedir la posibilidad de una verdadera paz. Al igual que en los años ochenta, hoy tras los acuerdos del gobierno con las FARC, se lleva a cabo una ofensiva persiguiendo y aniquilando a los líderes sociales y a los promotores de paz.  Seguimos viviendo en una falacia de democracia que no reconoce las decisiones de los gobernantes y que sigue sometida a la voluntad de caudillos que enarbolan un poder soterrado, amparado por el clientelismo, las hordas de bandas criminales que lo asesoran y obedecen, y un pueblo que sigue enajenado por la quimera de un discurso manipulador y mentiroso. Ese es el legado que nos ha dejado décadas de desconocer la verdad, de vivir en los intersticios de mentiras y ocultamientos, de una democracia exigua y raquítica.

Sr. Betancur, es hora de conocer su verdad, así sea tan dolorosa y apabullante para el país y para su figura como gobernante. Solo así podremos emerger de las cenizas de la democracia.
           




[1] Castro Caycedo, Germán. Palacio sin máscara. Planeta, 2008. P. 239.
[2] Castro Caycedo, p. 257.

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