miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Quién nos salva del tirano?

Por Elvira Sánchez-Blake
 

Trump ha emprendido una cruzada para quitar del medio a los “tiranos” que le caen mal. Comenzó con Maduro, en Venezuela; siguió con Jameneí en Irán, y ya por el de Cuba. Su argumento es que estos dictadores representan una amenaza global y hay que sacarlos del medio. No niego que Maduro y Jameneí hayan sido unos dictadores perversos, pero no se comparan con la amenaza real que representa el propio Trump. Estamos bajo el mandato de alguien capaz de desencadenar conflictos globales basándose más en caprichos políticos que en principios de seguridad y justicia.

Desde antes de asumir su segundo mandato se sabía que la agenda de Trump apuntaba a la destrucción. La campaña contra los inmigrantes desatada con furia y sevicia; centros de detención masiva, deportaciones y violaciones de todos los derechos humanos. Incluso, muertes de civiles y de ciudadanos norteamericanos sin ninguna consideración.

Al mismo tiempo la administración Trump ha desestabilizado los mercados a nivel internacional y los acuerdos económicos con la imposición de tarifas y presiones económicas a los países que no se someten a sus caprichos. Se ha dedicado a atacar la prensa y está ejerciendo censura contra los medios que se oponen a sus directrices. Además, ha desatado una campaña masiva en contra de las instituciones educativas con chantajes económicos para eliminar los programas de Diversidad, Igualdad e Inclusión. Recientemente, ha amenazado con invocar poderes excepcionales como la Ley de insurrección, ante el mínimo desafío político interno. Además, se vanagloria en recordar el poderoso aparato militar que posee Estados Unidos y que lo hace imbatible contra cualquier enemigo.

Su reciente decisión de ordenar una operación militar conjunta con Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, representa un punto de inflexión peligroso. Si examinamos las motivaciones para empezar esta confrontación veremos que no tiene nada que ver con liberar a Irán de un régimen de represión.

1. Demostrar poder absoluto: Queda claro Trump quiere afirmarse como es el supremo líder del mundo, por encima de leyes o instituciones que lo limiten.

2. Egocentrismo: Su retórica autoritaria y estilo de gobernar apuntan más al culto de la personalidad que a la defensa de ningún valor moral ni democrático.

3. Alianza con líderes autoritarios: Su necesidad de demostrar autoridad y poderío lo llevó a aliarse con Benjamín Netanyahu, sin darse cuenta que al hacerlo se convertía en su marioneta.

4. Intereses geopolíticos y económicos: Al invadir Irán intenta asegurar el mercado energético de esta nación y de los países que lo rodean en la región del Oriente Medio..

5. Distraer las investigaciones de las lista Epstein: Dado que las pruebas de su vinculación con la red de pedófilos de Epstein no han podido ser suprimidas por su aliada, la procuradora general, Pam Bondi, no tuvo más remedio que embarcar a Estados Unidos en una guerra de dimensiones impredecibles, con el fin de distraer la atención pública.

Nos encontramos en medio de una confrontación que puede escalar a grandes proporciones sin ninguna estrategia para controlar la escalada bélica en el Medio Oriente. La acción temeraria, arbitraria y absurda de Trump en concierto con Netanyahu, no augura nada bueno. El régimen iraní sigue en píe, instaurando terror en la región. La comunidad internacional se encuentra dividida y temerosa de un conflicto mundial más amplio, especialmente si actores como Rusia, Turquía y las naciones europeas deciden intervenir más directamente. Francia ya mandó sus buques de guerra para defender sus intereses en la región.

La historia nos enseña que las guerras nunca han generado ningún beneficio. Tras la Segunda Guerra Mundial, se crearon mecanismos para actuar con sensatez, diálogo y negociación con el fin de evitar otra catástrofe mundial. En el siglo XXI estamos abocados a arsenales teledirigidos que se lanzan con oprimir un botón y sin que el agresor se involucre. Y la persona con el poder de dar la orden para oprimir ese botón es precisamente la mayor amenaza mundial.

¿Quién se atreve a salvarnos del tirano mayor?

jueves, 12 de febrero de 2026

Bad Bunny hizo a America grande de verdad

   

El show de Bad Bunny en el medio tiempo del Super bowl fue un acontecimiento histórico porque le recordó al mundo lo que todos sabemos: América no es solo un país, es un continente que comprende una amalgama de razas, lenguas, tradiciones y culturas. Con su puesta en escena, el artista puertoriqueño reafirmó la identidad hispana en un espectáculo que hizo a América Great Again en un sentido más amplio y verdadero.

El show de Bad Bunny ha causado conmoción en el mundo. Muchos lo alabaron y otros se incomodaron.  El mensaje es muy claro: el amor debe primar sobre el odio. Una de las mayores críticas fue, "no se entendió". ¿Qué fue lo que no se entendió? Los simbolismos hablaban por sí mismos: el pueblo con sus vendedores callejeros en medio de casitas de palma; el matrimonio realizado en pleno espectáculo con un niño durmiendo en una silla; las plantaciones de caña y los postes de la luz en corto circuito. Las escenas mostraban la vida natural de la isla y de cualquier lugar en Latinoamérica. Los artistas invitados representaban la diversidad americana: Lady Gaga de Estados Unidos, Carol G de Colombia, Ricky Martín de Puerto Rico, junto a bailarines de diversas procedencias. El rótulo del balón, en un close up de cámara, no pudo ser más explícito: Together We Are America.

El acto culminante fue el desfile de todas las banderas del continente iniciado con el grito God Bless America, y seguido por la mención de cada país. Fue un momento apoteósico que subrayó la grandeza del evento y su alcance simbólico. El artista recordó lo que muchos han olvidado: América es una sola, Nuestra América, como proclamó José Martí hace más de un siglo.

El hecho de que el espectáculo se ejecutara en español incomodó a muchos. Resulta que 40 millones de personas hablan esta lengua solo en Estados Unidos, y 500 millones en todo el mundo. Aún así, en ciertos sectores, el uso del español es considerado como una afrenta. No es casual que uno de los primeros mandatos del actual presidente haya sido declarar el inglés como único idioma oficial. Los hispanos nos sentimos incómodos de hablar español en público ante la posibilidad de miradas hostiles o del ofensivo, Go Back to your country, como sucede a menudo. Por eso resulta admirable que Bad Bunny haya tenido el valor de expresar en este idioma el sentir de todo un continente en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Uno de los momentos más elocuentes del show fue ver a Ricky Martín entonando el estribillo: Que no nos pase lo que le pasó a Hawaí. Para algunos la frase pasó desapercibida. Para otros fue una advtertencia perentoria. A mí me tocó personalmente. En mi paso reciente por Hawaí, observé de primera mano la cultura de los hawaianos reducida a un entretenimiento turístico. Lo que no recuerdan muchos es que los norteamericanos tomaron posesión de la isla en el siglo XIX, derrocaron a la reina legítima, y  convirtieron a Hawaí en un estado en 1959.

La cultura hawaiana  sobrevive como atracción turística en las danzas hula, las canciones acompañadas del ukelele y vestimentas coloridas de palmas. El idioma originario se ha perdido, así como sus tradiciones y creencias. Esta fue la advertencia de Ricky Martín: Puerto Rico lleva más de un siglo como territorio de Estados Unidos, pero aún conserva su cultura, su idioma y su identidad. El mensaje fue contundente: que no nos pase lo que le pasó a Hawaí.





viernes, 9 de enero de 2026

La intervención de Venezuela: ¿una nueva colonización?

Son muchas las visiones e intepretaciones en torno a la captura de Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos. No se puede negar que se trató de un golpe bien planeado, con una estrategia deliberada y un resultado eficaz. La captura de un dictador abominable que ha causado tanto dolor bajo un régimen sangriento, ilegal y desmesurado puede ser considerado un acto de liberación. Así lo han sentido muchos venezolanos que se ven por fin liberados del verdugo; otros lo intepretan como un éxito de la política de Trump para enarbolarse como supremo regidor del mundo. Desde mi perspectiva, esta acción constituye una invasión ilegal que desconoce todas las normas del derecho internacional, vulnera la soberanía de Venezuela y pasa por alto los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas sobre la prohibición del uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad. En última instancia, esta acción nos regresa a los tiempos de la colonia.

Los intereses detrás de esta intervención no pretenden defender a los venezolanos ni facilitar una transición hacia la democracia real. El propio Trump dejó claro  que uno de los objetivos era asegurar el control de los recursos petroleros venezolanos y posicionar a empresas estadonidenses en la reconstrucción del sector energético del país. El hecho de no permitir que el presidente elegido democráticamente en 2024, asuma formalmente el poder, ni autorizar la liberación de los presos políticos, revela las intenciones del magnate: la colonización de Venezuela bajo un nuevo orden. 

El analista político Rodrigo Uprimy lo expresó con claridad en La silla vacía:

“Las declaraciones de Trump en su discurso celebratorio de la intervención militar en el que, lejos de hablar del retorno a la democracia en Venezuela, se refirió sobre todo a intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos (como el petróleo venezolano) y dijo que ellos van a administrar Venezuela por un buen tiempo son reveladoras. Obviamente  será Trump quien defina cuando se reúnen esos requisitos. Esto no es apoyo a la democracia en Venezuela: es puro colonialismo.

La falta de claridad sobre el futuro de Venezuela, junto con el temor de que esta intervención no se limite a este país, sino que continúe con las naciones que no se alinean con Washington, mantiene a toda América Latina en un estado de incertidumbre. ¿Quién será el próximo? Existen señales suficientes para pensar que las intenciones de Trump son apoderarse del hemisferio y ejercer el control total sobre las Américas. Lo ha dicho sin ambages en la reedición de la doctrina Monroe titulada “Estrategia de Seguridad Nacional” publicada el pasado noviembre. Según Uprimy, este documento "literalmente dice que Estados Unidos va a restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental."

La captura de Maduro y de su esposa marca el comienzo de una estrategia más compleja y siniestra. Las condiciones están dadas para que Trump en toda su omnipotencia (suministrada por la Corte Suprema de Justicia y el Congreso), se apodere de América Latina colocando presidentes aliados, invadiendo los países que no se conforman con sus directrices e imponiendo controles y embargos comerciales a los que no se sometan. En este escenario, los organismos multilaterales, las leyes y las normas internacionales han sido completamente ignorados, y todo indica que así continuará, porque en última instancia, Trump hará lo que le dé la gana sin frenos ni salvaguardas que lo limiten.