martes, 15 de enero de 2019

Los secretos de Espiral de Silencios/Spiral of Silence

Por Elvira Sánchez-Blake

            El 15 de enero salió al mercado la traducción de la novela Espiral de Silencios, editada por Curbstone books, una filial de Northwestern UP. La traducción estuvo a cargo de Lorena Terando, profesora de traducción e interpretación de de la Universidad de Wisconsin en Milwaukee. El prólogo lo escribió mi consejera mentora y amiga de Cornell University, Debra Castillo.

            El proceso de escribir y publicar esta novela primero en español y luego en su traducción al inglés ha sido un inmenso desafío durante años de labor, agonías y sacrificios, pero también me ha generado grandes satisfacciones. Todo el proceso ha contribuido a crecimiento interior y madurez intelectual. 
Todo empezó una tarde de 1993 cuando me reuní con una compañera de la Universidad del Valle donde tomaba un curso sobre género y literatura. Mi compañera me había pedido algún tipo de ayuda con un texto que estudiábamos.  Fue así como la invité a mi apartamento para conversar.  Como parte de la discusión del texto que nos ocupaba surgieron anécdotas de su vida.  Yo quise saber más y ella me contó su historia. Esa noche la recuerdo como una experiencia de gran intensidad. Al calor de una jarra de agua de panela María Isabel Giraldo me contó la historia dramática de su vida como militante de un grupo guerrillero y su lucha por sobrevivir en medio de los avatares de ser madre, guerrera y activista. Esa noche, ella también me entregó una carta dirigida a su hijo Miguel. Me pidió  que se la guardara. Miguel había nacido en la cárcel cuando ella tenía apenas quince años. El niño le fue sustraído de su lado con la pretensión de que no se admitían bebés en una prisión. Cuando ella salió amnistiada nunca lo pudo encontrar. Su búsqueda incesante la llevó a ser parte de el ELN y a convertirse en luchadora y activista.  En los últimos tiempos había desertado del grupo guerrillero y se encontraba huyendo por amenazas de muerte.  Después de esa noche nos vimos un par de veces en clase, pero al poco tiempo ya no regresó.  Lo que pasó después fue desconcertante. Ella no terminó el curso ni la volví a ver.  La busqué a través de contactos comunes y nadie supo darme razón. Simplemente desapareció. Yo me quedé con la carta a su hijo que en realidad es un poema: 
Yo madre cósmica
los alimenté con fuego
para luego abandonarlos 
en una tierra promisoria
en donde por ser se paga un precio,
el precio de la muerte.

            “Yo madre cósmica los amamanté con fuego”, se convirtió en  un aliciente. “Para luego abandonarlos en una tierra promisoria, donde por ser se paga un precio…” fue un estímulo… “El precio de la muerte” fue un compromiso con la petición de esta mujer. Tal vez no encontraría a su hijo. Quizás ella pagó el precio de la muerte.  Sin embargo, pensé que podría redimirla haciendo público su testimonio. Pero este proceso tomaría muchos años todavía.
Más adelante, durante el estudio de doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell, empecé a buscar textos sobre la participación de la mujer en el conflicto colombiano.  Mi idea era establecer un paralelo entre la experiencia femenina en la violencia con otros testimonios latinoamericanos.  Ante la ausencia de obras que registraran narrativas de la mujer en medio de la violencia en Colombia mi alternativa fue recoger yo misma estos testimonios. Dada mi experiencia como periodista en las técnicas de reportaje y entrevista, empecé la tarea de buscar contactos con mujeres que estuvieran dispuestas a contar su historia.
Inés fue mi primer contacto. Ella era una sobreviviente de la violencia de los años cincuenta que participó posteriormente como enlace del M-19. El día que la conocí me llamó la atención el tapiz llamado “Mujer” que destacaba en su almacén de artesanías. En ese tapiz se cifraba su vida. La expresión hábilmente lograda en la figura del telar reflejaba cómo las torceduras de la vida han moldeado la mujer que era ella. Luego, conocí a María Eugenia Vásquez, una excombatiente del M-19, quien estuvo dispuesta a contarme su historia.  En ese momento María Eugenia  se encontraba escribiendo su libro  “Escrito para no morir: Bitácora de una militancia”. Tuve la oportunidad de leer varias versiones del mismo en mi tentativa de comprender y analizar las razones de su militancia. María Eugenia me contactó con otra compañeras y pude conocer a fondo las razones y motivaciones de las militantes de grupos revolucionarios desmovilizados.
Estas historias constituyeron una sección de mi disertación y de mi libro, Patria se escribe con sangre, publicado por la editorial Anthropos en el año 2000. Una de las consecuencias inesperadas de la experiencia de recolección de testimonios y análisis de las historias de la mujer en la violencia, me ocurrió en una forma de síntesis existencial. Algunas de las entrevistas con desmovilizadas no pudieron ser registradas y otras quedaron por fuera porque no se ajustaban a los requerimientos académicos.  La historia de María Isabel seguía rondando, pero no tenía una grabación, ni siquiera notas. Solo la carta que ella me dejó. Todos este tiempo de recolección de testimonios con mujeres que tenían experiencias similares me traían de nuevo su imagen. Me sorprendí recordando pasajes de esta historia y buscando cauces para poderla materializar. No podía hacerlo desde el testimonio puesto que era una historia inconclusa y  por carecer de herramientas etnográficas.
Decidí entonces escribirla en forma de novela. La uní con otras historias y empecé a tejer una ficción alrededor de los testimonios de historias de vida que había conocido y recolectado.  El resultado es la novela Espiral de silencios. Tres voces femeninas condensan sus historias inscritas en eventos históricos que parten de la década de los ochenta y se proyectan hasta comienzos del dos mil. En ellas se narran las historias de un paramilitar, un guerrillero y un sicario, hijos de la misma mujer. Las tres voces femeninas entretejen sus historias alrededor de la lucha entre estos bandos en el escenario de un pueblo antioqueño.  Al final las mujeres se unen para detener la guerra bajo las consignas ¡No más guerra, no más odio, no más sangre!”.  Esta idea nació como reconocimiento a los movimientos de mujeres por la paz que surgen en varias regiones de Colombia.
La novela es en suma un reflejo de la historia de Colombia reciente en busca de alternativas de paz desde una perspectiva femenina. Las historias que se narran son basadas en hechos y personajes reales. La protagonista, Mariate, se basa en María Isabel, la mujer que me contó su historia una noche al calor de una agua de panela. Yo me atreví a darle cuerpo y materialidad como una forma de redención y de expiación a través de la reconstrucción de su memoria y de su inscripción como forma de supervivencia. En cierta forma, me sentí portadora de una historia que en cierta forma redime la memoria de una mujer que no sobrevivió para contarla. La novela contiene además la carta a su hijo en forma de poema.
Pero la historia también recoge ecos de los testimonios de Inés, de María Eugenia y de las mujeres que participaron en las entrevistas recolectadas para mi proyecto académico.  Las historias se tejen como el tapiz de Inés en una sola figura que representa a todas y en forma alegórica “a una mujer emergiendo de las llamas del infierno contorsionada por el dolor. Los brazos extendidos hacia el cielo  intentan alcanzar las nubes donde se asoman querubines celestiales que le tienden la mano” (Espiral 161). El tejido aparece como eje de significación y como metáfora fundamental de la novela. Las tres voces narrativas se tejen a lo largo de la novela en forma discursiva para unirse al final en la causa que las une. El tejido como alegoría representa a la vez las iniciativas de mujeres que a través del bordado, el tejido, las cochas y los textiles, han plasmado sus memorias y sus retos por la supervivencia a lo largo y ancho del país en la búsqueda de paz y de estabilidad.
Espiral de silencios también se inspiró en las iniciativas de mujeres que emergían a principios del dos mil y que tenían como fin resistirse a la guerra en regiones afectadas por la violencia. Estas iniciativas fueron tomando fuerza y adquiriendo poder político hasta constituirse en una de los promotores del proceso de paz que se han consolidado actualmente en Colombia. Las organizaciones de mujeres se unen para denunciar y oponerse a los grupos armados de todas las vertientes políticas: insurgentes revolucionarios, grupos paramilitares, militares y estatales, para reivindicar los derechos humanos de la sociedad civil.  Sus acciones generan confianza y solidaridad de organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes, de desplazados, de víctimas, de familiares de víctimas de secuestrados y desaparecidos.
Estoy convencida de que la literatura posee una magia y una clarividencia. Mi novela profetiza la fuerza de las mujeres que desde el principio del milenio han crecido y fortalecido la lucha de las organizaciones por la reivindicación de los derechos fundamentales.  Varias de estas organizaciones como La Ruta Pacífica de  las Mujeres  se han consolidado como un movimiento que influyó notablemente en las negociaciones de paz. Sus consignas, La Paz Haremos, Ni un peso ni un paso para la guerra, No parimos para la guerra, complementan las arengas de la novela: No más guerra, no más odio, no más sangre, como un clamor colectivo para detener la guerra.
            Por último, la novela es también mi propio testimonio como portadora de un secreto de gran trascendencia. Como periodista de la Oficina de prensa de la Presidencia, tuve la oportunidad de ser testigo inmediato de varios acontecimientos históricos que marcaron la historia del país. Uno de ellos fue la toma del Palacio de Justicia y su posterior holocausto. No solo viví los acontecimientos en primera fila, sino que presencié la usurpación de poder de los militares al presidente Belisario Betancur el 6 de noviembre de 1985.  He contado esta historia en varios foros, publicaciones y entrevistas, pero siempre ha sido puesta en tela de juicio. Esto me ha llevado a considerar las múltiples facetas de la verdad. Porque la verdad es elusiva y porosa y depende de la intención de quién la dice.  El impacto que este evento tuvo en mi propia existencia lo resumo en palabras de una de mis personajes, Norma:
Yo me hacía la que no comprendía nada, pero en el fondo comprendí muchas verdades. Me di cuenta de la farsa en que vivíamos: la vulnerabilidad del estado y la falacia de democracia que nos ufanábamos de poseer. Yo que hasta ese momento prefería no saber ni entender, ese día ante la magnitud de lo ocurrido, abrí los ojos ante una realidad inconmesurable: ese 6 de noviembre el país vivió una de las tragedias más grandes de su historia, que marcaría el fin de un proyecto de paz y el principio de una era inexorable de violencia (Espiral 98).
Al escribir mi propia versión de los hechos he podido revelar esta verdad como un secreto a voces. No importa cómo se lea o cómo se interprete. El secreto ha sido develado por medio de la ficción.  De la misma manera, en la novela cuento otros episodios que tuvieron un impacto fundamental como la toma de la Embajada de República Dominicana  y el robo de armas del Cantón Norte por parte del M-19;  el nacimiento del movimiento MAS que precedió a los paramilitares, el principio de la era de terror de Pablo Escobar, así como otros eventos decisivos de la década de los ochenta.  Mi deseo utópico es que la coyuntura actual después de la  firma de paz le dé la oportunidad al país de emerger de las cenizas y contrariar la condena en la que pareciéramos  naufragar sin esperanza, y que la resume una personaje de mi novela:
"Señorita,  no está viendo nada nuevo.  Yo llevo años viendo la misma
guerra en diferentes épocas. Es como una mala película que repiten cada
veinte años con nuevos actores, cada vez más sanguinarios" (Espiral 150).
Así, salpicado de verdad, ficción, reflexión y un toque de esperanza, Espiral de silencios condensa los eventos que desencadenaron la violencia del fin de siglo y principios del milenio. La novela como totalidad permite una reflexión sobre la historia y la ficción y provee una forma de comprender los efectos de la historia individual en la colectividad de la nación.  
La traducción
La traducción de la novela al inglés también ha experimentado un proceso largo y complejo. Lorena Terando se comprometió a traducirla después de leer la novela en el año 2011. Yo la había conocido en el 2000, cuando ella era estudiante graduada en SUNY Binghamton.  Ella estaba buscando traducir autoras colombianas para su proyecto doctoral. Yo le recomendé el libro de María Eugenia Vásquez y este se convirtió en su proyecto de grado y en un libro de mucho éxito editorial. En el momento en que se encargó de mi novela, Lorena era profesora de traducción e interpretación de la Universidad de Wisconsin en Milwakee. Actualmente es la jefa de la Facultad. A Lorena le debo la pasión que puso en la traducción, y el esfuerzo en encontrar la editorial que la publicó.
La traducción contó con el apoyo de mi profesor y mentor, Jonathan Tittler, a quien estoy por siempre en deuda. Debra Castillo aceptó la tarea de escribir el prólogo, el cual enmarca la novela en las circunstancias históricas y le da el contexto al proceso de escritura desde sus primeros pasos. Por último, en todo el transcurso de escribir la novela, primero en español y luego en inglés, estuvo a mi lado mi compañero de vida, Roberto. Tras bambalinas su consejo y acierto han sido fundamentales. Roberto estuvo pendiente desde el comienzo de que la versión en inglés conservara el tono y el estilo del original. El postscript en inglés fue de su autoría principalmente, por el cual estoy eternamente agradecida.
Spiral of Silence es en suma, un conjunto de muchos factores que convergen en esta realización. Doy gracias a todos los que apoyaron, intervinieron e hicieron posible esta publicación.
La novela se puede ordenar en este enlace:












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