lunes, 14 de septiembre de 2026

Las violencias recicladas


 

Las políticas del nuevo mandatario en su primer mes de gobierno nos llevan en retroceso hacia una era de violencia que ya creíamos superada. Como si se borraran de un plumazo todos los esfuerzos por implementar políticas de pacificación, hoy se desconocen los efectos de las medidas militaristas por parte del estado y se reciclan los métodos violentos del pasado.

El  presidente se ufana de los muertos en combate en su afán de librar al país de los grupos criminales. Cada día, desde su cuenta de X, hace alarde de las cifras de muertos y caídos en los bombardeos, revela con lujo de detalles los nombres de las cabecillas y los hechos sangrientos y, además, se pavonea caminando entre las bolsas de cadáveres, como si matar seres humanos fuera un gran honor. En su cuenta publicó: 

Desde el 7 de agosto, ya son 17.692 capturas, 75.613 kg de estupefacientes incautados, 1.821 armas  de fuego fuera de circulación y 1.590,4 hectáreas de coca erradicadas.  (11 de septiembre)

Su afán militarista y su obsesión por imitar a su héroe del norte, lo inspiraron a aprobar por decreto el porte de armas. Colombia, que no tiene en su Constitución una Segunda Enmienda y que ha sufrido todas las violencias, ahora flexibiliza el acceso legal al porte de armas.

    Gracias, presidente. Lo necesitábamos. Matarnos unos a otros hacía tanta falta.

¡Firmes por la patria! se cumple en toda su extensión en la carga militarista, pero no en el concepto. Firmes, sí, pero con la patria a la que nos sometió: Estados Unidos.

Es verdad que Abelardo está cumpliendo sus promesas de campaña, comenzando por complacer a su jefe.  Su primer mandato, al día siguiente de la posesión, fue suscribir la inclusión de Colombia en el Escudo de las Américas, un bloque que comprende a las naciones con gobiernos ultraderechistas que siguen la política de expansión territorial del régimen Trump en todo el continente. 

La semana pasada cumplió con otra de sus promesa de campaña al firmar dos acuerdos de cooperación con Estados Unidos para explotar recursos energéticos, minerales críticos y energía núclear. El secretario de Estado Marco Rubio y Abelardo de la Espriella, muy orondos, acompañados de sus esposas en trajes blancos, cumplieron a cabalidad con la puesta en escena exigida por el jefe de ambos en la firma de unos memorandos que comprometen la soberanía  de Colombia frente al país del norte. 

Rubio y Abelardo suscriben memorandos de cooperación energética

Abelardo no solo está cediendo la soberanía del país, sino comprometiendo recursos y acrecentando la violencia mediante una miríada de decretos y mandatos presidenciales que no pasan por ningún control legislativo ni judicial. El objetivo es ordenar, exigir, imponer y decretar, con un ritmo tan acelerado que impide razonar a la gente pensante y, en cambio, satisface los apetitos insaciables de la manada que lo sigue sin cuestionar ninguna de sus acciones.

Mientras tanto, todos los esfuerzos por implementar los acuerdos de paz y políticas de justicia social e inclusión de grupos y regiones marginadas se van al traste. La Jurisdicción Especial para la Paz está ad portas de ser eliminada, junto con los acuerdos que se firmaron en el intento de lograr la pacificación tan anhelada. 

    Retomo las palabras de María Teresa Ronderos en su libro Guerras recicladas, cuando se cuestiona:

¿Por qué a pesar de haber ensayado alternativamente acuerdos de paz, sometimientos de justicia y aumentos billonarios en el presupuesto público de defensa y seguridad, este conflicto sangriento de Colombia no se detiene? ¿Por qué instituciones y líderes relativamente sofisticados como los colombianos se han quedado tan cortos en conseguir este objetivo?... ¿Por qué cuando creemos que amaina la violencia, esta vuelve a resurgir? ¿Qué le permite reciclarse? (26)

Aún con sus errores y fallas, el Acuerdo de Paz firmado en 2016 cumplía un cometido a nivel estructural de sociedad. El Informe del Esclarecimiento de la Verdad del 2022 nos permitió  comprender las causas objetivas y subjetivas de la historia del conflicto en Colombia. Aprendimos que las violencias son muchas y provienen de diferentes actores, y uno de ellos es el Estado. La Jurisdicción Especial para la Paz llevó a muchos de los victimarios a confesar sus testimonios y a develar las intrigas que incidieron en las políticas de gobiernos anteriores. Todos esto nos debería haber enseñado que la violencia militar desenfrenada en contra de grupos armados —llámense guerrilleros, paramilitares, grupos criminales, disidentes— derivan en violencia sexual, desapariciones, masacres y demasiadas víctimas inocentes que continuan reciclando los odios y las venganzas.

En manos de Abelardo y sus políticas militaristas y de los que lo apoyan, se reciclan nuevamente las violencias y desaparece otro intento por alcanzar la paz en Colombia.

Scene inside a large hall with multiple bodies covered by sheets on the floor; investigators and security personnel stand nearby, with a panel seated at the back. - La última caricatura que Vladdo hizo en contra de De la Espriella antes de que lo sacaran de Noticias RCN
Caricatura de Vlado en la que representa al presidente caminando entre bolsas de cadáveres de personas caídas en combate. La publicación de esta caricatura le costó su puesto en Noticas RCN. 




sábado, 29 de agosto de 2026

Tears and Farewells at CreArte Latino

 Elvira Sánchez-Blake

Last Thursday was a night of tears and farewells.

Our friends are leaving our community center and the country. Not because they wanted or chosen to do so, but because of a cruel repressive system that rewards criminals and punishes the innocent.

In the same week, HE lost his father and was deported to his native country.  He lost not only his freedom and his rights, but also a loved one to whom he was denied to say goodbye. He lost his construction business, his livelihood, his assets in this country, and his community work through an organization of which he was a key and irreplaceable member.

HE was detained on July 1st, when he and his wife went to a USCIS appointment to complete the requirements and paperwork for his residency. They were accompanied by their immigration attorney, who guided them through the process. No one imagined that, at the end of the interview, ICE agents would be waiting to arrest him and take him to an immigration detention center.

His wife and life partner, has carried the full weight of this injustice. Just two weeks earlier, they had celebrated the news of a long-awaited desired pregnancy. Now she was left to face the legal process alone, take charge of their construction company, to care for his father during his final days, and, ultimately, bid farewell to the organization to which she had devoted her life and her effort creating a model cultural center in the state of Florida.

Their case is not an isolated one. Thousands of Latinos are being targeted and detained despite having committed no crime, suffering mistreatment in detention centers, and ultimately being deported without consideration or compassion.

No mercy.

That was the conclusion reached by the attorneys handling the case. Better to accept deportation than remain trapped in a limbo, thus forgoing fruitless appeals while the bodies and spirits are slowly worn away in what amounts to a living hell.

“But this is unbelievable!” some naïve observers say. “How is this possible?” they ask, believing the political campaign that seeks to justify the horror.  "But if they are only deporting Criminals!" 

None of this comes as a surprise.

From the moment he launched his campaign, the current president announced and promised a fierce crackdown on immigrants, whom he has relentlessly portrayed as “criminals” meriting treatment as if they were lesser human beings.

In April, a 70 billion dollar appropriation made ICE the best funded agency in the country. The ICE crusade—a racist and xenophobic campaign marked by deeply dehumanizing practices reminiscent of the Gestapo—is being carried out relentlessly and without restraint.

July of this year marked the highest number of immigration arrests and deportations in U.S. history. The termination of Temporary Protected Status (TPS), restrictions on asylum proceedings and DACA, and the expansion of ICE’s authority to pursue and detain people who fit the Latino profile, dark-skinned folks with a Spanish accent, are increasing detentions and fear. 

Like an echo of the play we presented last November, Voices of Immigration, our leader moved us with her personal, genuine, heartfelt testimony on the very stage where we have presented the stories of immigrants told through other voices. This time, however, the testimony was not a story being performed. It was real.

She stood before us in her own voice, speaking from her own experience, carrying her own pain.

And we, the audience, were moved to the depths of our souls. Her story touched the very core of what binds us together: love, family, and human dignity.

Our tears of pain brought us together. They became a collective catharsis.

We cried for them and for their family, not only them, but so many others enduring similar circumstances. We cried out of helplessness and rage, but also out of solidarity.

Because their pain is our pain.

It is the pain of family, of friends, and of community. It is the grief we carry—with anger and disillusionment—in the face of our own powerlessness.

And in those tears, there was also a form of resistance—a renewed pledge to stand together for justice.


sábado, 8 de agosto de 2026

El retorno del oscurantismo


El viernes 7 de agosto se posesionó el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. 

De la Espriella asume el poder en medio de la turbulencia de un país polarizado. La ceremonia de posesión estuvo marcada por una serie de desaciertos y banalidades caricaturescas. El acto, realizado en la Universidad Santiago de Cali y fuera de Bogotá por primera vez en la historia reciente, rompió con los protocolos tradicionales y pareció sentar un precedente sobre lo que podría ser su mandato: «Yo hago lo que me da la gana. Atrévase quien pueda».

La puesta en escena buscó, además, resaltar la personalidad histriónica de un gobernante que parece encontrar inspiración en los personajes políticos que admira: Trump, Netanyahu, Bukele y Milei.

La ceremonia de posesión tuvo el aire de un circo que reflejaba el talante del nuevo gobierno. Varios mandatarios y figuras de la derecha internacional se hicieron presentes para acompañar al nuevo presidente y desfilar ante las cámaras: el presidente de Chile, José Antonio Kast; el de Ecuador, Daniel Noboa; el rey Felipe VI de España y una delegación deslucida de Estados Unidos. Las continas menciones a <<la patria milagro>> y al eslogan <<¡Firmes por la patria!>> acentuaron el caracter fantoche de una ceremonia convertida en espectáculo. 

Las palabras del nuevo jefe de Esatdo estuvieron teñidas de alusiones religiosas, populismo barato y de amenazas soterradas. Un rabino pronunció una oración y proclamó: «¡Viva Colombia y viva Israel!», ante una imagen de la Virgen de Fátima situada en una esquina del recinto. El gesto resulta, cuando menos, anacrónico en un país de tradición católica, pero con una población judía minoritaria, y parece cobrar sentido a la luz de la admiración del mandatario entrante por Netanyahu.

Luego hablaron un pastor evangélico, un sacerdote católico y un monseñor. Todos oraron y pidieron por el bienestar de la patria. Dichas alabanzas contradicen el carácter laico de Colombia prescrito en la Constitución de 1991. En cambio, no se escuchó ninguna alusión a las poblaciones que constituyen la diversidad profunda de Colombia: los pueblos indígenas, las comunidades afrocolombianas y la población mestiza. 

Después de la investidura como jefe de estado, el nuevo presidente salió corriendo al Batallón Pichincha de Cali. Allí, rodeado de militares y tropas del Ejército, expuso los derroteros que regirán los próximos cuatro años: militarización, persecución indiscriminada a sus opositores, fortalecimiento de la seguridad y una ofensiva feroz contra los grupos armados.

Entre sus propuestas se encuentra el regreso de la aspersión con glifosato y el desmonte de programas de sustitución de cultivos, medidas que podrían afectar de manera directa a los campesinos y a las comunidades vulnerables. Sin embargo, no menciona a los narcotraficantes de cuello blanco y a los grandes jefes que mantienen el negocio, entre quienes se cuentan varios de sus amigos, clientes y aliados políticos.

Uno de sus primeros propósitos será devolverle "la grandeza a Colombia", dijo el gobernante, una clara alusión al slogan del movimiento MAGA de Trump. Al mismo tiempo,  anunció que Colombia se suscribe al Escudo de las Américas.  De esta forma cumple su compromiso de someterse a la autoridad de Donald Trump y de obedecer sus condiciones bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.  

En la noche se conoció el anuncio de una ayuda de mil millones de dólares del gobierno de Estados Unidos para fortalecer la campaña de seguridad de Colombia en su lucha contra las drogas. La historia se repite con la estrategia del Plan Colombia de comienzos de siglo, cuando la ayuda del país del norte se dirigió a incrementar la militiarización y a una cruzada de persecución contra campesinos y comunidades vulnerables para justificar una campaña de opresión y de horror.

De la Espriella se refirió asimismo a su promesa de recuperar el sector energético. El anuncio plantea  una amenaza  sobre las políticas de protección ambiental, especialmente frente al anuncio de ampliar la explotación de recursos en páramos, selvas y bosques naturales. El fracking, explotación de gas, petróleo y una minería sin controles ambientales ocuparán un lugar central en la agenda nacional, en detrimento de los recursos naturales del país.

El nuevo mandatario anunció además el fortalecimiento de los valores familiares: "Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios, la responsabilidad individual... Colombia volverá a reconocerse en sus mejores tradiciones”. Estas palabras rezuman un retroceso hacia la segregación de sexualidades diversas, a los derechos de las mujeres y a las decisiones individuales. Esto unido a una religiosidad excluyente, nos conduce a la era de prejuicios y camándulas impuestas. 

Es decir que Colombia ha dado un giro hacia la subordinación a la potencia del norte, hacia una campaña armamentista que justifica las persecuciones indiscriminadas contra opositores y poblaciones vulnerables; a la concepción reduccionista  de la religión y hacia la coerción de libertades y derechos individuales. Un retorno a procesos que creíamos superados. El retorno del oscurantismo. 

 

 

 

 

sábado, 18 de julio de 2026

Comicios en el bosque

 Por Elvira Sánchez-Blake

¡Firmes por el bosque! Gritaban los felinos.

¡Juntos por la vida!,  respondían los lobos!

 

En el bosque del sur se celebraban los comicios para elegir al jefe. No era una tarea fácil. Los ánimos se enardecían cada vez que alguno de los equipos de campaña lanzaba sus consignas. 

 Esta vez había mucho en juego. El clan de los lobos había detentado el poder en los últimos tiempos, pero no les había ido bien. La inseguridad se había acrecentado en las fronteras, la comida era escasa, y para colmo, el jefe de los bosques del norte, un orangután anaranjado que dirigía una tropa de simios, amenazaba con tomar el control del territorio del sur. Su poder era inigualable y su ambición desbordada. Su objetivo, hacerse con una planta de pepas rojas que causaba alucinaciones y generaba cuantiosas ganancias entre los habitantes de todo el territorio boscoso.

El jefe de los lobos se oponía a que el orangután se apoderara de sus territorios y, mucho menos, de la planta sagrada.  Por eso, había dispuesto leyes y medidas para impedir la invasión del ejército de monos salvajes. Sin embargo, el jefe de los felinos —un tigre sin rayas— se había lanzado como el aspirante a gobernar las fértiles tierras del sur.

Convencido de que saldría elegido con la ayuda del orangután y sus aliados del norte, el tigre lanzó una campaña provista de dádivas y promesas que calaron en el corazón de los animales.

           ¡Firmes por el Bosque!  Era el lema que enarbolaban sus seguidores.

¡Defensores del territorio! Repetían en coro las hienas y chacales.

    En una primera  votación se presentaron varios candidatos: una paloma sin plumas por el clan de los chacales; un leopardo  de temperamento tibio, de parte de los moderados; una gacela de armas tomar, representaba a los sensatos; y el lobo de colmillos férreos, defensor de la soberanía y de la protección de los recursos naturales. El lobo y el tigre se enfrentaron en la elección definitiva.

    La furia se desató entre los bandos. Injurias, dardos y desmanes fueron los acicates de unos comicios enardecidos. Los felinos acudieron a la ferocidad de su especie: acecharon con sigilo, atacaron con sevicia y socavaron la confianza del enemigo. Los lobos  respondieron con fiereza y valentía. Sin embargo, al final el tigre sin rayas resultó ganador.

    El más complacido con este triunfo es el orangután mayor, el líder de los bosques del norte. Sabe que el tigre le rendirá honores, enarbolará su bandera y entregará la soberanía del bosque y sus recursos. En especial, la planta de las pepas rojas, tan apetecida por sus súbditos, el mayor tesoro que acrecentará su riquezas y poderío.

Moraleja: desconfiar de los tigres sin rayas.

martes, 2 de junio de 2026

La amenaza del tigre

Elvira Sánchez-Blake

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presentan una encrucijada muy compleja para Colombia. Mucha gente no parece darse cuenta de que al votar por Abelardo de la Espriella, en lugar de combatir la izquierda y el comunismo que tanto temen, están eligiendo a un personaje que representa una ultraderecha radical, y le están entregando el país a una corriente política alineada con el movimiento MAGA de Trump.

Es decir, que en lugar de “salvar la democracia”, como pregona el candidato, están renunciando a ella, al  ceder la soberanía a un proyecto expansionista y supremacista que busca imponer su influencia sobre los países del hemisferio. En vez de fortalecer la seguridad y castigar a quienes generan violencia y zozobra, le están dando el voto a un personaje cuestionado por sus vínculos con narcotraficantes,  paramilitares, y testaferros. Peor aún, quienes creen estar evitando que Colombia se convierta en “otra Venezuela” terminan apoyando al abogado que defendió al testaferro de Maduro, el polémico Alex Saab, y que colaboró con él en operaciones relacionadas con corrupción y lavado de dinero.

Colombia atraviesa hoy una polarización marcada por el odio y las rencillas ideológicas. La tensión se vive incluso aquí, en el exterior. No recuerdo haber vivido una jornada electoral con un fervor tan cercano a la violencia. Personas exaltando el nombre del “Tigre” y repitiendo su eslogan: “¡Firmes por la Patria!”, muchas vestidas con camisetas amarillas, denunciando fraude porque la fila era demasiado larga o el calor insoportable. Otros filmaban con sus iPhones buscando cualquier indicio de trampa o de supuestos "comunistas infiltrados". Y esto ocurrió en Sarasota, lejos de Colombia, y de las  urbes cosmopolitas de Estados Unidos. Cuando por fin pude votar --tras dos horas de espera-- lo hice con una sensación de ansiedad, con el temor de que algo terrible pudiera suceder.

No niego que Petro ha sido incapaz de unificar al país y que su gobierno deja mucho que desear. Eso ha afectado profundamente la candidatura de Iván Cepeda.  Es lamentable que muchos de los errores cometidos durante su administración terminen perjudicando a Cepeda, cuya candidatura es vista como una continuidad del actual gobierno. Esto hace que los electores no vean a la persona ni a sus propuestas, sino únicamente al "candidato de Petro".

Yo veo a Iván Cepeda como alguien centrado, moderado e inteligente, con un programa más coherente con las necesidades del país. Creo que podría corregir errores del Pacto Histórico y darle un nuevo enfoque a programas que no han podido ejecutarse plenamente, en gran parte debido al bloqueo sistemático de la ultraderecha. Cepeda ha demostrado ser una figura transparente y decente, sin la prepotencia ni las desmesuras que caracterizan a Petro. Pienso que un eventual gobierno suyo podría enfocarse en corregir el rumbo, reformar los programas de salud, avanzar en la reforma laboral y consolidar iniciativas de justicia social, además de preservar los programas del Pacto Histórico que sí han tenido efectos positivos.

Por supuesto, el tema de la seguridad preocupa, y no es un asunto menor. Muchos atribuyen el caos actual a las negociaciones de paz con los grupos armados. Y no es para menos: las organizaciones criminales han resurgido con métodos violentos que recuerdan los perpetrados durante décadas por otros grupos armados. La situación parece habérsele salido de las manos al actual mandatario y sus contrincantes lo atribuyen a su fallida política de paz. De ahí que Abelardo gane tantos adeptos cuando promete "mano dura", acabar con los criminales y construir megacárceles al estilo de El Salvador para imponer un régimen represivo similar al de Bukele, como si esa fuera la solución.

Recordemos que la llamada "mano dura" no dio resultados positivos ni durante el Estatuto de Seguridad de Turbay, ni durante la época de la Seguridad Democrática de Uribe. Todo lo contrario, profundizó la violencia y dejó heridas que aún no terminamos de conciliar. Ninguno de los dos modelos derrotó a los grupos armados, y en cambio, contribuyó a la fragmentación y transformación en estructuras criminales más sangrientas.  

¿Por qué insistimos en repetir la historia una y otra vez? ¿Por qué permitir el regreso de figuras que resurgen cada veinte años, cada vez más agresivas, autoritarias y desprovistas de escrúpulos? De la Espriella no oculta su falta de ética; por el contrario, parece enorgullecerse de esto como un atributo. Todo indica que está dispuesto a seguir el modelo de Trump: cruel, misógino, violento, racista y supremacista, movido únicamente por el dinero, el poder y la fama, sin importar los medios para conseguirlos.

Muchos allegados opinan que quienes vivimos en el exterior no entendemos lo que está ocurriendo. "Es que usted no sabe", me dicen. En Estados Unidos estamos viviendo el regimen Trump: políticas de persecución contra quienes no se someten, arbitrariedad institucional, censura a los medios de expresión  y una creciente normalización del autoritarismo.  Somos conscientes de la influencia que el movimiento MAGA intenta ejercer en América Latina, respaldando a líderes afines ideológicamente  con agendas políticas cada vez más radicales.

Abelardo de la Espriella representa para muchos  que Colombia se convierta en otro de los aliados de  la red expansionista de MAGA, junto con Bukele en El Salvador, Milei en Argentina y Noboa en Ecuador. Abelardo es un defensor de narcotraficantes y de paramilitares; colaboró con el entramado de espionaje del DAS, ha traficado con armas y colaborado con criminales de la ralea más baja tanto en Colombia como en Estados Unidos. Así lo demuestran varios expedientes e investigaciones de medios independientes.  Su agenda política comprende la creación de mega cárceles de alta seguridad y de "extirpar a la izquierda", con todo lo que eso supone. 

También es importante que Cepeda emprenda una campaña que responda a las expectativas de los ciudadanos que votaron por el centro y que ahora se encuentran indecisos por el temor de ser señalados  "de izquierda" o "comunistas".  Cepeda necesita tomar distancia de Petro, y construir un discurso que convoque desde la serenidad, la ética y la esperanza. En este sentido,  debe formar alianzas con el centro y promulgar políticas claras que refuercen la moderación y el respeto a la constitución y a la democracia. 

Francisco de Roux ha publicado una carta que le envió al candidato en donde expresa precisamente estos sentimientos. Comparto un fragmento:

 El momento tuyo es ahora, para convertir la verdad del resultado en una llamada a retomar con entusiasmo lo que tú encarnas. La pasión audaz y  la esperanza, con el desafío y la generosidad, y la perseverancia en medio de la dificultades como lo has hecho; y en este momento crucial, esa misma pasión ética se desinfla si usas su valor para atacar al contrincante por su bajeza moral de mafioso y corrupto que bien conocemos. No dejes que tu pasión se vaya hacia allá porque no vas a cambiar al corrupto, ni vas a mover la conciencia oscura de quienes lo siguen, al contrario los vas a empecinar en el mal.

Tu integridad moral, tu entusiasmo por la causa, tu llamada  a la Esperanza tu discurso transparente ético positivo valiente, es lo necesario ahora. Tú lo tienes. No rebajes tu grandeza moral haciendo campaña CONTRA el abismo moral, dedica estas tres semanas a entregar a todas y todos lo más grande de ti mismo. 

Esta es, precisamente, la encrucijada en la que se encuentra Colombia. De nosotros, los electores, depende si continuamos profundizando el odio y la polarización o si apostamos por darle una oportunidad a la esperanza el próximo 21 de junio.  

 

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Quién nos salva del tirano?

Por Elvira Sánchez-Blake
 

Trump ha emprendido una cruzada para quitar del medio a los “tiranos” que le caen mal. Comenzó con Maduro, en Venezuela; siguió con Jameneí en Irán, y ya por el de Cuba. Su argumento es que estos dictadores representan una amenaza global y hay que sacarlos del medio. No niego que Maduro y Jameneí hayan sido unos dictadores perversos, pero no se comparan con la amenaza real que representa el propio Trump. Estamos bajo el mandato de alguien capaz de desencadenar conflictos globales basándose más en caprichos políticos que en principios de seguridad y justicia.

Desde antes de asumir su segundo mandato se sabía que la agenda de Trump apuntaba a la destrucción. La campaña contra los inmigrantes desatada con furia y sevicia; centros de detención masiva, deportaciones y violaciones de todos los derechos humanos. Incluso, muertes de civiles y de ciudadanos norteamericanos sin ninguna consideración.

Al mismo tiempo la administración Trump ha desestabilizado los mercados a nivel internacional y los acuerdos económicos con la imposición de tarifas y presiones económicas a los países que no se someten a sus caprichos. Se ha dedicado a atacar la prensa y está ejerciendo censura contra los medios que se oponen a sus directrices. Además, ha desatado una campaña masiva en contra de las instituciones educativas con chantajes económicos para eliminar los programas de Diversidad, Igualdad e Inclusión. Recientemente, ha amenazado con invocar poderes excepcionales como la Ley de insurrección, ante el mínimo desafío político interno. Además, se vanagloria en recordar el poderoso aparato militar que posee Estados Unidos y que lo hace imbatible contra cualquier enemigo.

Su reciente decisión de ordenar una operación militar conjunta con Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, representa un punto de inflexión peligroso. Si examinamos las motivaciones para empezar esta confrontación veremos que no tiene nada que ver con liberar a Irán de un régimen de represión.

1. Demostrar poder absoluto: Queda claro Trump quiere afirmarse como es el supremo líder del mundo, por encima de leyes o instituciones que lo limiten.

2. Egocentrismo: Su retórica autoritaria y estilo de gobernar apuntan más al culto de la personalidad que a la defensa de ningún valor moral ni democrático.

3. Alianza con líderes autoritarios: Su necesidad de demostrar autoridad y poderío lo llevó a aliarse con Benjamín Netanyahu, sin darse cuenta que al hacerlo se convertía en su marioneta.

4. Intereses geopolíticos y económicos: Al invadir Irán intenta asegurar el mercado energético de esta nación y de los países que lo rodean en la región del Oriente Medio..

5. Distraer las investigaciones de las lista Epstein: Dado que las pruebas de su vinculación con la red de pedófilos de Epstein no han podido ser suprimidas por su aliada, la procuradora general, Pam Bondi, no tuvo más remedio que embarcar a Estados Unidos en una guerra de dimensiones impredecibles, con el fin de distraer la atención pública.

Nos encontramos en medio de una confrontación que puede escalar a grandes proporciones sin ninguna estrategia para controlar la escalada bélica en el Medio Oriente. La acción temeraria, arbitraria y absurda de Trump en concierto con Netanyahu, no augura nada bueno. El régimen iraní sigue en píe, instaurando terror en la región. La comunidad internacional se encuentra dividida y temerosa de un conflicto mundial más amplio, especialmente si actores como Rusia, Turquía y las naciones europeas deciden intervenir más directamente. Francia ya mandó sus buques de guerra para defender sus intereses en la región.

La historia nos enseña que las guerras nunca han generado ningún beneficio. Tras la Segunda Guerra Mundial, se crearon mecanismos para actuar con sensatez, diálogo y negociación con el fin de evitar otra catástrofe mundial. En el siglo XXI estamos abocados a arsenales teledirigidos que se lanzan con oprimir un botón y sin que el agresor se involucre. Y la persona con el poder de dar la orden para oprimir ese botón es precisamente la mayor amenaza mundial.

¿Quién se atreve a salvarnos del tirano mayor?

jueves, 12 de febrero de 2026

Bad Bunny hizo a America grande de verdad

   

El show de Bad Bunny en el medio tiempo del Super bowl fue un acontecimiento histórico porque le recordó al mundo lo que todos sabemos: América no es solo un país, es un continente que comprende una amalgama de razas, lenguas, tradiciones y culturas. Con su puesta en escena, el artista puertoriqueño reafirmó la identidad hispana en un espectáculo que hizo a América Great Again en un sentido más amplio y verdadero.

El show de Bad Bunny ha causado conmoción en el mundo. Muchos lo alabaron y otros se incomodaron.  El mensaje es muy claro: el amor debe primar sobre el odio. Una de las mayores críticas fue, "no se entendió". ¿Qué fue lo que no se entendió? Los simbolismos hablaban por sí mismos: el pueblo con sus vendedores callejeros en medio de casitas de palma; el matrimonio realizado en pleno espectáculo con un niño durmiendo en una silla; las plantaciones de caña y los postes de la luz en corto circuito. Las escenas mostraban la vida natural de la isla y de cualquier lugar en Latinoamérica. Los artistas invitados representaban la diversidad americana: Lady Gaga de Estados Unidos, Carol G de Colombia, Ricky Martín de Puerto Rico, junto a bailarines de diversas procedencias. El rótulo del balón, en un close up de cámara, no pudo ser más explícito: Together We Are America.

El acto culminante fue el desfile de todas las banderas del continente iniciado con el grito God Bless America, y seguido por la mención de cada país. Fue un momento apoteósico que subrayó la grandeza del evento y su alcance simbólico. El artista recordó lo que muchos han olvidado: América es una sola, Nuestra América, como proclamó José Martí hace más de un siglo.

El hecho de que el espectáculo se ejecutara en español incomodó a muchos. Resulta que 40 millones de personas hablan esta lengua solo en Estados Unidos, y 500 millones en todo el mundo. Aún así, en ciertos sectores, el uso del español es considerado como una afrenta. No es casual que uno de los primeros mandatos del actual presidente haya sido declarar el inglés como único idioma oficial. Los hispanos nos sentimos incómodos de hablar español en público ante la posibilidad de miradas hostiles o del ofensivo, Go Back to your country, como sucede a menudo. Por eso resulta admirable que Bad Bunny haya tenido el valor de expresar en este idioma el sentir de todo un continente en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.

Uno de los momentos más elocuentes del show fue ver a Ricky Martín entonando el estribillo: Que no nos pase lo que le pasó a Hawaí. Para algunos la frase pasó desapercibida. Para otros fue una advtertencia perentoria. A mí me tocó personalmente. En mi paso reciente por Hawaí, observé de primera mano la cultura de los hawaianos reducida a un entretenimiento turístico. Lo que no recuerdan muchos es que los norteamericanos tomaron posesión de la isla en el siglo XIX, derrocaron a la reina legítima, y  convirtieron a Hawaí en un estado en 1959.

La cultura hawaiana  sobrevive como atracción turística en las danzas hula, las canciones acompañadas del ukelele y vestimentas coloridas de palmas. El idioma originario se ha perdido, así como sus tradiciones y creencias. Esta fue la advertencia de Ricky Martín: Puerto Rico lleva más de un siglo como territorio de Estados Unidos, pero aún conserva su cultura, su idioma y su identidad. El mensaje fue contundente: que no nos pase lo que le pasó a Hawaí.





viernes, 9 de enero de 2026

La intervención de Venezuela: ¿una nueva colonización?

Son muchas las visiones e intepretaciones en torno a la captura de Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos. No se puede negar que se trató de un golpe bien planeado, con una estrategia deliberada y un resultado eficaz. La captura de un dictador abominable que ha causado tanto dolor bajo un régimen sangriento, ilegal y desmesurado puede ser considerado un acto de liberación. Así lo han sentido muchos venezolanos que se ven por fin liberados del verdugo; otros lo intepretan como un éxito de la política de Trump para enarbolarse como supremo regidor del mundo. Desde mi perspectiva, esta acción constituye una invasión ilegal que desconoce todas las normas del derecho internacional, vulnera la soberanía de Venezuela y pasa por alto los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas sobre la prohibición del uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad. En última instancia, esta acción nos regresa a los tiempos de la colonia.

Los intereses detrás de esta intervención no pretenden defender a los venezolanos ni facilitar una transición hacia la democracia real. El propio Trump dejó claro  que uno de los objetivos era asegurar el control de los recursos petroleros venezolanos y posicionar a empresas estadonidenses en la reconstrucción del sector energético del país. El hecho de no permitir que el presidente elegido democráticamente en 2024, asuma formalmente el poder, ni autorizar la liberación de los presos políticos, revela las intenciones del magnate: la colonización de Venezuela bajo un nuevo orden. 

El analista político Rodrigo Uprimy lo expresó con claridad en La silla vacía:

“Las declaraciones de Trump en su discurso celebratorio de la intervención militar en el que, lejos de hablar del retorno a la democracia en Venezuela, se refirió sobre todo a intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos (como el petróleo venezolano) y dijo que ellos van a administrar Venezuela por un buen tiempo son reveladoras. Obviamente  será Trump quien defina cuando se reúnen esos requisitos. Esto no es apoyo a la democracia en Venezuela: es puro colonialismo.”

La falta de claridad sobre el futuro de Venezuela, junto con el temor de que esta intervención no se limite a este país, sino que continúe con las naciones que no se alinean con Washington, mantiene a toda América Latina en un estado de incertidumbre. ¿Quién será el próximo? Existen señales suficientes para pensar que las intenciones de Trump son apoderarse del hemisferio y ejercer el control total sobre las Américas. Lo ha dicho sin ambages en la reedición de la doctrina Monroe titulada “Estrategia de Seguridad Nacional” publicada el pasado noviembre. Según Uprimy, este documento "literalmente dice que Estados Unidos va a restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental."

La captura de Maduro y de su esposa marca el comienzo de una estrategia más compleja y siniestra. Las condiciones están dadas para que Trump en toda su omnipotencia (suministrada por la Corte Suprema de Justicia y el Congreso), se apodere de América Latina colocando presidentes aliados, invadiendo los países que no se conforman con sus directrices e imponiendo controles y embargos comerciales a los que no se sometan. En este escenario, los organismos multilaterales, las leyes y las normas internacionales han sido completamente ignorados, y todo indica que así continuará, porque en última instancia, Trump hará lo que le dé la gana sin frenos ni salvaguardas que lo limiten.

 

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

And the Dinosaur Was Still There

 by E. Sánchez-Blake

“When he awoke, the dinosaur was still there.” Augusto Monterroso’s celebrated micro-story encapsulates the unease that lingers as 2025 comes to an end. The feeling is unmistakable: a presence that cannot be ignored, even when it goes unnamed. Silence, or the refusal to articulate it directly, seems to function as a fragile defense—an attempt to diminish the weight of what looms before us.

Yet the presence asserts itself daily. It appears when screens are turned on, when headlines scroll past, when social media opens. The dinosaur occupies the entire field of vision. Its magnitude feels immeasurable.

The year unfolded as many anticipated: a gradual concentration of power, increasingly unchecked, extending its reach beyond borders. Entire communities of immigrants became objects of persecution.  Accounts of arbitrary detentions, degrading conditions, and systematic mistreatment emerged, only to fade quickly from collective attention. What now commands attention is the advance of US MIlitary forces through the Caribbean and the Pacific off the South American coasts, attacking vessels and killing their occupants with drones, in flagrant disregard of international law. Faced with the threat of an invasion of Venezuela, no one dares to oppose him. The timid warnings issued by the United Nations and a few human rights organizations have no effect. Thanks to the submission of the Supreme Court, Congress, multilateral organizations, and the world at large, the omnipotent monster has risen as sovereign over the universe, without counterweights or safeguards.

The media have been forced into submission by the pressure of the large corporations that finance them and that, in turn, obey the dictates of the government. Freedom of expression has gradually disappeared. Even The New York Times, which had maintained a firm stance despite coercion, has lowered its guard. Its reporting has become increasingly laconic and cautious. Universities and educational institutions have yielded to the degrading economic sanctions imposed upon them. It is unsettling to observe how the great Ivy League institutions have capitulated to demands to censor curricula, eliminating programs in gender, race, and history, as well as all initiatives related to Diversity, Inclusion, and Equality. Likewise, international projects in humanitarian aid, education, environmental protection, and scientific advancement have been obliterated. Domestically, social security and healthcare systems such as Medicare and Obamacare are at risk of being dismantled. In other words, that which once made the United States great—and the system of checks and balances that guaranteed basic rights such as education, healthcare, freedom of expression, and scientific progress—has collapsed.

And yet, endurance persists. Augusto Riska, a survivor of twentieth-century's Second World War and Soviet Communism,  remarked: “We survived Hitler, then Stalin—but we don’t know if we will survive T…” Unable to complete the name, he captured something essential: fear often begins where language falters.

That unfinished sentence resonates as 2025 closes.

One can only hope that 2026 brings awakening rather than resignation—that the world regains its capacity to respond thoughtfully and collectively, guided not by fear or excess, but by responsibility. It is difficult to accept that no global response exists to confront madness and excess of power. We hope that by the end of 2026 the dinosaur will no longer be a menace.


 

Y el dinosaurio sigue allí

Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.  El célebre microcuento de Augusto Monterrroso resume la sensación de aprehensión que nos circunda al finalizar el 2025. Ya no se habla de él. Es como si dejar de nombrarlo o ignorarlo redujera el riesgo y la amenaza que supone. Cada día, a cada instante, al encender el televisor o abrir las redes sociales, su presencia se impone. El dinosaurio ocupa todo el espacio y su poder es inconmesurable. 

Tal como se preveía, el año 2025 cumplió a cabalidad con el Proyecto 2025. El magnate se ha consolidado como una figura con poder absoluto, no solo en Estados Unidos, sino en el planeta. La persecución contra los inmigrantes es la mayor muestra de su maldad. Las redadas con detenciones arbitrarias, las condiciones infames de los centros de detención y el maltrato sistemático resultan inimaginables. Sin embargo, ya poco se habla de esto. Ha pasado a segundo plano. Lo que  ocupa la atención es el avance militar por el Caribe y el Pacífico frente a las costas suramericanas atacando embarcaciones y matando sus ocupantes con drones en fragante desconocimiento del derecho internacional. Ante la amenaza de una invasión a Venezuela, nadie se atreve a oponerse. Las tímidas advertencias de la ONU y de algunos organismos de derechos humanos no ejercen ningún efecto. Gracias a la sumisión de la Corte Suprema de Justicia, del Congreso, de los organismos multilaterales y del mundo en general, el omnipotente monstruo se ha erigido soberano sobre el universo sin contrapesos ni salvaguardas. 

Los medios de comunicación se han visto forzados a someterse por las presiones de las grandes coporaciones que los financian, y que, a su vez, obedecen a los dictados del gobierno. La libertad de expresión ha ido desapareciendo. Hasta el New York Times, que mantenía su postura firme pese a las coerciones, ha bajado la guardia.  Sus notas son cada vez más lacónicas y cautelosas.  Las universidades y centros educativos han sucumbido a las sanciones económicas degradantes. Resulta inquietante observar cómo las grandes instituciones de la Ivy League han cedido a las demandas de censurar planes de estudios eliminando programas de género, raza e historia, así como todas las iniciativas de Diversidad, Inclusión e Igualdad. De igual forma, los proyectos internacionales de ayuda humanitaria, educación, protección ambiental y el avance de la ciencia han sido obliterados. A nivel doméstico, los sistemas de seguridad social y de salud, como Medicare y Obamacare, se encuentran en riesgo de ser desmantelados.  En otras palabras, aquello que hacía grande a Estados Unidos y el sistema que equilibrios que garantizaba los derechos básicos como la educación, la salud, la libertad de expresión y el progreso científico, se han venido abajo. 

No obstante, la capacidad de seguir adelante frente a las intimidaciones de los temibles dinosaurios sigue vigente.  En palabras de Augusto Riska, sobreviviente de la segunda guerra mundial y del régimen comunista soviético: "sobrevivimos a Hittler, luego a Stalín, pero no sabemos si sobreviviremos a T..." Incapaz de nombrarlo, su silencio evidencia que el miedo se superpone al lenguaje.

 Ese es el sentimiento que nos embarga al culminar el año 2025. 

Ojalá que en el 2026 el mundo despierte y se sacuda frente al dinosaurio. Esperamos  que la capacidad de resistir sea mayor que la intimidación y que la sensatez se imponga con responsabilidad. Cuesta creer que no exista una respuesta global ante semejante insania y desmesura de poder. 

lunes, 1 de diciembre de 2025

Encuentro con Hipatía de Alejandría

 

Hipatía de Alejandría (Fragmento Travesía)

14 de marzo de 415 

La guía que había conocido la noche anterior en la cena nos condujo hasta un ascensor. Nos dirigíamos a la primera excursión del Crucero: Alejandría, tour por la ciudad histórica. Apenas conteníamos la emoción de encontrarnos en este lugar mítico y maravilloso. 

Cuando se abrió la puerta, entraron ocho personas.  La Guía me hizo señas de esperar el próximo turno porque el cupo estaba completo. Mi esposo hizo ademán de salir, pero la joven lo frenó con una frase amable, «no se preocupe señor».

 Me miró con una sonrisa y me dijo:

—Ahora empieza su aventura. Esta la tiene que hacer usted sola.

Intenté preguntarle a qué aventura se refería, pero ella se mantuvo en silencio mientras me llevaba hacia otro ascensor al fondo del vestíbulo. Nos paramos frente a una puerta de hierro pesada, y al abrirla, vi las rejas que se usaban en los ascensores del siglo veinte, en desuso desde hacía varias décadas.

La guía descorrió las pesadas rejas, me hizo entrar y pulsó unos números: 14-3-415 AD. Luego hizo lo mismo en una especie de control que llevaba en la mano. Yo no entendía nada. ¿Qué significaba 14-3-415 AD? La oscuridad y el silencio reinaron en el recinto. Experimenté una suerte de mareo por el movimiento inusual del aparato; sentí que atravesaba un pasadizo profundo y me desvanecí. Cuando recobré la conciencia se abrió la puerta y una luz intensa me cegó.

La visión se hizo más clara y me hallé ante un espectáculo asombroso. Frente mí se desplegaba un mundo como de película antigua. Columnas griegas monumentales y templos sin rastro de ruinas; una plaza empedrada en donde caminaban aldeanos vestidos con túnicas y carros halados por caballos. Hablaban una lengua desconocida. La guía que antes me había dejado en el ascensor apareció vestida con una túnica al estilo griego con la cabeza cubierta y me explicó:

—Esta es su primera parada. Se encuentra en Alejandría el 14 de marzo del año 415. Conocerá a Hipatía. Estos audífonos le permitirán comunicarse en su idioma. Me entregó un control y dos dispositivos con un par de auriculares. Cada dispositivo tenía un control de canales que permitían elegir el idioma con traducción simultánea.

—Aproveche la entrevista con Hipatía —prosiguió la guía—. Cuando termine, regrese a este punto y oprima este botón azul en el control, lo que me indicará que está lista para llevarla de regreso. No permita que se agote la batería, pues no hay forma de recargarla. Ah, retírese el reloj y las joyas; no deje ver nada que la identifique con su tiempo. Me examinó el rostro y me entregó un pañuelo húmedo para limpiar el poco maquillaje que llevaba. Luego me dio un paquete y me ordenó:

—Póngase esta túnica con el manto sobre la cabeza y sujétese el cabello con esta pinza. Evite llamar la atención.

Obedecí. Me vestí con la túnica cruzada sobre el pecho y atada en la cintura con una faja. Luego cubrí mis cabellos con una especie de mantilla que caía sobre los hombros. Me sentí transportada a otra dimensión, como una estatua griega lista para una gran aventura.

La encontré sentada en el ágora frente a sus alumnos que la escuchaban embelesados. Me coloqué el aparato con los audífonos en las orejas y los cubrí con la mantilla lo mejor que pude. Mi piel cetrina y rasgos mestizos pasaron desapercibidos entre la congregación que rodeaba a la maestra. 

Hipatía de Alejandría 

 

 Hipatía hablaba despacio y con seguridad. Leía de un pliego de papiro que iba desenrollando poco a poco. Aunque no entendía nada de lo que decía esa mujer de mediana edad, me sorprendió la convicción de su voz firme y ademanes moderados. Vestía una túnica de color púrpura con un cordel amarrado a la cintura y llevaba una especie de manto que cubría uno de sus hombros y caía al descuido sobre su falda. Acomodé mis auriculares y pasé varios canales en el dispositivo de traducción hasta que encontré el número que me traía un lenguaje reconocible. Era griego antiguo.

Al principio era difícil comprender sus palabras porque el sistema de traducción no era preciso. Poco a poco me fui acostumbrando a su tono y a sus gestos, que decían más que las palabras. Lo que más me impresionaba era la concentración de sus estudiantes. El grupo estaba compuesto por unos diez jóvenes de tez oscura y dos jovencitas que parecían esconderse tras unas columnas. Cuando terminó de leer el pergamino, Hipatía mostró unos aparatos rudimentarios al tiempo que escribía sobre un lienzo con un estilete. Notaba que eran objetos curiosos para la audiencia. Hipatía hablaba de la unión entre materia y espíritu, trazando un paralelo del cuerpo y el alma. Identifiqué la grafía ψυχή, que recordé de mis cursos universitarios como “psiquis”.

Al término de la sesión, ella notó mi presencia. Tras el primer instante de perplejidad, me indicó con la mano que me acercara.

Me presenté con gestos y señalé hacia la costa, con la esperanza de que ella comprendiera que venía del otro lado del mar. Luego le mostré los audífonos y la animé a usar el dispositivo extra que llevaba conmigo. Ella lo miró con curiosidad sin saber qué hacer. Esperaba que aceptara el instrumento como algo novedoso y lo intentara. Le indiqué cómo ajustarlo en las orejas y comencé a hablarle.

—This is an instrument to translate languages —dije. No pareció comprender, pero escuchaba el sonido que le llegaba a sus oídos.

—Me miró sorprendida y en sus labios apareció una sonrisa. Le había hablado en inglés, obedeciendo al instinto de comunicarme en el idioma más reconocido en el mundo, pero ella pareció confundida.

Cambié los canales hasta encontrar español-griego y me apresuré a repetir: «Este es un instrumento traductor de lenguas». Hizo un gesto de asentimiento.

—¿Cómo puede ser? La escucho y comprendo su lengua, aunque usted habla en otro idioma muy diferente. ¿Qué lengua es?

Me invadió la emoción al comprobar que el sistema funcionaba. Ella hablaba en griego y mi dispositivo lo traducía al español. Tendría que pensar mi respuesta para no delatarme. Era evidente que el español no estaba desarrollado todavía en el año 415. Lo más similar sería el latín.

—Mi lengua deriva del latín. Vengo del otro lado del océano, donde se habla este idioma —respondí. Ella lo escuchó en la traducción simultánea al griego a través de sus audífonos.

Hipatía pasó de la primera sorpresa al asombro. Miró los audífonos con curiosidad y luego de ajustarlos de nuevo a sus orejas, me preguntó:

—¿Y por qué ha venido?

—He oído hablar mucho sobre Hipatía de Alejandría. Deseaba conocerla y conversar sobre sus experiencias.

—¿Quién le habló de mí? ¿Cómo pueden saber sobre Hipatía en otras tierras más allá del mar si yo nunca he salido de mi pueblo?

—Su fama se ha extendido por todo el orbe. Cuentan que Hipatía es una mujer con gran conocimiento sobre filosofía, ciencias, geometría y astronomía. ¿Es esto cierto?

Hipatía se sintió estimulada y comenzó a hablar:

—Mi padre Teo, un gran filósofo y astrónomo me inició en la filosofía desde pequeña y tuve la fortuna de asistir a la academia bajo su protección. He dedicado mi vida a leer y a comprender cómo funcionan los astros, las formas geométricas y cómo se relacionan con la filosofía que nos viene de los antiguos sabios.

—¿Ha encontrado alguna barrera en su educación?

—En realidad, mi padre y mi posición me han dado entrada a muchos foros que no son accesibles para mujeres. Sin embargo… —Hipatía miró hacia los lados y calló de repente.

—Sin embargo… —la alenté a seguir.

—¿Sabe? Es mejor que continuemos la conversación en otra parte —dijo, y se quitó los audífonos. Temí que las pilas se agotaran sin provecho.

Alejandría en la antigüedad

Le hice señas a Hipatía para que me entregara el dispositivo y lo apagué. Luego caminamos en silencio. Atravesamos calles angostas y senderos empedrados flanqueados por impresionantes columnas jónicas con capiteles que remataban en estatuas de mármol de diversos tamaños. La perfección de los detalles era asombrosa. Sin embargo, noté que la gente nos miraba con suspicacia. A pesar de mi intento por pasar desapercibida, mis rasgos llamaban la atención y unos hombres que parecían guardias por la armadura y los cascos espartanos, se fijaron en mí con extrema curiosidad. Hipatía apresuró el paso y me hizo señas para que me adelantara con prisa.

Por fortuna, no tardamos en llegar a su casa: una sólida construcción de piedra, con columnas robustas y capiteles de sobrio estilo dórico. La luz del la tarde despedía destellos sobre las vetas de mármol. En la entrada nos recibieron varias personas que se inclinaron ante Hipatía y yo la seguí un poco intimidada. Ella intercambió unas palabras con quienes parecían ser sus sirvientes. Eran muchachos jóvenes, de piel color aceituna y ojos de mirada profunda, que me miraban con desconcierto. Uno de ellos, con unos ojos vivaces, me preguntó algo que no entendí. Hipatía respondió por mí.

Nos sentamos en una amplia sala donde pude apreciar ánforas de diversos tamaños que decoraban la estancia. Al fondo divisé una serie de objetos: un aparato que semejaba un telescopio erguido hacia el cielo con un tipo de lente rudimentario, y una serie de instrumentos musicales de cuerdas. Pude identificar liras y cítaras como las que había visto en el museo arqueológico de Atenas. La sala se abría hacia un magnífico jardín rodeado de fuentes naturales y estatuas de las deidades del panteón griego. Los sirvientes nos ofrecieron una diversidad de viandas, incluyendo carnes, frutas secas, dátiles, higos y aceitunas. Hipatía se lavó las manos en una jofaina que le ofreció una joven y se las secó con una tela de algodón antes de coger un trozo de carne y vegetales con la mano. Yo la imité torpe en mis movimientos; recordé que esta tradición no se alejaba mucho de la que practican en Marruecos o en Etiopía.

Volví a acomodar los auriculares y ella hizo lo mismo. Reanudé la conversación.

—Quisiera saber si hay obstáculos que se oponen al conocimiento.

—Sí, las hay —respondió—. Desde que han entrado en vigor las sectas cristianas, sus sacerdotes se resisten a la investigación de los astros y las matemáticas. En nuestra tradición griega los dioses son afines al conocimiento. No hay oposición sobre el funcionamiento de los astros y las estrellas, y la filosofía se abre hacia todas las ciencias.

—¿Y por qué se oponen las sectas cristianas? —inquirí.

—Los cristianos son una secta derivada de los judíos que siguen a un profeta llamado Jesús. —Me hablaba como ilustrándome sobre algo que se insinuaba como novedad—. Ellos profesan una filosofía idealista que se basa en la creencia de un solo dios, al igual que los judíos. Y ahí es donde empieza la confusión. El dios de los judíos es también el de los cristianos. Sin embargo, ellos también creen que el profeta Jesús es hijo de Dios. Los cristianos católicos han propuesto que haya tres dioses en uno solo, lo que llaman trinidad, pero muchos no están de acuerdo. Esto ha creado disidencia entre ellos mismos.

—Conozco algo de eso. Nunca se pondrán de acuerdo. ¿Qué pasa con los cristianos?

—Bueno… —se quedó pensando y me miró con aprehensión.

—¿Usted es cristiana?

La pregunta me tomó por sorpresa. Claro que soy cristiana y para colmo, católica, pensé, pero eso no se lo podía decir.

—No se preocupe. Yo no vengo de parte de nadie. Mi interés es por usted y sus ideas.

Un poco más confiada, me confesó:

—El obispo Cirilo ha prohibido que yo enseñe y que investigue. Me ha amenazado con despojarme de mis instrumentos y de mis códices. Yo le he tratado de explicar que no tengo ninguna animadversión con la figura de Cristo. La filosofía de Cristo es admirable. Él propone el amor como la base de su doctrina. Eso es maravilloso. El problema son sus seguidores, que tratan de imponer sus creencias a través del odio y la violencia.

Probó uno de los higos y continuó,

—El asunto es muy complejo. Son los personajes como el obispo Cirilo, el máximo jerarca de la Iglesia cristiana, los que intentan demoler y destruir la herencia de los griegos. ¿No se da cuenta de que nuestros dioses han sido inspiración para el dios de los cristianos? Las deidades se revelan en la belleza de la naturaleza, en la inteligencia de los cuerpos celestes, en la maravilla del arte y en la búsqueda de la verdad. La divinidad está presente en la conjunción de materia y espíritu.

—¿Y por qué se opone Cirilo?

—Todo empezó cuando algunos de mis alumnos expusieron sus teorías sobre los astros y la concepción de que el sol no es un astro fijo en el cielo (Ouranos).

Me llamó la atención el uso de esa palabra, que reconocí por el nombre del planeta Uranio, referida al universo o firmamento en el sentido más extenso, lo que se conoce como morada espiritual.

—Intentamos demostrar con cálculos matemáticos la unión armónica de tierra y cielo en los sentidos natural y espiritual —prosiguió Hipatía—. Estamos investigando con instrumentos las relaciones de los astros con la tierra. Se quedó pensando y pareció temerosa de lo que diría a continuación,

—Hay evidencias para presumir que el sol no es un ente estático, sino que tiene una órbita en forma de elipse, alrededor de la cual giran los planetas…, inclusive la tierra.

—Tiene mucho sentido —afirmé.

—¿Usted cree? —preguntó sorprendida.

—Claro que sí. Es la teoría heliocéntrica. Ha sido estudiada en muchos círculos de conocimiento. Recordé que Giacomo Bruno y Galileo fueron condenados por herejía siglos más tarde por exponer y probar estas mismas teorías.

—No lo sabía —replicó, y sus ojos irradiaron súbito interés—. Quisiera saber más.

Lamenté mi falta de atención a los asuntos astrales, porque no me sentía capacitada para explicarle en términos científicos los postulados del heliocentrismo que ella anhelaba conocer. Así que proseguí por el lado que me interesaba.

—¿Y por qué el obispo Cirilo se opone a estas teorías?

—Según la secta cristiana, su dios es el único creador de todas las cosas. Nadie puede oponerse a la certidumbre de que él creó el mundo en siete días, incluyendo los astros, el cielo, las estrellas, las montañas y los mares. La posibilidad de que se demuestre que la tierra no es el centro del universo se convierte en herejía. Los romanos cristianos se apoderaron de esa palabra hairetikós, que originalmente significa “elegir”, para condenar a los que no creen en los dogmas impuestos como “verdades establecidas”. Es decir, que yo me encuentro en una situación delicada porque no me suscribo a estas “verdades”.

—¿Qué piensa hacer? —No podía advertirle que debía huir, que saliera tan rápido como pudiera. El obispo Cirilo daría la orden de ejecutarla de la manera más atroz. ¿Cómo impedir lo que estaba segura de que iba a suceder? Las baterías empezaban a disminuir la carga y el sol descendía sobre el horizonte. Yo debía volver al barco antes del anochecer.

 
 En ese momento se oyeron ruidos. Uno de los sirvientes se asomó y le habló en susurro a Hipatía. Ella se alarmó y le dijo algo en respuesta. Traté de indagar qué ocurría, pero ella no dijo nada. Se apresuró a terminar de comer y me respondió con ansiedad contenida:

—Seguiré dictando mis clases. Desde que murió mi padre he tenido que arreglármelas sola. El prefecto Orestes me protege y creo que él no permitiría que me pase nada. Pero también sé que los cristianos son implacables. Quieren imponer sus creencias en forma violenta. Lo cual contradice su doctrina basada en el amor. Al menos, eso fue lo que predicó el profeta nazareno. Hace un tiempo atacaron con violencia el Sarapeo, rompieron las estatuas, destrozaron el templo y todos sus haberes. Yo alcancé a salvar algunos códices, pero temí por mi vida.

—¿La persiguen por ser mujer o por su conocimiento?

—Los griegos admiran la sabiduría en todas sus formas. Las diosas del panteón griego están dotadas de fuerza y de sabiduría. Las ninfas, las náyades, las musas, aún las furias y las Moîrai.

Identifiqué la palabra “Moira” que se atribuye a las parcas o hilanderas que trazan el destino de la vida. Hipatía continuó:

—Es cierto que en la vida diaria se les confina a las mujeres al hipogeo y al gineceo y a labores menores. En el caso de las nuevas creencias, el mandato es absoluto: las mujeres son las incitadoras a lo que ellos llaman “pecado”. Y se oponen a las leyes naturales del placer carnal. Algo con lo que no estoy de acuerdo.

—Pero usted no tiene marido ni hijos? ¿Por qué no conformó un hogar?

—Fue una decisión personal. Intento seguir las doctrinas que nos dejó Platón. Por eso he ofrecido mi vida a la búsqueda de conocimiento y de la verdad. Tampoco quiero estar ligada a un hombre que me controle o me someta a sus designios. Se puso de pie y afirmó con orgullo:

—Soy dueña de mi saber y de mis decisiones.

Me miró en un tono de solidaridad al decir estas palabras, y agregó,

—¿Usted me entiende?

—Claro que sí. La entiendo y comparto su posición.

De pronto extrajo un pergamino de una especie de cofre y me lo dio. Lo examiné con cuidado sin entender de qué se trataba. Entonces, me explicó:

Es un volumen que estoy escribiendo. Es un estudio sobre el sol y la duración del año. Me baso en la teoría de que los planetas giran alrededor del sol. También me refiero al descubrimiento de la precesión de los equinoccios.

Miré con atención los pergaminos. No comprendía los signos griegos, pero pude captar algo de los diagramas que dibujaban los astros y el sol en el centro de ellos. Entonces recordé que El Libro III del Almagesto contenía un texto de Hipatía. No todo estaba perdido. Era su obra más reconocida y en la que dejó su huella en la historia.

—Continúe escribiendo e investigando mientras pueda —le pedí, casi implorándole, con la certeza de que su tiempo se acababa.

Le devolví los pergaminos y ella se quedó mirándome con curiosidad.

—Dígame cómo es que ha llegado hasta aquí sola, en una travesía por el mar. No se le ve cansada ni desgastada. ¿Cómo se arriesga a un viaje en una tierra en donde no sabe ni la lengua ni las costumbres? ¿Por qué conoce sobre las leyes de los astros que tanto hemos estudiado?

Me salvó el regreso del sirviente, quien se acercó y le dijo algo al oído. Me di cuenta de que era hora de partir.

—¿Pasa algo? —me atreví a preguntar.

—Son los parabolanos, la guardia armada del obispo Cirilo. Han advertido su presencia. Quieren saber quién es y qué hace aquí. Pueden ser muy violentos. Es mejor que se marche.

—¿Cómo hago para regresar al puerto? Me espera el barco que zarpa esta noche.

—¿A dónde? ¿Cuál es su próxima parada?

—Por favor, ayúdeme a regresar al barco sin que lo adviertan los parabolanos.

Estas últimas palabras se oyeron recortadas. Las pilas se estaban agotando. Ella trató de responder, pero ya no la escuché.

En un último momento, me hizo señas para conservar los audífonos. Supongo que esa invención maravillosa significaba mucho. Con gestos le indiqué de que no serían de mucha utilidad porque la pila se había agotado y no había forma de recargarla. Ella pareció comprender y se mostró muy agradecida e ilusionada con esa novedad. Al quitarnos los audífonos no nos pudimos comunicar más.

—Adiós Hipatía —le hice un gesto de agradecimiento.

Ella se despojó de una especie de broche con la imagen en relieve de Platón. Me lo dio sin mediar palabra.

Lo tomé y le agradecí con un gesto y me marché de inmediato. Recorrí las vías de Alejandría hasta llegar a la plaza central. Allí se congregaban grupos de jóvenes y hombres que parloteaban en diferentes lenguas. No podía irme sin conocer la biblioteca de Alejandría. La busqué con la vista, pero temía extraviarme entre las sinuosas calles.

De pronto divisé a los guardias parabolanos que se giraron dispuestos a seguirme. Yo me cubrí el rostro y apresuré la marcha. Recordé las historias de estos hombres fanáticos, ignorantes y desalmados. Son los mismos en cualquier época: ciegos y violentos, seguidores de una causa que no entienden ni les importa, pero que les da una excusa para ejercer sus odios y mezquindades con sevicia. No podía aventurarme a correr la suerte de Hipatía. Noté que los pasos se acercaban y el sol se difuminaba tras las colinas. Había anochecido y me encontraba en un siglo donde no existía la electricidad ni las telecomunicaciones. Me invadió la desazón.

Gracias al faro de Alejandría que iluminaba desde la isla cercana al puerto, identifiqué el sitio de encuentro con la guía. Apresuré el paso, mientras me atropellaban los recuerdos del desenlace de Hipatía. Ella fue capturada por los parabolanos por mandato del Obispo Cirilo y condenada por herejía sin ningún juicio el 30 de marzo del año 415. La apresaron, torturaron y mataron de la manera más despiadada. Su cuerpo fue desmembrado para luego presentarlo como escarmiento de una mujer que se atrevió a contradecir el poder divino. El corazón me latía con intensidad. Si caía en manos de esos hombres, podría sufrir la misma suerte en una época y espacio que no eran los míos. Las luces del faro alumbraban el camino. Corrí hacia el muelle y en el proceso tomé el control y apreté el botón azul.